
Había una vez un grupo de niños llamados Martín, Sofía y Lucas que vivían en un pequeño pueblo rodeado de hermosos jardines. Un día, mientras paseaban por el parque, descubrieron un sendero oculto detrás de unos arbustos. Intrigados, decidieron aventurarse y seguir el sendero hasta llegar a un jardín mágico. Era un lugar maravilloso lleno de plantas y flores brillantes. Pero lo más sorprendente era que cada planta representaba una emoción diferente. El niño llamado Martín se acercó a la primera planta y vio una flor muy triste. "¿Por qué estás tan triste? ", preguntó Martín con curiosidad. La planta respondió con voz suave: "-Estoy triste porque nadie me riega ni cuida". Martín se sintió compasivo y rápidamente agarró la regadera cercana para regarla. A medida que el agua tocaba las raíces de la planta, esta comenzó a levantarse y sus hojas adquirieron un tono más vibrante. Sofía se acercó a otra planta que parecía estar llena de ira.


