
Había una vez un pequeño ratoncito llamado Laureano. Laureano vivía en el bosque junto a su familia, pero a diferencia de los demás ratones, él era especial. Tenía un corazón lleno de amor y siempre buscaba la felicidad en todo lo que hacía. Un día, mientras jugaba con sus amigos en el prado, Laureano se encontró con una mariposa triste llamada Felicia. La mariposa tenía las alas rotas y no podía volar como las demás. Laureano se acercó a ella y le preguntó qué le había pasado. -"Me caí de una flor muy alta y ahora no puedo volar", respondió Felicia con voz apagada. Laureano sintió mucha pena por ella y decidió ayudarla. Buscó ramitas y hojas para hacerle un vendaje a las alas de la mariposa y cuidó de ella hasta que sanara por completo. Mientras tanto, los dos se hicieron grandes amigos. Un día, cuando Felicia ya estaba recuperada, decidieron explorar juntos el bosque. Durante su aventura, conocieron a Lucas, un conejito muy travieso que siempre andaba metiéndose en problemas. -"¡Hola!


