Benicio y el Misterio de Mon Blau
Benicio, un niño que trabajaba alegremente en Mon Blau, repentinamente comienza a portarse mal, frustrando a Soraya y Paula. Aunque se le promete un juego como recompensa por buen comportamiento, sus acciones le impiden obtenerlo. Finalmente, Benicio aprende que portarse mal tiene consecuencias negativas y que ser bueno trae felicidad y la oportunidad de jugar.
Benicio era un niño nuevo en Mon Blau. Estaba muy emocionado de trabajar con Soraya y Paula. Mon Blau era un lugar mágico, lleno de colores brillantes y juguetes increíbles. Al principio, Benicio era un sol. Ayudaba a Soraya y Paula a ordenar los juguetes, a limpiar las mesas y a recibir a los otros niños con una sonrisa. Soraya y Paula estaban encantadas. "¡Benicio es el mejor ayudante!" decía Paula, mientras le daba una palmadita en la espalda. "Es verdad," contestaba Soraya, "es muy responsable y siempre está dispuesto a ayudar." Benicio se sentía orgulloso. Sabía que estaba haciendo un buen trabajo. Y lo mejor de todo era que, si se portaba bien y ayudaba, al final del día podía elegir el juego que quisiera para jugar con Soraya y Paula. ¡Era el premio perfecto! Pero un día, algo cambió. Benicio empezó a portarse mal. No quería recoger los juguetes, respondía a Soraya y Paula con malas caras y se escondía cuando le pedían que hiciera algo. Soraya y Paula no entendían qué le pasaba. "Benicio, ¿estás bien?" le preguntó Soraya, preocupada. Benicio se encogió de hombros y no dijo nada. Paula intentó animarlo. "Benicio, si nos ayudas y te portas bien, podrás elegir el juego que quieras al final del día." Pero a Benicio no le importaba. Seguía portándose mal. No quería trabajar y tampoco quería contarles a Soraya y Paula por qué estaba tan enfadado. El premio, el juego al final del día, ya no le motivaba. Soraya y Paula estaban muy enfadadas. No sabían qué hacer. El comportamiento de Benicio estaba afectando a todos en Mon Blau. Los otros niños se sentían incómodos y el ambiente era tenso. Un día, Soraya tuvo que salir de Mon Blau por un rato. Le dijo a Paula que estaría de vuelta pronto, pero Benicio se puso muy nervioso. Empezó a dar vueltas por la sala, mordiéndose las uñas y mirando a la puerta. Se sentía solo y asustado. No sabía por qué, pero la ausencia de Soraya le afectaba mucho. Cuando Soraya regresó, Benicio corrió a abrazarla. "¡Soraya! ¡Tenía miedo!" gritó, con los ojos llenos de lágrimas. Soraya lo abrazó fuerte. "Ya estoy aquí, Benicio. ¿Qué te pasa?" Benicio no supo qué responder. Se sentía avergonzado de su comportamiento. Pero al rato, volvió a portarse mal. Empezó a tirar juguetes al suelo y a gritar. Paula intentó calmarlo, pero no lo consiguió. "Benicio, ¡basta ya!" exclamó Paula, con el ceño fruncido. "Si sigues portándote así, no podrás jugar al juego que quieras al final del día." Benicio se cruzó de brazos y miró al suelo. No le importaba. O eso quería aparentar. En realidad, se sentía muy triste. Sabía que se estaba portando mal, pero no podía evitarlo. Era como si una fuerza invisible lo controlara. Al final del día, todos los niños jugaron a un juego divertido. Todos, excepto Benicio. Él tuvo que sentarse en una silla, solo, mientras los demás se divertían. Se sintió muy mal. Se dio cuenta de que portarse mal tenía consecuencias negativas. No solo hacía que Soraya y Paula se enfadaran, sino que también le impedía jugar y divertirse con sus amigos. Benicio aprendió una lección importante ese día. Se dio cuenta de que era mejor portarse bien, ayudar a los demás y contar sus problemas. Así, no solo haría felices a Soraya y Paula, sino que también se sentiría mejor consigo mismo y podría disfrutar de los juegos y la alegría de Mon Blau. Al día siguiente, Benicio se levantó con una nueva determinación. Iba a portarse bien y a ayudar a Soraya y Paula. Y esta vez, lo conseguiría. Fue a Mon Blau y se disculpó con Soraya y Paula, prometiéndoles que iba a esforzarse por ser un buen ayudante. Soraya y Paula lo perdonaron y le dieron una segunda oportunidad. Y Benicio, esta vez, no las defraudó. Se portó bien, ayudó en todo lo que pudo y, al final del día, pudo jugar al juego que quería con sus amigos. Fue el mejor día en Mon Blau desde que llegó. Benicio entendió que las buenas acciones siempre traen buenas recompensas.
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