Máximo y el Elefante Educado de Natales
En la ventosa ciudad de Natales, Máximo se hace amigo de un elefante que hacía mucho ruido en la panadería. Máximo le enseña a decir por favor y gracias. Trompitas y Máximo se hacen grandes amigos y demuestran que la amistad no tiene límites.
En la ciudad de Natales, donde siempre sopla el viento, vivía un niño llamado Máximo. A Máximo le encantaba jugar con las hojas que volaban y construir castillos de viento con su imaginación. Un día, mientras caminaba hacia la plaza, escuchó un ruido muy fuerte: ¡Pum, pum, pum! Máximo, curioso como era, siguió el sonido. Lo llevó hasta la panadería del Señor Pérez, un lugar famoso por sus crujientes panes amasados y deliciosas empanadas. Al asomarse a la ventana, ¡no podía creer lo que veía! Un elefante enorme, con una trompa larguísima y orejas que parecían velas de barco, estaba parado frente al mostrador. Hacía ¡Pum, pum, pum! con sus patas, sacudiendo todo el local. El Señor Pérez, con su bigote temblando, intentaba calmar al gigante. "¡Pero bueno! ¡Qué escándalo!" exclamó Máximo, entrando a la panadería. El elefante, al verlo, dejó de hacer ruido y lo miró con sus grandes ojos marrones. "¿Qué haces aquí, grandulón?" le preguntó Máximo sin miedo. El elefante movió su trompa de un lado a otro y señaló un pan con glaseado que estaba en el mostrador. "Ah, ya veo. Quieres pan, ¿verdad?" dijo Máximo. El elefante asintió con la cabeza, moviendo sus enormes orejas. "Pero no puedes simplemente hacer ¡pum, pum, pum! para conseguir lo que quieres. Tienes que pedirlo por favor". Máximo se acercó al elefante y le dijo: "Repite conmigo: Por favor". El elefante intentó imitarlo, pero lo único que salió de su trompa fue un sonido extraño: "¡Pruuuur!" Máximo se rió. "¡Casi! Inténtalo de nuevo. Por favor". Después de varios intentos, el elefante logró pronunciar la palabra, aunque sonaba más como "¡Pooor Favooor!" Pero el esfuerzo valió la pena. El Señor Pérez, sorprendido por la escena, le dio al elefante el pan con glaseado. El elefante lo tomó con su trompa y se lo comió de un bocado. Luego, Máximo le enseñó otra palabra importante: "Gracias". De nuevo, el elefante tuvo dificultades, pero con la ayuda de Máximo, logró decir "Graaaacias!" con una trompa llena de migas de pan. El Señor Pérez, con una gran sonrisa, le dijo a Máximo: "¡Qué bien le has enseñado! Este elefante nunca había sido tan educado". Desde ese día, el elefante, al que Máximo llamó Trompitas, se convirtió en el mejor amigo de Máximo. Todos los días, Trompitas visitaba a Máximo en la plaza. Jugaban a las escondidas entre los árboles, compartían helados (Trompitas siempre pedía el sabor a plátano) y leían cuentos juntos. Trompitas aprendió muchas palabras nuevas gracias a Máximo. Aprendió a decir "hola", "adiós", "me gusta" y "por favor, ¿me puedes dar un abrazo?". Y Máximo aprendió mucho de Trompitas también. Aprendió que la amistad puede surgir en los lugares más inesperados y que incluso los elefantes más grandes necesitan un poco de ayuda para aprender buenas maneras. Un día, un circo llegó a Natales. Los dueños del circo vieron a Trompitas y quisieron llevárselo para que fuera parte de su espectáculo. Ofrecieron mucho dinero al Señor Pérez, pensando que él era el dueño del elefante. El Señor Pérez, que era un hombre muy honesto, les dijo: "Trompitas no es mío. Es amigo de Máximo. Tienen que hablar con él". Los dueños del circo buscaron a Máximo y le ofrecieron un trato. Le dijeron que Trompitas sería una estrella y que tendría todo el plátano que quisiera. Máximo se puso muy triste. No quería que Trompitas se fuera. Pero también sabía que a Trompitas le gustaba mucho el plátano y que quizás le gustaría ser una estrella. Máximo habló con Trompitas. Le explicó lo que querían los dueños del circo. Trompitas escuchó atentamente, moviendo sus orejas de un lado a otro. Después de pensarlo un poco, Trompitas movió su trompa y abrazó a Máximo con suavidad. Luego, negó con la cabeza. No quería ser una estrella. Quería quedarse en Natales con su amigo Máximo. Máximo se sintió muy aliviado. Les dijo a los dueños del circo que Trompitas no quería irse. Los dueños del circo se fueron decepcionados, pero Máximo y Trompitas estaban más felices que nunca. Desde ese día, su amistad se hizo aún más fuerte. Sabían que se tenían el uno al otro y que eso era lo más importante. Y en la ciudad de Natales, donde siempre sopla el viento, un niño y un elefante seguían jugando y aprendiendo juntos, demostrando que la amistad no tiene límites ni tamaños. El Señor Pérez, por su parte, siempre guardaba un pan con glaseado extra para Trompitas, quien siempre entraba a la panadería diciendo: "¡Pooor Favooor, Graaaacias!" con una sonrisa enorme en su trompa.
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