¡La Aventura del Control Remoto Perdido!
Lauti se siente solo porque sus papás siempre ven la tele. Esconde el control remoto y los convence de buscarlo jugando a los piratas. Los papás se dan cuenta de que jugar con Lauti es más divertido que ver la tele y deciden pasar más tiempo con él.

Lauti era un niño muy juguetón. Le encantaba construir castillos con almohadas, hacer carreras de autos de juguete por todo el pasillo y disfrazarse de superhéroe para salvar a su gato, Bigotes, de los malvados calcetines perdidos. Pero últimamente, Lauti se sentía un poco solo. Sus papás estaban muy ocupados viendo la tele. Cada tarde, al volver del colegio, Lauti corría hacia el salón, emocionado por jugar con sus papás. Pero allí estaban ellos, sentados en el sofá, con los ojos fijos en la pantalla brillante. El papá miraba el partido de fútbol, y la mamá, su telenovela favorita. "¡Papá, mamá, vamos a jugar!" decía Lauti, con una sonrisa enorme. "Ahora no, Lauti," respondía el papá sin apartar la vista del televisor. "Estoy viendo el partido. ¡Está muy emocionante!" "Después, cariño," agregaba la mamá, con los ojos pegados a la pantalla. "Estoy en la parte más interesante de la telenovela." Lauti suspiraba y volvía a su habitación, sintiéndose un poco triste. Bigotes lo seguía, frotándose contra sus piernas en busca de consuelo. Lauti agarraba su espada de juguete y Bigotes se convertía en su fiel corcel. Juntos, luchaban contra dragones imaginarios y rescataban princesas de torres altísimas, pero no era lo mismo que jugar con sus papás. Un día, Lauti tuvo una idea. "¡Si no puedo jugar con ellos, haré que dejen de ver la tele!" pensó. Con mucho cuidado, mientras sus papás estaban absortos en sus programas, se acercó al control remoto y lo escondió debajo de un cojín. Después de un rato, cuando terminó el partido de fútbol y la telenovela, los papás de Lauti se dieron cuenta de que no encontraban el control remoto. "¿Dónde estará?" preguntó el papá, buscando debajo de los cojines. "No lo sé," respondió la mamá, mirando a su alrededor. "Quizás se cayó detrás del sofá." Lauti observaba la escena con una sonrisa traviesa. Sabía dónde estaba el control remoto, pero no iba a decirlo. "¿Me ayudan a buscarlo?" preguntó el papá. "¡Claro!" respondió Lauti, con entusiasmo. "¡Pero podríamos buscarlo jugando a los piratas! El control remoto es el tesoro escondido, y nosotros somos los piratas que lo buscan." Los papás de Lauti se miraron sorprendidos. Nunca se les había ocurrido buscar el control remoto jugando. Pero la idea de Lauti sonaba divertida. "¡Está bien!" dijo el papá, poniéndose un sombrero imaginario. "¡Yo seré el Capitán Barba Roja!" "¡Y yo seré la Pirata Valiente!" exclamó la mamá, atándose un pañuelo en la cabeza. Juntos, comenzaron a buscar el control remoto como si fueran verdaderos piratas. Lauti les daba pistas falsas, guiándolos por toda la casa. Reían a carcajadas mientras buscaban debajo de las mesas, dentro de los armarios y detrás de las cortinas. Bigotes, el gato, los seguía de cerca, maullando de emoción. Después de un rato de buscar y reír, Lauti finalmente "encontró" el control remoto debajo del cojín. "¡Lo encontré!" gritó, levantando el control remoto en el aire. "¡El tesoro es nuestro!" Los papás de Lauti lo abrazaron con fuerza. Se dieron cuenta de que se habían estado perdiendo de momentos muy especiales con su hijo por estar demasiado concentrados en la tele. "Gracias, Lauti," dijo el papá. "Nos hemos divertido mucho jugando contigo." "Sí, cariño," agregó la mamá. "A partir de ahora, vamos a jugar más contigo y ver menos la tele." Lauti sonrió de oreja a oreja. Estaba muy feliz de que sus papás quisieran jugar con él. Esa noche, después de cenar, en lugar de sentarse frente al televisor, jugaron todos juntos a las cartas. Lauti les enseñó un nuevo juego que había aprendido en el colegio, y se rieron y se divirtieron hasta la hora de dormir. Desde ese día, los papás de Lauti aprendieron a equilibrar su tiempo entre la tele y jugar con su hijo. Entendieron que los momentos de diversión en familia son mucho más valiosos que cualquier programa de televisión. Y Lauti, por supuesto, estaba encantado de tener a sus papás de vuelta, listos para jugar y vivir aventuras juntos. A veces incluso apagaban la tele y escuchaban las historias que Bigotes contaba con sus maullidos (al menos, eso era lo que Lauti creía). La aventura del control remoto perdido había unido a la familia más que nunca. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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