
Un corazón lleno de huellitas
Había una vez una niña llamada María, que todos los días iba muy feliz a la escuelita. Cada mañana su mamá y su papá la llevaban de la mano y, cuando terminaban las clases, siempre regresaban para recogerla. Al llegar a casa, María se sentía un poco sola porque no tenía con quién jugar. Sus papás, al verla triste, decidieron darle una hermosa sorpresa. Un día apareció una perrita muy especial. Tenía el pelaje completamente blanco, unos ojos azules que brillaban como el cielo y era tan grande que parecía una pequeña lobita. Como había llegado desde Baños, María decidió llamarla Baneña. Desde ese momento las dos se hicieron inseparables. Corrían por el jardín, jugaban con una pelota y descansaban bajo un árbol. A María le gustaba observar que Baneña era mucho más grande que su pelota favorita y que las flores del jardín tenían muchos colores diferentes. Poco a poco aprendía a reconocer tamaños y colores mientras compartía momentos felices con su mejor amiga. Pero una mañana sucedió algo muy triste. Baneña salió de casa y tuvo un accidente. Cuando María regresó de la escuela, sus papás le contaron lo que había pasado. La niña lloró mucho porque extrañaba a su querida compañera y siempre la recordaría con amor. Pasó el tiempo y, una noche, su papá llegó con una pequeña caja entre las manos. Al abrirla, María encontró un tierno gatito de color naranja que su sobrino le había regalado para alegrar su corazón. Ella sonrió y decidió ponerle el nombre de Menino. Menino era pequeño, curioso y muy travieso. Le encantaba correr por toda la casa, saltar de un lugar a otro y esconderse detrás de los muebles. Cada día iba creciendo un poquito más. Tiempo después llegó una nueva integrante a la familia. Era una gatita de color blanco, suave como una nube, y María la llamó Azenet. Ahora su hogar estaba lleno de alegría. Menino era de color naranja y Azenet era de color blanco. Al observarlos, María notaba que uno era un poco más grande y el otro un poco más pequeño. Cuando llegaba la hora de comer, colocaba dos platos en el piso y servía alimento para sus gatitos. Siempre procuraba que ninguno tuviera más que el otro, porque quería cuidarlos por igual. También guardaba sus juguetes con mucho orden. En una caja colocaba las pelotas redondas y en otra los pequeños ratoncitos de tela. Después los miraba con atención y se daba cuenta de que algunos eran grandes, otros medianos y otros pequeños. A veces Menino y Azenet salían a pasear y tardaban un poco en regresar. María se preocupaba y los buscaba con mucho cariño, hasta que los veía volver corriendo hacia ella. Entonces los abrazaba muy fuerte y se sentía feliz otra vez. Con el paso de los años comprendió que cada una de sus mascotas había dejado una huella especial en su corazón. Baneña le enseñó el valor del amor y los recuerdos, mientras que Menino y Azenet llenaron sus días de juegos, sonrisas y nuevas aventuras. Y así, entre colores, tamaños, formas, cantidades y mucho cariño, María descubrió que aprender también puede nacer de los momentos más sencillos y del amor que sentimos por quienes nos acompañan. "Las huellitas desaparecen del suelo, pero nunca del corazón." Fin.
작성자 SparklyTurtle36
