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Gratis · elegí una vozBeatriz era una abejita muy especial. Vivía en un panal que colgaba de la rama de un viejo roble, un **cilindro** gigante y rugoso, en medio de un prado lleno de flores de todos los colores. Pero últimamente, Beatriz no estaba feliz. Su zumbido, antes alegre y juguetón, se había convertido en un suave lamento.
"¿Qué te pasa, Beatriz?", le preguntaba su mamá, la Reina Abeja, con su voz dulce como la miel. La Reina Abeja era muy sabia, y su corona brillaba como un pequeño **hexágono** de oro.
Beatriz suspiraba. "Mami, veo que las flores se están marchitando. Ya no hay tantos **círculos** de colores para visitar. Los humanos… ya no cuidan nuestro hogar".
Era verdad. Beatriz observaba, con sus grandes ojos facetados, cómo el prado, antes exuberante, se llenaba de basura y cómo los árboles, que antes ofrecían sombra y refugio, eran talados. Veía cómo los charcos, pequeños **óvalos** brillantes donde bebía agua, se secaban por la contaminación.
Un día, volando sobre un campo que antes estaba lleno de amapolas rojas, Beatriz solo encontró tierra seca y grietas con forma de **triángulos** irregulares. Se posó en una lata de refresco abandonada y sintió una profunda tristeza. Sus antenas, antes siempre curiosas, ahora colgaban sin vida.
"¡Ya no puedo más!", exclamó, y una lágrima, pequeña como una gota de rocío, rodó por su mejilla. Decidió volar hacia el pueblo, en busca de respuestas. Tal vez, pensó, alguien podría ayudarla.
Voló y voló hasta llegar a una escuela. A través de la ventana, vio a un grupo de niños dibujando. Algunos trazaban **cuadrados** perfectos, otros pintaban **rectángulos** coloridos. Beatriz sintió una chispa de esperanza.
Entró tímidamente por la ventana y se posó en el pupitre de una niña llamada Sofía. Sofía, al ver a la abejita, se sorprendió, pero no sintió miedo. Sabía que las abejas son importantes.
"Hola", le susurró Sofía. "¿Estás bien? Pareces triste".
Beatriz, con la ayuda de sus antenas, le transmitió a Sofía su preocupación. Le contó cómo el prado se estaba muriendo, cómo las flores desaparecían y cómo los humanos no parecían darse cuenta del daño que estaban causando.
Sofía escuchó atentamente, con el corazón apesadumbrado. "¡Es horrible!", exclamó. "Tenemos que hacer algo".
Sofía le contó a sus amigos lo que le había dicho Beatriz. Al principio, algunos no le creyeron, pero al ver la tristeza en los ojos de la abejita, comprendieron que era verdad.
"Tenemos que ayudar a Beatriz", dijo un niño llamado Mateo. "Debemos salvar el prado".
Entre todos, idearon un plan. Primero, decidieron limpiar el prado. Recogieron toda la basura: latas, botellas de plástico, papeles… ¡La cantidad de basura era impresionante! Pero no se rindieron.
Luego, con la ayuda de sus padres y maestros, plantaron nuevas flores. Sembraron semillas de amapolas, margaritas, girasoles… ¡El prado se llenó de colores otra vez! También construyeron pequeños bebederos para las abejas, usando platos hondos con piedritas para que pudieran posarse y beber sin peligro.
Beatriz, observando desde una rama, sintió que su corazón volvía a latir con alegría. Vio cómo los niños trabajaban con entusiasmo, cómo cuidaban las flores y cómo se preocupaban por el medio ambiente.
Con el tiempo, el prado recuperó su belleza. Las flores florecieron, los árboles volvieron a dar sombra y los charcos se llenaron de agua cristalina. Las abejas volvieron a zumbar alegremente, recolectando néctar y polen.
Beatriz, feliz, voló hacia Sofía y le dio un pequeño abrazo con sus patitas. "Gracias", le dijo. "Gracias por salvar nuestro hogar".
Sofía sonrió. "No tienes nada que agradecer. Todos debemos cuidar nuestro planeta".
Desde ese día, Sofía y sus amigos se convirtieron en guardianes del prado. Aprendieron a respetar la naturaleza y a proteger a las abejas. Y Beatriz, la abejita triste, volvió a ser feliz, zumbando alegremente entre las flores, sabiendo que el futuro de su hogar estaba en buenas manos. Ahora el panal colgaba orgulloso del roble, un **cilindro** que representaba esperanza y un futuro brillante. Los niños aprendieron que incluso las formas geométricas de la naturaleza necesitan de su cuidado.
¿Y tú, qué puedes hacer para ayudar a Beatriz y a todas las abejas?
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