El Árbol que quería caminar
Varmes

El Árbol que quería caminar

Hace muchos, muchos años, en un bosque muy verde y ruidoso, vivía el Viejo Roble. El Viejo Roble era hermoso, pero tenía una carita un poco... ¿cómo ven su carita? (Haz cara triste y pon los hombros caídos. Los niños imitarán la cara triste). Sí, estaba triste. El Roble miraba a los animales correr y pensaba: "¡Qué aburrido es estar pegado al suelo! Yo quiero correr, saltar y conocer el mundo". ​Intentaba moverse con todas sus fuerzas... ¡A ver, intentemos movernos como el árbol! (Planta los pies firmes en el suelo, sin moverlos, y mueve solo el torso, los brazos y la cabeza de un lado a otro con fuerza, haciendo sonido de esfuerzo: "¡Ufff, mmmff!"). Pero nada... sus raíces estaban muy flojas o muy enterradas. ​De repente, escuchó un ruido entre las ramas... ¡Toc, toc, toc, toc! ¡Era el Pájaro Carpintero! (Saca la paleta del pájaro carpintero y pon un dedo en tu nariz imitando un pico). El Pájaro le preguntó: "¿Por qué estás triste, amigo Roble?". Y el árbol dijo: "Porque quiero caminar". El pájaro sonrió y le dijo: "¡Pero si tú tienes alas verdes! Mira tus ramas"... ​¡Todos a mover las ramas como el Pájaro Carpintero! (Mueve los brazos abiertos como si fueran alas gigantes de árbol y da vueltas en tu puesto. Los niños vuelan en su propio sitio). El árbol se divirtió, pero cuando el pájaro se fue, volvió a mirar al suelo. ​(Saca la paleta del Jaguar con cara de misterio) ​De repente... por el suelo, en absoluto silencio, llegó el señor Jaguar. Caminaba muy despacio... (Pónte en cuatro patas o agáchate mucho y camina en cámara lenta con garras. Pídeles en voz baja: "¡Caminen como el jaguar sin hacer ni un ruido!"). El Jaguar rugió suavemente: "¿Qué te pasa, Viejo Roble?". Y el árbol repitió: "Quiero correr como tú". El Jaguar le dijo: "Tú no necesitas correr, Roble. Tus hojas me dan la sombra más fresca para mis siestas". Y el Jaguar se durmió... (Haz como si durmieras, roncando exageradamente: "¡Zzzz!" Los niños imitan el ronquido). ​¡Pero el árbol seguía terco! Una tarde, empezó a soplar un viento muy, muy fuerte. (Empieza a soplar suave: "Fuuu...", y luego más fuerte. Mueve tus brazos de lado a lado. Los niños soplan y se balancean). El cielo se puso gris y llegó... ¡LA LLUVIA! ​(Empieza a dar golpecitos con un solo dedo en la palma de tu mano libre: clac, clac. Luego con dos dedos, luego con tres, hasta que aplaudas fuerte simulando una tormenta. Los niños seguirán el ritmo de tus dedos haciendo sonar la lluvia). ​Con la lluvia, la tierra alrededor del árbol se volvió suavecita, blandita como el lodo. El Roble cerró los ojos, tomó mucho aire... (Toma aire profundo por la nariz inflando el pecho y sosténlo)... y con todas sus fuerzas vivas hizo: ¡¡¡CHIC-CHAC!!! ​(En este momento, agáchate rápido y despega con ruido fuerte las raíces de velcro del cartel del árbol. Levántalas en el aire). ​¡El Viejo Roble había soltado sus raíces! ¡Podía moverse! El árbol, emocionado, dio su primer paso... (Da un paso exagerado levantando mucho la rodilla, como si caminaras sobre lodo pegajoso)... luego dio otro paso... ¡y empezó a saltar de la felicidad! (Empieza a saltar en un pie, luego en el otro, invitando a los niños a saltar por el salón). Caminó por el bosque, vio el río, saludó a las montañas... ¡estaba cumpliendo su sueño! ​Pero después de unas horas de tanto saltar y correr, el sol empezó a calentar muchísimo. (Pásate la mano por la frente simulando sudor y respira agitado). El calor era fuerte. El Roble miró hacia abajo y vio a sus amigas las hormigas corriendo asustadas buscando sombra. Miró al Jaguar, que estaba bajo el sol, mareado por el calor. Miró a los pajaritos, que no tenían dónde poner sus nidos porque el único árbol del bosque... ¡estaba de paseo! ​El Viejo Roble se detuvo. Miró sus raíces y comprendió algo muy importante. Miró a los niños y les dijo: "Mi súper poder no es caminar... ¡Mi súper poder es proteger!". ​Así que regresó corriendo a su lugar de siempre... (Corre en el puesto rápidamente)... acomodó sus patitas en la tierra húmeda... (Pon los pies firmes y haz el sonido de clavarte en el suelo: "¡Pum!"), extendió sus ramas lo más grande que pudo para dar la sombra más hermosa del mundo... (Abre los brazos gigantescos hacia el cielo y sonríe)... y desde ese día, el Viejo Roble nunca más estuvo triste, porque supo que era el Guardián de la Vida en el bosque. ​Y colorín colorado, ¡este cuento activo se ha terminado! (Todos se sientan en el suelo de un salto y dan un fuerte aplauso).

av CuriousOwl39

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