
En una casita muy cálida y llena de luz, vivía una pequeña gatita llamada Emma. Ella era una gatita blanca y muy esponjosa, con un pelaje que se sentía tan suave como un copito de algodón recién caído del cielo. Pero lo que más llamaba la atención de todos eran sus ojos grandes y brillantes. Emma tenía un ojo de color ámbar, dorado como el sol de la tarde, y el otro de color celeste, clarito como el cielo de la mañana. Se pasaba las horas sentada junto a la ventana, observando cómo las hojas de los árboles bailaban con el viento. Aunque Emma vivía en un mundo lleno de silencio, su mirada era tan profunda que parecía entender todos los secretos del jardín. Ella era una gatita especial que enseñaba a todos que ser diferente es algo maravilloso y único.
Capítulo 2: o que acontece depois?
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