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Tito era un pequeño saltamontes muy curioso. Vivía en un jardín lleno de flores multicolores, pero siempre soñaba con explorar el mundo. Un día, escuchó a la maestra Mariquita hablar sobre los tres ecosistemas principales: ¡la selva, el desierto y el océano! A Tito le brillaron los ojitos. "¡Quiero conocerlos todos!", exclamó. La maestra Mariquita, con su voz suave, le dijo: "Para conocerlos, Tito, tendrás que saltar y usar tu imaginación. ¡Prepárate para la aventura!"
"¡Sí!", gritó Tito, emocionado. La maestra Mariquita le dio una ramita mágica y le dijo: "Esta ramita te ayudará a viajar. Cuando la agites y grites el nombre del ecosistema, ¡allí estarás! Pero recuerda, debes moverte como un animal de ese lugar para aprender de él".
Primero, Tito agitó la ramita y gritó con todas sus fuerzas: "¡SELVAAAA!". De repente, se encontró en medio de una selva exuberante, llena de árboles altísimos y lianas colgantes. El aire era cálido y húmedo. "¡Wow!", exclamó Tito. "¡Qué verde es todo!". La maestra Mariquita apareció en su hombro (¡la ramita mágica también funcionaba para ella!). "Recuerda, Tito, debes moverte como un animal de la selva", le recordó.
"¡Ya sé!", dijo Tito. "¡Como un mono!" Y empezó a saltar de liana en liana (¡imaginarias, por supuesto!). "¡Uuh, uuh, aah, aah!", gritaba mientras saltaba. *¡Todos salten como monos con Tito! De liana en liana, ¡uuh, aah!*. Mientras saltaba, vio un perezoso colgado de una rama. El perezoso se movía muy, muy lentamente. Tito se detuvo a observarlo. "¡Hola!", saludó Tito. El perezoso le respondió con un bostezo lento. Tito aprendió que en la selva, algunos animales son muy rápidos y otros muy lentos.
Después, vio a un tucán con su pico enorme y colorido. El tucán comía frutas jugosas. Tito intentó imitar al tucán, abriendo y cerrando su boca como si tuviera un pico grande. *¡Ahora todos abran y cierren la boca como un tucán! ¡Clac, clac!*. Tito aprendió que cada animal tiene su propia forma de encontrar comida.
Cansado de saltar como mono y de imitar al tucán, Tito agitó la ramita mágica y gritó: "¡DESIERTOOO!". Inmediatamente, se encontró en un paisaje árido y arenoso. El sol brillaba intensamente. "¡Uf, qué calor!", exclamó Tito. La maestra Mariquita le recordó: "Ahora debes moverte como un animal del desierto".
Tito pensó un momento. "¡Ya sé! ¡Como un camello!" Y empezó a caminar lentamente, balanceándose de un lado a otro como si tuviera jorobas llenas de agua. *¡Todos caminen como camellos con Tito! ¡Balanceándose, balanceándose!*. Mientras caminaba, vio un cactus enorme y espinoso. "¡Cuidado!", gritó la maestra Mariquita. Tito aprendió que en el desierto, las plantas tienen espinas para protegerse del calor y de los animales sedientos.
Luego, vio a un pequeño escorpión corriendo rápidamente por la arena. Tito intentó imitar al escorpión, moviendo sus patitas muy rápido. *¡Ahora todos corran rápido como un escorpión! ¡Rápido, rápido!*. Tito aprendió que algunos animales del desierto son muy rápidos para escapar del calor y de los depredadores.
Con la garganta seca y cansado de caminar como un camello y correr como un escorpión, Tito agitó la ramita mágica y gritó: "¡OCÉANOOO!". Al instante, se encontró rodeado de agua azul y peces de colores. "¡Qué maravilla!", exclamó Tito. La maestra Mariquita le dijo: "Ahora debes moverte como un animal del océano".
Tito pensó un poco más. "¡Ya sé! ¡Como un pez!" Y empezó a nadar (¡imaginariamente, claro!), moviendo su cuerpo de un lado a otro. *¡Todos naden como peces con Tito! ¡Moviendo el cuerpo, moviendo el cuerpo!*. Mientras nadaba, vio una estrella de mar pegada a una roca. "¡Hola!", saludó Tito. La estrella de mar no se movió. Tito aprendió que algunos animales del océano son muy lentos y tranquilos.
Después, vio a un delfín saltando fuera del agua. Tito intentó imitar al delfín, saltando lo más alto que podía. *¡Ahora todos salten como delfines! ¡Arriba, abajo, arriba, abajo!*. Tito aprendió que algunos animales del océano son muy juguetones y les encanta saltar.
Después de nadar como pez y saltar como delfín, Tito se sintió exhausto pero feliz. Había conocido los tres ecosistemas y había aprendido mucho sobre los animales que viven en ellos. Agitó la ramita mágica una última vez y regresó a su jardín lleno de flores. "¡Qué aventura!", exclamó. La maestra Mariquita sonrió. "Ahora sabes que el mundo es grande y diverso. ¡Sigue explorando, Tito!"
Tito, lleno de energía renovada, empezó a saltar entre las flores de su jardín, recordando todas las maravillas que había visto. Y así, el pequeño saltamontes aprendió que la aventura y el conocimiento están en todas partes, ¡solo hay que estar dispuesto a saltar y explorar!
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