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¡Los Tres Chanchitos Constructores! — leído en voz alta

Leído por Dalia (México) · 4:15 · 613 palabras · 1 reproducciones

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¡Los Tres Chanchitos Constructores!

Érase una vez, en un campo verde y soleado, tres chanchitos hermanos que vivían juntos. Se llamaban Pepito, el más pequeño y juguetón; Pancho, el mediano y algo perezoso; y Tomás, el mayor, responsable y trabajador. Un día, su mamá chancha les dijo: "Hijitos míos, ya están grandes. Es hora de que construyan sus propias casas y aprendan a valerse por sí mismos".

Pepito, que solo pensaba en jugar, decidió construir su casa rápidamente. Recolectó un montón de paja seca y, en un santiamén, levantó una casita ligera como una pluma. "¡Listo!", exclamó, orgulloso. "Ahora podré jugar todo el día".

Pancho, aunque un poco más trabajador que Pepito, tampoco quería esforzarse demasiado. Encontró un montón de madera vieja y con algunos clavos construyó una casa de madera. No era muy sólida, pero pensó que sería suficiente. "¡Ya está!", dijo bostezando. "Ahora podré echarme una siesta".

Tomás, el hermano mayor, sabía que construir una casa era una tarea importante. Quería que su casa fuera fuerte y segura. Trabajó duro durante días, recogiendo piedras, mezclando cemento y construyendo una casa de ladrillo sólida y resistente. "Así estaré seguro", pensó, satisfecho con su trabajo.

Unos días después, un lobo hambriento llegó al campo. Era un lobo grande y malvado, con unos dientes afilados como cuchillos. El lobo vio la casa de paja de Pepito y sonrió con malicia. "¡Mmm, un chanchito para cenar!", pensó.

Se acercó a la casa de paja y gritó: "¡Abre la puerta, Pepito! ¡O soplaré y soplaré, y tu casa derribaré!".

Pepito, asustado, se negó a abrir la puerta. Entonces, el lobo sopló con todas sus fuerzas. ¡Soplo, sopló, y la casa de paja se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos! Pepito, temblando de miedo, corrió a refugiarse en la casa de madera de Pancho.

El lobo, enfurecido por no haber atrapado a Pepito, siguió corriendo hasta la casa de madera de Pancho. "¡Abran la puerta, chanchitos! ¡O soplaré y soplaré, y su casa derribaré!".

Pancho y Pepito, muy asustados, se negaron a abrir la puerta. El lobo sopló con todas sus fuerzas. ¡Soplo, sopló, y la casa de madera tembló y se derrumbó! Pepito y Pancho, aterrorizados, corrieron a refugiarse en la casa de ladrillo de Tomás.

El lobo, rabioso por no poder atrapar a los chanchitos, llegó a la casa de ladrillo de Tomás. "¡Abran la puerta, chanchitos! ¡O soplaré y soplaré, y su casa derribaré!".

Tomás, valiente y seguro, les dijo a sus hermanos: "No se preocupen, aquí estaremos seguros". Y le gritó al lobo: "¡No te abriremos la puerta! ¡Esta casa es fuerte y no la derribarás!".

El lobo sopló y sopló con todas sus fuerzas, pero la casa de ladrillo ni siquiera se movió. Sopló una y otra vez, hasta que se quedó sin aliento, pero la casa seguía en pie. Estaba muy cansado y frustrado.

El lobo, al ver que no podía derribar la casa, pensó en otra idea. Vio una chimenea en el techo y pensó: "Entraré por la chimenea y los atraparé".

Pero Tomás, que era muy listo, había previsto esto. Había puesto una olla grande con agua hirviendo en la chimenea. Cuando el lobo se deslizó por la chimenea, ¡cayó directamente en la olla con agua hirviendo!

El lobo gritó de dolor y salió corriendo de la casa, con el trasero quemado, y nunca más volvió a molestar a los tres chanchitos. Pepito y Pancho aprendieron la lección de que es importante trabajar duro y construir casas fuertes y seguras. Desde ese día, los tres chanchitos vivieron felices y seguros en la casa de ladrillo de Tomás, y aprendieron a valorar el trabajo y la previsión.

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