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Gratis · elegí una vozMiriam era una niña de seis años con un secreto… ¡amaba a Pusheen! No solo un poquito, ¡la amaba con todo su corazón! Tenía peluches de Pusheen de todos los tamaños: uno gigante que usaba como almohada, uno pequeño que siempre llevaba en su bolsillo, y uno que cantaba canciones graciosas. Su habitación estaba decorada con pósters de Pusheen comiendo pizza, durmiendo en una dona, y viajando por el mundo. Incluso su pijama era de Pusheen.
Un día, Miriam estaba jugando en su jardín con su colección de miniaturas de Pusheen. Tenía a Pusheen unicornio, Pusheen sirena, Pusheen dinosaurio, ¡incluso a Pusheen astronauta! De repente, escuchó un pequeño grito. Vino de detrás del rosal. Miriam, con mucho cuidado, se acercó. ¡Allí, entre las espinas, estaba un Pusheen de verdad! Era pequeño, mucho más pequeño que cualquiera de sus peluches, y temblaba de frío.
"¡Oh, pobrecito!" exclamó Miriam. Lo sacó con cuidado de entre las espinas. El pequeño Pusheen la miró con sus grandes ojos redondos, llenos de gratitud. "¿Cómo llegaste aquí? ¿Estás perdido?" le preguntó Miriam. El Pusheen maulló suavemente y se acurrucó en la palma de su mano.
Miriam llevó al pequeño Pusheen a su casa. Le dio un poco de leche tibia en un platito y le construyó una cama suave con una toalla vieja. El Pusheen comió y se acurrucó en la toalla, ronroneando suavemente. Miriam lo observó, maravillada. ¡Tener un Pusheen de verdad era un sueño hecho realidad!
Pero, ¿de dónde había venido? Miriam sabía que los Pusheens no vivían en los jardines de las casas. Decidió que tenía que ayudarlo a encontrar su camino de vuelta. Pensó y pensó. Recordó una historia que su abuela le había contado sobre un portal mágico que aparecía a veces en el bosque cercano, un portal que llevaba a lugares increíbles. ¿Podría ser que el pequeño Pusheen hubiera venido de ese portal?
Al día siguiente, Miriam, con el pequeño Pusheen escondido en su mochila, se adentró en el bosque. Siguió un sendero lleno de hojas crujientes, cantando canciones de Pusheen para animarse. Después de un rato, llegó a un claro donde el sol brillaba con fuerza. Y allí, ¡lo vio! Un remolino brillante de colores danzaba en el aire, como si fuera una puerta a otro mundo. ¡Era el portal mágico!
Miriam dudó por un momento. ¿Debería entrar? ¿Qué pasaría si se perdía? Pero luego miró al pequeño Pusheen, que la miraba con sus ojos brillantes, como animándola. Tomó una decisión. ¡Entraría!
Tomó una respiración profunda y caminó hacia el portal. En el momento en que lo cruzó, sintió un cosquilleo por todo el cuerpo. Cuando abrió los ojos, se encontró en un lugar completamente diferente. ¡Era un mundo hecho de algodón de azúcar y nubes esponjosas! Los árboles estaban hechos de caramelos y los ríos eran de chocolate caliente. ¡Era el paraíso de Pusheen!
En ese momento, vio a otros Pusheens, de todos los colores y tamaños, jugando y riendo. El pequeño Pusheen saltó de su mochila y corrió hacia ellos, maullando felizmente. Uno de los Pusheens más grandes, con una corona de flores en la cabeza, se acercó a Miriam.
"Bienvenida al mundo de Pusheen," dijo la Pusheen con una voz suave y melodiosa. "Este pequeño se escapó por accidente. Te estamos muy agradecidos por traerlo de vuelta."
Miriam se sintió muy feliz de haber ayudado. "Fue un placer," dijo. "Amo a Pusheen más que a nada en el mundo."
La Pusheen reina sonrió. "Sabemos eso. Por eso te hemos concedido un deseo."
Miriam pensó por un momento. Podría pedir cualquier cosa: una montaña de helado, un castillo de chocolate, ¡incluso un unicornio de verdad! Pero luego miró a los Pusheens jugando y riendo, y supo lo que quería.
"Deseo poder visitar el mundo de Pusheen siempre que quiera," dijo Miriam.
La Pusheen reina asintió. "Tu deseo ha sido concedido. Ahora, debes regresar a tu mundo. Pero recuerda, siempre serás bienvenida aquí."
Miriam se despidió de los Pusheens y regresó al portal. Cuando lo cruzó, se encontró de nuevo en el claro del bosque. El portal había desaparecido. Pero Miriam sabía que podía regresar al mundo de Pusheen siempre que lo deseara.
Regresó a su casa, sintiéndose más feliz que nunca. Sabía que su amor por Pusheen la había llevado a una aventura increíble, y que siempre tendría un lugar especial en el corazón de los Pusheens. Desde ese día, Miriam siguió amando a Pusheen con aún más fuerza, sabiendo que en algún lugar, en un mundo hecho de algodón de azúcar y caramelos, sus amigos Pusheen la estaban esperando para otra aventura pusheenástica. Y a veces, cuando miraba al cielo, juraba ver una pequeña nube con forma de Pusheen sonriéndole.
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