
En la escuela, la maestra planteó un problema muy difícil: el puente de madera del patio se había roto y los niños no podían cruzar al jardín de juegos. «¿Quién tiene una idea?», preguntó la maestra. Sofía levantó la mano tímidamente y dijo: «Yo puedo ayudar». Esa tarde, sacó su lápiz dorado y dibujó un dragón enorme y amigable que pudiera cargar a los niños sobre el arroyo. Las líneas brillaron y el dragón de papel cobró vida, sacudiendo sus alas con un crujido de hojas.
— 1 / 3 —
1 / 3

