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✦ Audiocuentos para niños ✦

¡El Pastorcito Pedrito y el Lobo Invisible! — leído en voz alta

Leído por Dalia (México) · 5:08 · 721 palabras · 2 reproducciones

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¡El Pastorcito Pedrito y el Lobo Invisible!

Pedrito era un pastorcito que vivía en una colina verde y soleada, rodeada de ovejas blancas y esponjosas. Le encantaba pasar sus días cuidando del rebaño, pero a veces... ¡se aburría muchísimo! La hierba era verde, el cielo azul, las ovejas... pues, ovejas. Todo era siempre igual. Un día, a Pedrito se le ocurrió una idea "brillante", como él la llamó.

"¡Voy a gastar una broma!", pensó, con una sonrisa traviesa. Bajó corriendo de la colina hacia el pueblo, gritando a todo pulmón: "¡El lobo! ¡El lobo! ¡Un lobo está atacando a las ovejas!".

Los aldeanos, al oír los gritos desesperados de Pedrito, salieron corriendo de sus casas con palos y piedras. Estaban muy asustados por sus ovejas. Querían ayudar a Pedrito. Pero cuando llegaron a la colina, no vieron ni rastro del lobo. Las ovejas pastaban tranquilamente, ajenas a todo el alboroto.

"¿Dónde está el lobo, Pedrito?", preguntó el panadero, con el ceño fruncido.

Pedrito, riendo a carcajadas, respondió: "¡Era una broma! ¡No hay ningún lobo!".

Los aldeanos se enfadaron mucho. No les gustó nada la broma de Pedrito. Regresaron al pueblo, murmurando y negando con la cabeza. Pedrito, por su parte, se sentía muy orgulloso de su "ingeniosa" broma.

Al día siguiente, Pedrito volvió a aburrirse. La hierba seguía verde, el cielo seguía azul y las ovejas seguían siendo... ovejas. Así que, ni corto ni perezoso, repitió la broma. Corrió al pueblo gritando: "¡El lobo! ¡El lobo! ¡Está devorando a las ovejas!".

Los aldeanos, aunque un poco más desconfiados, volvieron a correr a la colina para ayudar a Pedrito. Pero, una vez más, no encontraron ningún lobo. Las ovejas estaban tranquilas, comiendo hierba.

"Pedrito, ¿otra vez nos estás engañando?", preguntó la frutera, con los brazos en jarra.

Pedrito, sin mostrar ni una pizca de arrepentimiento, se echó a reír de nuevo. "¡Era otra broma! ¡Sois muy crédulos!", dijo.

Esta vez, los aldeanos se enfadaron muchísimo. Le dijeron a Pedrito que no volviera a molestarlos con falsas alarmas. Le advirtieron que nadie le creería si alguna vez decía la verdad.

Unos días después, mientras Pedrito cuidaba de las ovejas, un lobo de verdad apareció. Era grande, gris y con unos dientes afilados como cuchillos. El lobo comenzó a atacar a las ovejas, asustándolas y mordiéndolas.

Pedrito, aterrorizado, corrió hacia el pueblo gritando: "¡El lobo! ¡El lobo! ¡De verdad hay un lobo!".

Pero esta vez, nadie le creyó. Los aldeanos pensaron que era otra de sus bromas. "¡No vamos a caer en tu trampa otra vez, Pedrito!", gritaron desde las ventanas. "¡Vete a jugar a otra parte!".

Pedrito, desesperado, intentó convencerlos de que decía la verdad, pero fue inútil. Nadie le escuchaba. Nadie le creía. Tuvo que volver corriendo a la colina para intentar salvar a las ovejas él solo.

Cuando llegó a la colina, el lobo ya había matado a varias ovejas y estaba a punto de atacar a las demás. Pedrito, con valentía, cogió su cayado y se enfrentó al lobo. No era muy fuerte, pero gritaba y movía el cayado con todas sus fuerzas, intentando asustar al lobo.

Al final, el ruido y la insistencia de Pedrito asustaron al lobo, que huyó corriendo hacia el bosque. Pedrito, cansado y triste, se sentó junto a las ovejas que habían muerto, sintiendo un gran remordimiento.

Los aldeanos, al ver que Pedrito no regresaba y al escuchar los balidos angustiados de las ovejas, empezaron a sospechar que algo no iba bien. Fueron a la colina y encontraron a Pedrito llorando junto a las ovejas muertas.

Al ver al lobo huir a lo lejos, comprendieron que Pedrito había dicho la verdad. Se sintieron muy mal por no haberle creído.

"Lo sentimos mucho, Pedrito", dijo el panadero. "No te creímos porque nos habías mentido antes."

Pedrito, entre lágrimas, respondió: "Lo sé. He aprendido una lección muy importante. Nunca más mentiré, ni siquiera por broma. La mentira tiene consecuencias terribles."

Los aldeanos ayudaron a Pedrito a cuidar de las ovejas restantes y a construir un nuevo redil más seguro. A partir de ese día, Pedrito se convirtió en un pastorcito honesto y responsable. Aprendió que la verdad es siempre el mejor camino, y que la confianza, una vez perdida, es muy difícil de recuperar. Y nunca más volvió a gritar "¡Lobo!" a menos que realmente hubiera uno.

El mismo cuento con otras voces