
El hombre de las 5 de la mañana
Rubén Pérez Velásquez nació en el barrio Santo Domingo, 1ª Sur y 8ª Poniente. Tenía 79 años cuando contaba su vida, pero en su memoria seguía levantándose puntual a las 5 de la mañana. Desde los 14 años, su vida fue el campo. Junto con su papá sembraba la tierra, componía corrales y macheteaba potreros. No había descanso entre semana; solo los domingos se permitía parar un poco. En la mañana iba a la escuela primaria Federal Enrique Serbdan, y en la tarde, directo al surco. A los 18 años se casó. El día era para el campo, y la noche, para la costura. Fue sastre, y así mantuvo a su familia. Pero Rubén no solo tenía manos para la tierra y la aguja. A los 20 años descubrió el basquetbol. Con el equipo del barrio Santo Domingo corrió, sudó y triunfó. Fueron campeones locales y obtuvieron el tercer lugar en dos ocasiones en las olimpiadas municipales. Tenían entrenador, y eso, decía Rubén, lo hacía todo distinto. La gente de otras colonias lo conocía por su empeño. Jugó hasta los 77 años. El cuerpo le dijo basta, pero el orgullo no. Cintalapa, en esos años, era muy distinta. Parecía una ranchería grande: las casas quedaban lejos una de otra, las calles estaban llenas de monte, y por ellas andaban libres cerdos, burros y chivos. Hasta se veía un animalito rojo y pequeño al que llamaban "arador". Pero a pesar de todo, la gente era honrada. Se podía caminar a medianoche, con la oscuridad encima, sin sentir miedo. Hoy, Rubén ya no se atreve a hacerlo. La economía era baja. Apenas ganaban cuatro pesos. Para alcanzar, criaba cerdos y gallinas; los vendía, y de ahí sacaba para el gasto diario. Iban al tianguis, a los changarros y, sobre todo, a la tienda "El Poblano", junto al parque Santo Domingo. La vida se hacía en el metate, en el molino de manivela, en la plancha de brasa. Con los años llegaron las tortillerías, el molino de nixtamal y la plancha eléctrica. Rubén compró su primera licuadora y su primera máquina de coser. El mundo se hizo eléctrico. A veces, Rubén se sentía pesado, con sueño. Trabajaba todo el día y dormía poco, pero se acostumbró. México cambiaba, y en su casa también. Había pocas oportunidades de estudio —solo hasta la secundaria— y la vida era austera. Pero se fueron adaptando a todo, a pesar de las dificultades. Cuando le preguntaban qué le diría a los jóvenes de hoy, Rubén no dudaba: —Que hagan deporte. Es lo más sano. Y que se alejen de los malos hábitos. Él lo vivió así: campesino, sastre, jugador. Hombre de trabajo, de madrugada, de palabra honrada. Y aunque Cintalapa ya no parece ranchería y los burros ya no cruzan la calle, Rubén sigue recordando. Porque la vida, decía, se guarda en los recuerdos de los que no se rinden.
av MagicalPanda84
karakterer
Rubén Perez Velasquez
HovedpersonHombre · Trabajador y le gustaba el campo
Viejo
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