
El pastor era un hombre muy especial y extremadamente alegre que siempre llevaba una túnica de colores brillantes. Tenía un sombrero de paja gigante que siempre se le caía sobre los ojos cuando corría por el campo. Jesús era su mejor amigo y compañero de aventuras, y siempre lo ayudaba con todo lo que necesitaba. Jesús tenía una mirada llena de amor y una paciencia infinita para todos los seres vivos, especialmente para los más pequeños. El pastor cuidaba con mucho esmero a cien ovejas muy blancas, redondas y extremadamente gorditas. Él conocía el nombre de cada una de ellas perfectamente, incluso los nombres más raros y difíciles de pronunciar. Sabía cuál oveja prefería comer el pasto que tenía un ligero sabor a miel silvestre por las mañanas. También sabía perfectamente cuál oveja usaba las nubes del cielo como almohadas suaves para dormir sus siestas. Cada mañana, el pastor intentaba cantar canciones muy fuertes para despertar a todo su gran grupo de amigas. Pero la verdad es que cantaba tan mal que las ovejas se tapaban las orejas con sus patitas de lana. "¡Beee, por favor, deja de cantar!", parecían decir todas las ovejas mientras se reían a carcajadas. Jesús solo sonreía con ternura y le daba un gran abrazo reconfortante al buen pastor después de su concierto. El pastor era muy atento y nunca olvidaba darles agua fresca y cristalina de la fuente de la montaña. Las ovejas eran sus mejores amigas en todo el mundo y él las amaba con todo su corazón. Todo era pura felicidad, saltos locos y mucha lana suave en aquel hermoso campo verde. El pastor contaba chistes graciosos a las ovejas cada tarde calurosa bajo la sombra de un gran roble. Aunque las ovejas no entendían las palabras, movían la cola muy felices de estar allí con él. Era el equipo más divertido y unido de toda la enorme y hermosa montaña soleada.
Hoofdstuk 2: wat gebeurt er hierna?
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