
Mario estaba enfermo. Un resfriado terrible que lo dejó en cama con fiebre y la nariz más roja que su gorra. El problema era que la Princesa Peach necesitaba ayuda: un castillo abandonado estaba emitiendo una energía oscura que asustaba a los Toads del pueblo vecino. «Yo iré», dijo Luigi con la voz temblándole. Todos lo miraron sorprendidos, porque Luigi era el hermano que le tenía miedo hasta a su propia sombra.
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