
Sonic se despertó esa mañana y algo estaba muy mal: no había ni un solo anillo dorado en toda Green Hill Zone. Los anillos eran la energía del mundo, y sin ellos las flores se marchitaban, los arroyos se detenían, y hasta la música de fondo se volvía triste y lenta. Sonic corrió a velocidad supersónica por cada rincón, pero los anillos habían desaparecido completamente. Solo quedaba un rastro: huellas enormes de botas con el logo de Eggman.
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