
Había una vez un pequeño monstruo llamado Emilio que vivía en un rincón oscuro del bosque. Emilio era diferente a los demás monstruos, ya que tenía la capacidad de ver y sentir las emociones de las personas. Un día, mientras paseaba por el bosque, Emilio escuchó risas y voces provenientes de una pequeña casa. Se acercó sigilosamente y vio a una familia feliz compartiendo momentos especiales juntos. Pero también pudo ver algo más: dentro de la casa había un niño llamado Mateo que se sentía muy triste. Emilio decidió acercarse a Mateo para ayudarlo con su tristeza. Se presentó ante él como "El Monstruo de las Emociones" y le dijo:- Hola, Mateo. Veo que estás triste ¿Puedo ayudarte? Mateo se sorprendió al ver al monstruo, pero decidió darle una oportunidad. Le contó a Emilio sobre sus problemas en el colegio y cómo eso lo hacía sentir mal consigo mismo.

