El Protector Glacial del Nido de Dragones
El Rey Dragón Salvajibestia protege el Nido de Dragones de Hielo Gigante de los Drago Cazadores de Dragones. Un joven dragón, Copito, aún en su huevo, usa su poder para fortalecer el aislante protector y salvar a su familia. Copito se convierte en el protector glacial del nido, asegurando su futuro.
En las cumbres más altas y frías, donde el viento aullaba melodías heladas y la nieve nunca se derretía, se encontraba el Nido de Dragones de Hielo Gigante. Era un lugar mágico, resguardado por una barrera de hielo tan gruesa y resplandeciente que parecía una joya colosal. Pero este no era un mero adorno; era el aislante protector, una defensa ancestral creada por el Rey Dragón Salvajibestia para proteger a sus crías de los peligros del mundo, especialmente de los Drago Cazadores de Dragones. El Rey Salvajibestia era una criatura imponente, con escamas azuladas que brillaban como zafiros bajo la luz de la luna. Su rugido hacía temblar las montañas y su aliento congelaba hasta la roca. Pero, en el fondo, era un padre dedicado, preocupado por la seguridad de sus huevos, de donde pronto emergerían sus pequeños dragones de hielo. Los Drago Cazadores de Dragones eran una raza de humanos astutos y despiadados. Liderados por el infame Drago Vil, un hombre con una armadura negra como la noche y una sed insaciable de poder, recorrían el mundo en busca de dragones para capturar y esclavizar. Sabían del Nido de Hielo, y Drago Vil, obsesionado con obtener el poder de los dragones de hielo, planeaba romper el aislante protector y saquearlo. Un pequeño dragón llamado Copito, aún dentro de su huevo, podía sentir la amenaza. Aunque no había nacido, su conexión con el Rey Salvajibestia era fuerte. Con cada día que pasaba, sentía el peligro que se acercaba. Copito no podía volar ni rugir, pero tenía un don especial: podía manipular el hielo con su mente. Un día, Drago Vil y sus cazadores llegaron al pie de la montaña. Con hachas y picos especiales, comenzaron a golpear el aislante protector. El hielo, aunque resistente, comenzó a resquebrajarse. El Rey Salvajibestia rugió con furia, descendiendo desde las alturas para enfrentarse a los invasores. La batalla fue feroz. El Rey Dragón escupía hielo y fuego, mientras que los cazadores lo atacaban con sus armas. Pero eran muchos, y poco a poco, el Rey Salvajibestia comenzaba a cansarse. Dentro del huevo, Copito sintió el dolor de su padre. Con todas sus fuerzas, concentró su mente en el aislante protector. Lentamente, el hielo comenzó a repararse. Las grietas se cerraban, y nuevas capas de hielo se formaban, reforzando la barrera. Los cazadores observaban con asombro cómo sus esfuerzos eran en vano. Drago Vil, enfurecido, ordenó a sus hombres que redoblaran sus esfuerzos. Pero la barrera se hacía más fuerte con cada segundo que pasaba. Copito, aunque exhausto, no se rendía. Sabía que la vida de su padre y de sus hermanos y hermanas dragones dependía de él. De repente, una ráfaga de viento helado sopló desde la cima de la montaña. Era el Rey Salvajibestia, que, viendo la determinación de su hijo, había reunido nuevas fuerzas. Con un rugido ensordecedor, lanzó un aliento de hielo tan poderoso que congeló a varios cazadores en el acto. El resto, aterrorizados, huyeron montaña abajo, dejando atrás a Drago Vil, quien, furioso y derrotado, juró venganza. Finalmente, el Rey Salvajibestia regresó al nido, exhausto pero victorioso. El aislante protector brillaba con más intensidad que nunca. Poco después, el cascarón de Copito comenzó a agrietarse. Con un pequeño golpe, el pequeño dragón de hielo salió de su huevo. Era pequeño y tembloroso, pero sus ojos brillaban con inteligencia y valentía. El Rey Salvajibestia se acercó a su hijo y lo lamió con cariño. Sabía que Copito era especial, que tenía un poder que podría proteger al Nido de Dragones de Hielo Gigante para siempre. Y así fue. Copito creció, aprendiendo a dominar su don y convirtiéndose en el protector glacial del nido, garantizando la seguridad de su familia y de las futuras generaciones de dragones de hielo. Drago Vil nunca se atrevió a regresar, sabiendo que el pequeño dragón de hielo era una fuerza a tener en cuenta. El Nido de Dragones de Hielo Gigante prosperó, resguardado por el amor de un padre y el poder de un hijo.
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