¡Arco, el Violinista Valiente!

A partir de: Origen y primeros años Arcangelo Corelli nació el 17 de febrero de 1653 en la aldea de Fusignano, entonces parte del Estado Pontificio, quinto hijo de Arcangelo Corelli y Santa Raffini. Su padre murió poco más de un mes antes de su nacimiento. Las biografías antiguas han construido genealogías ilustres para su familia que se remontan al romano Coriolano (Gneo Marcio Coriolano) y los poderosos patricios venecianos Correr, pero carecen de fundamento. Sin embargo, están documentados en Fusignano desde 1506, donde ingresaron al patriciado rural, adquiriendo riquezas y considerable extensión de tierras. Su familia era turbulenta y orgullosa, y durante mucho tiempo disputó con los Calcagni la investidura del feudo de Fusignano, que el otro poseía, sin obtenerla.[1]​ La tradición dice que su vocación musical se reveló muy temprano, cuando escuchó a un sacerdote violinista, pero la idea de seguir la música como profesión no estaba en los planes de la familia. Los Corelli ya habían producido varios juristas, matemáticos e incluso poetas, pero ningún músico.[16]​ Este arte era cultivado por las élites de su época más como un hobby y placer para los aficionados y señalaba una educación y un gusto refinados, pero los profesionales pertenecían a las clases bajas y no gozaban de gran prestigio social. De esta manera su madre viuda le permitió recibir los rudimentos del arte, con maestros de cuyos nombres no recuerda, siempre que no abandonara la educación formal propia de un aristócrata, que comenzó a recibir en Lugo y luego a Faenza.[1]​ Período boloñés A los trece años se encuentra en Bolonia, donde definió su vocación, decidiendo dedicarse por completo a la música. No se sabe qué aprendió en Lugo y Faenza, pero según el testimonio del docto Padre Martini, hasta ese momento sus conocimientos de música eran mediocres.[1]​ En Bolonia entró en contacto con maestros famosos, entre ellos Giovanni Benvenuti y Leonardo Brugnoli, y quizás también Giovanni Battista Bassani,[16]​ y su predilección por el violín comenzó a manifestarse. Su progreso en el estudio del instrumento fue tan rápido que solo cuatro años más tarde, en 1670, fue admitido en la prestigiosa Academia Filarmónica de Bolonia, una de las más selectas de Italia, aunque su patricio origen podría haber tenido alguna influencia en la elección. No se sabe hasta qué punto la elección de los profesores fue intencionada o simplemente producto de las circunstancias, pero a juzgar por un comentario de 1679, parecían ser los mejores profesores disponibles en la ciudad, no habiendo otros que pudieran ofrecer un mejor nivel. En cualquier caso, sus profesores le acercaron a una nueva corriente que ponía mayor énfasis en la brillantez interpretativa, en detrimento de las tradiciones de la antigua escuela contrapuntística, en la que los instrumentos tenían un peso más o menos similar en los conjuntos. De hecho, en su madurez Corelli sería uno de los grandes defensores del rápido ascenso del violín como instrumento solista y capaz de mostrar el virtuosismo de los intérpretes. El estilo que se consolidó en esta primera fase muestra una particular influencia de Brugnoli, cuya capacidad interpretativa fue definida por Martini como original y maravillosa, siendo también excelente en la improvisación.[1]​ Solo una sonata para trompeta, dos violines y bajo continuo, y una sonata para violín y bajo, que se publicaron solo años después, pueden atribuirse al período boloñés.[1]​ Consciente de su precaria formación contrapuntística, llegó a Roma para perfeccionar sus estudios de composición de la mano de Matteo Simonelli, conocido el "Palestrina del siglo XVII". Es posible que haya llegado allí ya en 1671, pero su presencia solo está documentada a partir de 1675 en adelante.[1]​ Hay poca información sobre su vida durante este período de tiempo. Un viaje a París, donde supuestamente entró en contacto con el famoso Lully, despertando su envidia, ahora se considera parte de la anécdota que se ha formado en torno a su figura a raíz de su fama.[16]​ Las biografías más antiguas también se refieren a viajes a Múnich, Heidelberg, Ansbach, Düsseldorf y Hannover, aunque descartados por la historiografía moderna como improbables.[1]​ Roma: madurez y consagración Simonelli fue un clasicista y experto contrapuntista y ejerció una importante influencia en su madurez como compositor y en el desarrollo del estilo compositivo que le haría famoso,[17]​ que se apartó del virtuosismo simple heredado de la escuela boloñesa, mostrando un notable equilibrio entre instrumentos, brillantez y una distribución más equitativa de roles entre las voces de la orquesta, que se habría revelado magistralmente en sus doce concerti grossi.[1]​[13]​ La primera documentación de su presencia en Roma es del 31 de marzo de 1675, que lo atestigua entre los violinistas en la interpretación de un grupo de oratiorio en la Iglesia de San Juan de los Florentinos, incluido el San Giovanni Battista de Alessandro Stradella. El 25 de agosto fue incluido en la lista de artistas para las celebraciones de la fiesta de San Luigi que tuvieron lugar en la iglesia de San Luis de los Franceses, en presencia de la nobleza y el cuerpo diplomático. Entre 1676 y 1678 está documentado como segundo violín en la misma Iglesia. El 6 de enero de 1678 fue primer violín y director de la orquesta que presentó la ópera Dovè amore è pieta, de Bernardo Pasquini, en la inauguración del Teatro Capranica. Esta actuación representó su consagración en el mundo musical romano. Se convirtió en primer violín de la Orquesta de San Luigi y en 1679 entró al servicio de la ex reina Cristina de Suecia, que se había instalado en Roma.[1]​[18]​[19]​ En 1680 completó y presentó públicamente su primera colección organizada de obras, impresa en 1681: Sonate à tre, doi Violini, e Violone, o Arcileuto, col Basso per lOrgano, que dedicó a Cristina de Suecia. En esta colección, su estilo inmediatamente dio signos de madurez. En los años siguientes aparecerá una serie de obras relativamente pequeña pero regular. En 1685 salió a la luz su Segunda Obra, compuesta por doce sonatas de cámara, en 1689 la colección de doce Sonatas da iglesia, en 1694 otra serie de doce sonatas de cámara, en 1700 sus doce sonatas para violín y bajo, que culminaron en 1714 con su Opera Sesta, la serie de doce concerti grossi, publicada póstumamente.[1]​[18]​ Durante este período su prestigio creció, llegando a ser conocido internacionalmente como director, compositor y virtuoso del violín, y sus obras fueron reimpresas en muchas ciudades europeas ante la admiración común. De agosto de 1682 a 1709 fue siempre director de la orquesta de San Luigi. En 1684 abandonó la corte de Cristina, por motivos económicos, y se puso al servicio del cardenal Benedetto Pamphili, quien en 1687 lo nombró su profesor de música y sería su amigo y gran mecenas. En el mismo año fue contado entre los miembros de la prestigiosa Congregación de los Virtuosos de Santa Cecilia en el Panteón. Por esta época comenzó a dar lecciones privadas, particularmente a Matteo Fornari, quien también sería un fiel secretario y ayudante por el resto de su vida.[1]​[18]​ En 1687 organizó un gran concierto en honor del rey Jaime II de Inglaterra con motivo de la embajada enviada al Inocencio XI, dirigiendo una orquesta de 150 músicos. Gracias a la intervención de Pamphili, Corelli se convirtió en director de música en la corte del cardenal Pietro Ottoboni, sobrino del Papa Alejandro VIII. Ottoboni fue una persona de gran influencia en el mundo católico y se dedicó a un intenso mecenazgo, y en cuyo palacio fue a vivir el propio Corelli. Su amistad se extenderá a la familia Corelli, acogiendo en su corte a los hermanos Ippolito, Domenico y Giacinto. Allí el compositor habría tenido total libertad de acción, sin la presión que otros músicos sufrían por parte de sus poderosos maestros.[1]​[13]​ Al margen de la opulencia de estas cortes, su vida personal fue modesta y discreta, permitiéndose solo el lujo de adquirir una colección de pinturas. La vida romana de Corelli transcurrió entre una sucesión de éxitos artísticos y personales, disputados por diversas cortes y siendo considerado el más grande músico de su tiempo. Para coronar su carrera, en 1706 fue admitido en la Academia de Arcadia, el más alto honor para un artista de la época, donde adoptó el nombre simbólico de Arcomelo Erimanteo.[19]​ Pamphili regresó de Bolonia entre 1704 y 1705, solicitando varias actuaciones al músico, y a partir de ese momento también comenzó a dirigir la orquesta de la Academia de Artes del Dibujo.[1]​ Sin embargo, su vida no estuvo exenta de fracasos y amarguras. Su Opera Seconda recibió duras críticas del boloñés Matteo Zanni por supuestos errores de contrapunto. El autor escribió una defensa indignada que dio lugar a una controversia epistolar que duró meses.[17]​ También sigue siendo famoso un episodio ocurrido durante un viaje a Nápoles, donde aparentemente fue llamado por el rey, deseoso de escucharlo. Cuenta la tradición que la visita estuvo llena de desgracias. En primer lugar, el compositor consideró insatisfactoria la interpretación de sus obras por parte de la orquesta local. Posteriormente, cuando presentó ante la corte el adagio de una de sus sonatas, el soberano lo encontró aburrido y abandonó la interpretación a mitad de la interpretación, lo que provocó la mortificación del músico. Finalmente, durante la interpretación de una obra de Alessandro Scarlatti, en la que participó como violinista solista, supuestamente cometió varios errores. De nuevo según una tradición quizás espuria, durante la representación de una ópera de Händel, durante la estancia de este último en Roma, su interpretación no agradó al autor, quien supuestamente tomó el violín de su mano y le mostró cómo debía ser interpretado.[1]​ Últimos años En 1708, en una carta al elector del Palatinado, afirmó que ya no gozaba de buena salud.[17]​ En él también declaraba que ya estaba ocupado preparando su última colección de obras, los concerti grossi, que sin embargo no habría tenido tiempo de ver publicados. En 1710 dejó de aparecer en público, siendo sustituido por su discípulo Fornari en la dirección de la orquesta de San Luigi. Hasta 1712 residió en el palacio de la Cancillería, y a finales de ese año, tal vez prefigurando su fin, se trasladó al Palazzetto Ermini, donde vivió con su hermano Giacinto y su hijo.[1]​ El 5 de enero de 1713 redactó su testamento, que incluía un patrimonio relativamente modesto, formado por sus violines y partituras y una pensión,[1]​ en el que, sin embargo, destacaba la gran colección de pinturas que coleccionó a lo largo de su vida, con alrededor de 140 piezas.[17]​ Murió la noche del 8 de enero, sin que se conozca la causa de su muerte. Aún no había cumplido los sesenta.[1]​ Lo hizo enterrar en el Panteón, privilegio nunca concedido a un músico, y durante muchos años se celebró solemnemente el aniversario de su muerte. El legado musical que dejó Corelli influyó en toda una generación de compositores, entre ellos Antonio Vivaldi, Georg Friedrich Händel, Johann Sebastian Bach y François Couperin, así como muchos otros, incluidos italianos, como el piamontés Giovanni Battista Somis, por quien posteriormente pasaron los modelos corellianos a Gaetano Pugnani y Giovanni Battista Viotti.[16]​[1]​[20]​[21]​ Vida personal Corelli nunca se casó y se desconoce si alguna vez tuvo alguna relación romántica.[1]​ Recientemente se ha especulado que pudo haber sido amante de su discípulo Matteo Fornari, con quien vivió en los palacios de sus mecenas y a quien legó todos sus violines, pero no hay pruebas que sustenten esta tesis. Su personalidad era generalmente descrita como tímida, ordenada, austera, servicial y tranquila, imagen de invariable serenidad y dulzura, que solía cambiar en momentos de trabajo, mostrándose en situaciones tales como enérgico, exigente y decidido.[17]​[1]​ Handel, que entró en contacto con él en Roma, escribió sobre Corelli: «Sus dos características dominantes eran su admiración por las pinturas, que se dice que siempre recibe como regalo, y un extremo ahorro. Su guardarropa no era extenso. Generalmente vestía con ropa negra, vestía una capa oscura, siempre andaba a pie y protestaba enérgicamente si alguien quería obligarlo a tomar un carruaje».[22]​ Fuentes de la época afirman que cuando emprende la ejecución de pasos solistas de violín su figura se «transmuta, se contorsiona, sus ojos se tiñen de rojo y se giran en sus órbitas como si estuviera en agonía».[15]​ traducir nombres y apellidos al español

Arcangelo "Arco" Corelli, born in a small village, discovered his passion for the violin despite his familys preference for other professions. He persevered through rigorous training, became a celebrated composer and violinist in Rome, and left a lasting legacy on classical music, influencing generations of musicians.

En la aldea de Fusignano, hace mucho, mucho tiempo, nació un niño llamado Arcangelo Corelli. ¡Pero todos le decían Arco, para abreviar! Su papá, también llamado Arcangelo, ya no estaba con él, pero Arco tenía una mamá muy cariñosa, Santa, y muchos hermanos y hermanas. La familia de Arco era importante en Fusignano. Tenían tierras y eran conocidos por ser un poco… ¡tercos! Siempre estaban discutiendo con otras familias. Pero Arco no era como ellos. A Arco le gustaba la música. Un día, escuchó a un sacerdote tocar el violín. ¡Fue como magia! Arco supo en ese instante que quería tocar el violín. Pero su familia no estaba muy contenta con la idea. Los Corelli eran abogados, matemáticos y poetas, ¡pero no músicos! En esos tiempos, tocar música era más un pasatiempo para los ricos. Los músicos profesionales no eran muy respetados. Pero la mamá de Arco era lista. Le dijo que podía aprender a tocar el violín, ¡siempre y cuando estudiara otras cosas también! Así que Arco fue a la escuela en Lugo y Faenza. Cuando Arco tenía trece años, se fue a Bolonia. ¡Allí decidió que iba a ser músico, y nada lo detendría! Al principio, no era muy bueno, según un señor muy sabio llamado Padre Martini. Pero Arco era muy trabajador. Estudió con los mejores maestros: Giovanni Benvenuti, Leonardo Brugnoli y quizás incluso Giovanni Battista Bassani. ¡Y le encantaba el violín! Arco aprendió tan rápido que, en solo cuatro años, ¡lo aceptaron en la Academia Filarmónica de Bolonia! Era un lugar muy famoso y difícil de entrar. Tal vez su familia rica ayudó un poco, ¡pero Arco era muy talentoso! Sus maestros le enseñaron a tocar de una manera nueva, con mucha energía y emoción. Le daban mucha importancia al violín como instrumento principal. Arco se hizo muy bueno improvisando, como su maestro Brugnoli. De esa época solo se conocen un par de canciones que Arco escribió, pero él quería aprender más. Así que se fue a Roma para estudiar composición con Matteo Simonelli. Simonelli era un experto en música antigua, como un “Palestrina del siglo XVII”. Arco aprendió mucho de él. Algunos dicen que Arco viajó a París y otros lugares, ¡pero nadie está seguro! Lo que sí sabemos es que Simonelli ayudó a Arco a convertirse en un gran compositor. Aprendió a equilibrar los instrumentos en sus canciones y a hacer que todos tuvieran un papel importante. En Roma, Arco tocó el violín en iglesias y teatros. ¡Era tan bueno que pronto se hizo famoso! Tocó para la reina Cristina de Suecia y se convirtió en el primer violín de la Orquesta de San Luigi. En 1681, publicó su primer libro de canciones, ¡y fue un éxito! A partir de ahí, escribió muchas canciones más, cada una mejor que la anterior. Arco se hizo famoso en toda Europa. ¡Todos querían escucharlo tocar! Fue director de la orquesta de San Luigi durante muchos años. También trabajó para el cardenal Benedetto Pamphili, quien lo ayudó mucho. Arco incluso se unió a un club muy importante llamado la Congregación de los Virtuosos de Santa Cecilia. Arco daba clases a otros violinistas, como a un chico llamado Matteo Fornari, que se convirtió en su amigo. En una ocasión, dirigió una orquesta de 150 músicos para el rey Jaime II de Inglaterra. ¡Era un gran honor! Después, trabajó para el cardenal Pietro Ottoboni, que era muy rico e influyente. Arco vivió en el palacio de Ottoboni y tuvo total libertad para componer música. A pesar de ser famoso y trabajar para gente rica, Arco vivía de manera sencilla. Le gustaba coleccionar pinturas. Todos lo querían y lo consideraban el mejor músico de su tiempo. En 1706, lo aceptaron en la Academia de Arcadia, ¡el premio más grande para un artista! Pero no todo fue fácil para Arco. Un músico llamado Matteo Zanni criticó sus canciones. Y una vez, cuando fue a Nápoles a tocar para el rey, ¡las cosas no salieron muy bien! Al rey no le gustó su música, y Arco cometió algunos errores. También se dice que el famoso compositor Händel lo corrigió mientras tocaba el violín. A Arco no le gustaba sentirse mal, pero nunca se rendía. En sus últimos años, Arco se enfermó. Pero siguió trabajando en su última colección de canciones, los “concerti grossi”. No pudo verlas publicadas antes de morir. En 1713, Arco murió en Roma. ¡Pero su música sigue viva hoy en día! Lo enterraron en un lugar muy especial, el Panteón, ¡algo que nunca le habían concedido a un músico! Arco nunca se casó, pero tuvo muchos amigos y alumnos. Era un hombre tímido y tranquilo, pero también muy trabajador y apasionado por la música. Handel dijo que a Arco le encantaban las pinturas y que era muy ahorrativo. Y cuando tocaba el violín, ¡se transformaba! Sus ojos se ponían rojos y se movían como si estuviera sufriendo, ¡pero era pura pasión! Gracias a Arco Corelli, el violín se convirtió en uno de los instrumentos más importantes del mundo.

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Publicado el 14/04/2026

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