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Abril era una niña de cinco años con coletas rubias que bailaban al ritmo de sus risas. Le encantaba el recreo en el colegio, jugar a la rayuela, dibujar flores con tiza en el patio y contarle secretos a su mejor amiga, Sofía. Pero un día, todo cambió un poquito.
Había un niño en su clase, se llamaba Mateo. A Mateo le gustaba mucho correr, ¡demasiado quizás! Un día, durante el recreo, Mateo decidió que iba a perseguir a Abril. No era con mala intención, solo quería jugar a las atrapadas, pero Abril no lo sabía y se asustó un poco.
"¡No, Mateo, por favor, no me persigas!" gritó Abril, con la voz temblorosa. Mateo, que estaba muy emocionado, no la escuchó y siguió corriendo detrás de ella. Abril, asustada, corrió lo más rápido que pudo. Tropezó con una piedra que estaba medio escondida debajo de una hoja y ¡plaf!, cayó al suelo.
Al principio, Abril pensó que solo se había raspado la rodilla, como tantas otras veces. Pero cuando intentó levantarse, sintió un dolor muy agudo en la pierna. "¡Ay!" exclamó, con los ojos llenos de lágrimas. Sofía, que estaba cerca, corrió a ayudarla. "¿Qué te pasa, Abril?" preguntó Sofía, preocupada.
"Me duele mucho la pierna," respondió Abril, lloriqueando. Sofía fue corriendo a buscar a la maestra, la Señorita Elena. La Señorita Elena era muy amable y siempre sabía qué hacer. Cuando vio a Abril en el suelo, supo que algo no andaba bien.
La Señorita Elena llamó a los padres de Abril y la llevaron al hospital. Después de una radiografía, el doctor les dijo que Abril se había roto la tibia. "¡Oh, no!" exclamó Abril, con los ojos muy grandes. El doctor le explicó que la tibia era un hueso largo en la parte inferior de la pierna y que, aunque estaba rota, se curaría con un poco de paciencia y un yeso.
Así que Abril tuvo que llevar un yeso en la pierna durante seis semanas. ¡Seis semanas! Le parecía una eternidad. Al principio, estaba muy triste. No podía correr, ni saltar, ni bailar como antes. Tampoco podía jugar a la rayuela con Sofía. Se sentía un poco sola y aburrida.
Pero Abril era una niña muy creativa y pronto encontró nuevas formas de divertirse. Con la ayuda de su mamá, decoró su yeso con pegatinas de flores, estrellas y mariposas. Se convirtió en el yeso más bonito de todo el hospital, ¡y quizás del mundo entero!
Sofía iba a visitarla todos los días y le contaba historias del colegio. Le traía dibujos y le leía cuentos. La Señorita Elena también la llamaba para saber cómo estaba y le mandaba deberes especiales para que no se atrasara en clase.
Mateo, al saber lo que había pasado, se sintió muy mal. Fue a visitar a Abril al hospital con su mamá y le llevó un dibujo de un conejo con una zanahoria. "Lo siento mucho, Abril," dijo Mateo, con la voz baja. "No quería que te hicieras daño." Abril lo miró y le sonrió. "Está bien, Mateo," le dijo. "Pero la próxima vez, por favor, no me persigas tan rápido." Mateo prometió que nunca más perseguiría a nadie tan rápido.
Durante las seis semanas que tuvo el yeso, Abril aprendió muchas cosas. Aprendió a ser paciente, a ser creativa y a valorar la amistad. Descubrió que, aunque no podía correr ni saltar, podía hacer muchas otras cosas divertidas. Aprendió a leer libros con ilustraciones preciosas, a dibujar animales fantásticos y a inventar historias increíbles.
Cuando finalmente le quitaron el yeso, Abril estaba muy emocionada. Al principio, le costó un poco volver a caminar con normalidad, pero poco a poco fue recuperando la fuerza en su pierna. El primer día que volvió al colegio, todos sus amigos la recibieron con una gran ovación. ¡Estaban muy contentos de tenerla de vuelta!
Abril aprendió una lección muy importante: a veces, las cosas malas pueden pasar, pero siempre hay algo bueno que aprender de ellas. Y aunque se rompió la tibia, también encontró la oportunidad de descubrir nuevas habilidades y de fortalecer sus amistades. Y Mateo, aprendió a jugar con más cuidado y a escuchar a los demás.
Desde entonces, Abril siguió jugando a la rayuela y contando secretos con Sofía. Y aunque Mateo seguía corriendo mucho, siempre se aseguraba de que nadie se sintiera asustado. Y la tibia de Abril, aunque traviesa, se curó por completo y la llevó a vivir muchas aventuras más.
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