
En el pueblo de Cañas Dulces, el aire siempre olía a azúcar y flores silvestres. Allí vivía Mateo, un niño muy curioso que siempre vestía una camiseta amarilla y pantalones cortos azules. Su mejor amigo era Rayo, un perrito café muy juguetón con una mancha blanca en su pata. Juntos pasaban las tardes mirando hacia el gran volcán que tocaba las nubes con su cima de fuego. Los abuelos contaban que en lo más alto vivía una mujer muy hermosa en un palacio de piedra. Decían que ella usaba aretes de oro puro que brillaban como el sol y collares de perlas blancas rescatadas de la tierra. A veces, el volcán soltaba un humo espeso y gris que olía muy fuerte. Era el humo del gran puro que la señora fumaba mientras descansaba en su balcón. Mateo quería saber si todas esas historias eran reales o solo cuentos de viejos. Un día, tomó su mochila, llamó a Rayo y decidió que era hora de explorar el misterioso cerro. —¡Vamos, Rayo, hoy descubriremos el secreto de la montaña! —exclamó Mateo con valentía mientras empezaban a subir.
Hoofdstuk 2: wat gebeurt er hierna?
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