El Viento Mensajero de las Islas

A partir de: Edgardo Esteban Islas Malvinas, Cuerpo Argentino, 28 de mayo de 1982 Querida familia, Espero que cuando llegue la misma se encuentren todos bien. Estoy con un poco de frío pero de salud muy bien. Ya comienza a asomarse el invierno y los días se hacen más cortos. El frío que cada momento se siente más, es duro. No he recibido ninguna encomienda pero es lo que menos me interesa, y quizás no me haga falta porque lo más importante es que estoy recibiendo sus telegramas y sus cartas, entre las cuales están la de Marcela, la tuya, la del Rulo, la del Polaco y amigos como Daniel y Gustavo. Decile a mamá que me siga escribiendo que es lo que más necesito en estos momentos. Estar cerca de ustedes aunque sea por este medio. Anoche como casi siempre los barcos ingleses nos bombardearon y tiraron al grupo dos proyectiles que cayeron cerca, muy cerca. Pero la Virgen, que nos protege, hizo que no hubiera ninguna novedad con todos los soldados. Sé que están preocupados, pero yo estoy bien. Duermo en un pozo de zorro con los tenientes, mis compañeros y pusimos un tanque de nafta vacío e hicimos una chimenea que nos da bastante calor. Las noticias no son muy claras en este lugar. Y sólo pedimos a Dios que solucione pronto este triunfo en Puerto Argentino. Sé que volveré a casa y también que va a ser distinto todo, ya que aquí defendiendo a mi Patria aprendí a 114 quererlos, a valorarlos de una forma muy especial. El tiempo se los irá demostrando. Mamá te necesito mucho y sé que vos también pero entendí que la Patria me necesita tanto o más que vos. Tengo que ayudarla también. Para vos tendré mucho tiempo que no pienso desaprovechar. Te quiero, los quiero mucho a todos. Por favor escriban y a todos mándenles saludos. Decile a Marcela que escriba. Que le he mandado cartas y que le volveré a escribir pronto. Que la extraño, que la quiero de verdad, que tenga cuidado y que se cuide. Nunca me olvido de ella y sé que ella tampoco se olvida de mí. A Rulo, que nunca esperé una carta de un amigo como la que me escribió y que esperé durante tanto tiempo y que no lo podía encontrar. Le voy a escribir a ese hermano que también es mi amigo. Saludos a todos, a los chicos que no dejen de escribir. Cuando pueda le contestaré a Daniel, a Marcela. Y gracias por enviarme sobres y papel que tanta falta me hacían. Bueno, quiero mandarles besos a todos, a los abuelos, a Héctor, al tío Laco, a Adriana, a Silvia y a vos mamá en particular. No te preocupes, que estos ingleses nos van a dejar pronto y me van a permitir ir a tomar mate con vos, con un poco de suerte para mi cumpleaños. Bueno, mamá, un beso grande de este soldado que está defendiendo lo que quiere y le parece justo, su Patria, nuestra Patria. No dejes de escribirme y gracias por la estampita que me hizo muy bien. Chau, esperame con mate que pronto voy a ir a tomarlo y si es posible con facturas. Otro beso de tu soldado. Edgardo Los quiero mucho. Escriban. Viva la Patria.”

Mateo descubre cartas de un soldado argentino que luchó en las Islas Malvinas. A través de las cartas, Mateo aprende sobre el amor a la familia y la patria, y decide escribir una carta al soldado, manteniendo viva su memoria. La historia destaca la importancia de recordar y valorar las historias de valentía y sacrificio.

Había una vez, en una ciudad lejana, un niño llamado Mateo que amaba las historias. Su abuela, Elena, siempre tenía una para contar, especialmente aquellas que hablaban de valentía y de lugares lejanos. Un día, Mateo encontró una vieja caja en el ático. Adentro, había cartas amarillentas, sellos con nombres extraños y una fotografía de un joven soldado. "Abuela, ¿quién es él?", preguntó Mateo, con los ojos llenos de curiosidad. Elena sonrió tristemente. "Él es Edgardo, un joven que luchó en las Islas Malvinas hace mucho tiempo. Era un amigo de la familia". Mateo miró la foto con atención. El joven soldado parecía tener la misma edad que su hermano mayor. "¿Y qué pasó con él?" "Él escribía cartas a su familia", respondió Elena, sacando una de las cartas de la caja. "Quiero leerte una". Elena comenzó a leer: "Edgardo Esteban Islas Malvinas, Cuerpo Argentino, 28 de mayo de 1982. Querida familia, espero que cuando llegue la misma se encuentren todos bien. Estoy con un poco de frío pero de salud muy bien. Ya comienza a asomarse el invierno y los días se hacen más cortos. El frío que cada momento se siente más, es duro. No he recibido ninguna encomienda pero es lo que menos me interesa, y quizás no me haga falta porque lo más importante es que estoy recibiendo sus telegramas y sus cartas, entre las cuales están la de Marcela, la tuya, la del Rulo, la del Polaco y amigos como Daniel y Gustavo. Decile a mamá que me siga escribiendo que es lo que más necesito en estos momentos. Estar cerca de ustedes aunque sea por este medio. Anoche como casi siempre los barcos ingleses nos bombardearon y tiraron al grupo dos proyectiles que cayeron cerca, muy cerca. Pero la Virgen, que nos protege, hizo que no hubiera ninguna novedad con todos los soldados. Sé que están preocupados, pero yo estoy bien. Duermo en un pozo de zorro con los tenientes, mis compañeros y pusimos un tanque de nafta vacío e hicimos una chimenea que nos da bastante calor. Las noticias no son muy claras en este lugar. Y sólo pedimos a Dios que solucione pronto este triunfo en Puerto Argentino. Sé que volveré a casa y también que va a ser distinto todo, ya que aquí defendiendo a mi Patria aprendí a 114 quererlos, a valorarlos de una forma muy especial. El tiempo se los irá demostrando. Mamá te necesito mucho y sé que vos también pero entendí que la Patria me necesita tanto o más que vos. Tengo que ayudarla también. Para vos tendré mucho tiempo que no pienso desaprovechar. Te quiero, los quiero mucho a todos. Por favor escriban y a todos mándenles saludos. Decile a Marcela que escriba. Que le he mandado cartas y que le volveré a escribir pronto. Que la extraño, que la quiero de verdad, que tenga cuidado y que se cuide. Nunca me olvido de ella y sé que ella tampoco se olvida de mí. A Rulo, que nunca esperé una carta de un amigo como la que me escribió y que esperé durante tanto tiempo y que no lo podía encontrar. Le voy a escribir a ese hermano que también es mi amigo. Saludos a todos, a los chicos que no dejen de escribir. Cuando pueda le contestaré a Daniel, a Marcela. Y gracias por enviarme sobres y papel que tanta falta me hacían. Bueno, quiero mandarles besos a todos, a los abuelos, a Héctor, al tío Laco, a Adriana, a Silvia y a vos mamá en particular. No te preocupes, que estos ingleses nos van a dejar pronto y me van a permitir ir a tomar mate con vos, con un poco de suerte para mi cumpleaños. Bueno, mamá, un beso grande de este soldado que está defendiendo lo que quiere y le parece justo, su Patria, nuestra Patria. No dejes de escribirme y gracias por la estampita que me hizo muy bien. Chau, esperame con mate que pronto voy a ir a tomarlo y si es posible con facturas. Otro beso de tu soldado. Edgardo Los quiero mucho. Escriban. Viva la Patria”. Mientras Elena leía, Mateo imaginaba a Edgardo en las frías islas, extrañando a su familia y a su amada Marcela. Imaginaba el pozo de zorro donde dormía y la chimenea que les daba calor. "Abuela, ¿volvió Edgardo a casa?", preguntó Mateo con un nudo en la garganta. Elena suspiró. "No, Mateo. Edgardo no volvió. Pero sus palabras, su amor por su familia y su patria, siguen vivos en estas cartas". Mateo tuvo una idea. "Abuela, ¿podemos escribirle una carta a Edgardo? Aunque no pueda leerla, podemos contarle que lo recordamos y que apreciamos su valentía". Elena sonrió y asintió. Juntos, escribieron una carta llena de cariño y gratitud. La doblaron con cuidado y la colocaron junto a las otras cartas en la caja. "Abuela, ¿crees que el viento llevará nuestra carta hasta las Islas Malvinas?", preguntó Mateo. Elena lo abrazó. "Quizás no físicamente, Mateo, pero el viento lleva los recuerdos y las historias. Y la historia de Edgardo siempre vivirá en nuestros corazones". Desde ese día, Mateo entendió que las historias no solo eran cuentos, sino también pedazos de la vida de personas reales, llenas de amor, valentía y esperanza. Y cada vez que soplaba el viento, Mateo pensaba en Edgardo, el joven soldado que amaba su patria y a su familia, y en cómo sus palabras seguían viajando a través del tiempo y el espacio, como un mensajero incansable de las Islas Malvinas.

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Publicado el 14/04/2026

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