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Gratis · elegí una vozEn el soleado Jardín de Infancia "Las Mariposas", la Profe Ari tenía el corazón un poquito triste. Era hora de decir adiós a sus pequeños exploradores de 3 años. ¡Pero no un adiós definitivo! Era más como un "hasta luego" lleno de flores de colores y canciones alegres.
Ari amaba a cada uno de sus niños y niñas: Valentín, el constructor de torres altísimas; Ivanna, la artista de los crayones brillantes; Loay, el cuentacuentos de historias inventadas; Anás, el rey de los rompecabezas; Ayana, la bailarina de las cintas de colores; Danna, la experta en animales de peluche; Lara, la cantante de canciones de cuna; Paola, la creadora de castillos de arena perfectos; Keila, la buscadora de tesoros en el patio; Keylan, el piloto de aviones de papel; Amy, la protectora de las plantas del jardín; Eipril, la amiga de todos los insectos; Israel, el coleccionista de hojas brillantes; Ian, el descubridor de charcos mágicos; Lucas, el maestro de las marionetas; Valeria, la inventora de juegos divertidos; Hillary, la contadora de chistes graciosos; y Chloe, la repartidora de abrazos calentitos.
"Mis pequeños tesoros," dijo Ari con una sonrisa que brillaba como el sol. "Quiero agradecerles por llenar mi corazón de alegría durante todo este tiempo. Cada uno de ustedes es especial y único, como una estrella en el cielo nocturno."
Para celebrar su tiempo juntos, Ari había preparado una sorpresa: ¡un Jardín de Recuerdos! En un rincón del aula, había colocado una gran maceta llena de tierra. "Cada uno de ustedes," explicó Ari, "va a plantar una semilla de una flor especial. Esta flor crecerá y florecerá, recordándonos siempre los momentos felices que compartimos."
Valentín plantó una semilla de girasol, para que siempre recordaran construir cosas grandes y brillantes. Ivanna eligió una semilla de amapola, para recordar que siempre debían llenar el mundo de color. Loay plantó una semilla de margarita, para que nunca olvidaran contar historias maravillosas. Anás sembró una semilla de pensamiento, para que siempre pensaran en los demás. Ayana plantó una semilla de petunia, para que siempre bailaran con alegría. Danna escogió una semilla de caléndula, para que siempre cuidaran de los demás. Lara plantó una semilla de lavanda, para que siempre cantaran canciones suaves. Paola sembró una semilla de clavel, para que siempre construyeran cosas hermosas. Keila plantó una semilla de nomeolvides, para que nunca se olvidaran de ella ni de los amigos. Keylan plantó una semilla de cosmos, para que siempre soñaran con volar alto. Amy plantó una semilla de hierbabuena, para que siempre cuidaran de la naturaleza. Eipril plantó una semilla de salvia, para que siempre amaran a los animales. Israel plantó una semilla de helecho, para que siempre encontraran belleza en las cosas pequeñas. Ian plantó una semilla de lirio, para que siempre exploraran el mundo. Lucas plantó una semilla de dedalera, para que siempre crearan espectáculos mágicos. Valeria plantó una semilla de aliso, para que siempre inventaran juegos divertidos. Hillary plantó una semilla de zinnia, para que siempre compartieran risas y alegría. Chloe plantó una semilla de rosa, para que siempre repartieran amor y amistad.
Cada niño y niña, con mucho cuidado, plantó su semilla. Ari les ayudó a regarlas con agua y les explicó que debían cuidarlas para que crecieran fuertes y sanas.
"Cuando estas flores florezcan," dijo Ari, "recordarán este Jardín de Infancia, a sus amigos y a su Profe Ari. Y aunque yo no esté aquí, mi corazón siempre estará con ustedes."
Después de plantar las semillas, Ari les regaló a cada uno un pequeño saquito lleno de confeti de colores. "Cuando sientan un poquito de tristeza por mi partida," les dijo, "lancen este confeti al aire y recuerden todos los momentos felices que vivimos juntos. ¡Verán cómo la tristeza se va volando como una mariposa!"
Los niños y niñas abrazaron a Ari con fuerza, llenándola de besos y promesas de visitarla. Sabían que la Profe Ari siempre estaría en sus corazones, como una flor que florece en primavera. Y aunque la Profe Ari se iba a otro jardín, su Jardín de Recuerdos seguiría creciendo, lleno de flores de colores y risas alegres, para siempre recordar a Valentín, Ivanna, Loay, Anás, Ayana, Danna, Lara, Paola, Keila, Keylan, Amy, Eipril, Israel, Ian, Lucas, Valeria, Hillary y Chloe, los niños y niñas más maravillosos del mundo.
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