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Gratis · elegí una vozLila era una niña pequeña con ojos brillantes como estrellas y un cabello rizado como nubes de caramelo. Amaba a su mamá más que a nada en el mundo, y amaba especialmente su “nana”. La nana era el pecho de mamá, de donde salía la leche más dulce y reconfortante. Lila se acurrucaba contra su mamá, cerraba los ojos y sentía una paz inmensa mientras tomaba su nana.
Pero Lila estaba creciendo. Ahora tenía dientes para morder manzanas crujientes, piernas para correr como el viento y una curiosidad enorme por explorar el mundo. Mamá se dio cuenta de que Lila ya no necesitaba tanto la nana. Era hora de decirle adiós, de una forma suave y amorosa.
Una noche, mientras Lila se preparaba para dormir, mamá la abrazó fuerte. “Lila, mi amor,” le dijo con voz dulce, “sabes que te quiero mucho, ¿verdad?” Lila asintió con la cabeza, abrazándola aún más fuerte. “La nana ha sido muy importante para ti, te ha dado amor, calor y te ha ayudado a crecer fuerte y sana. Pero ahora eres una niña grande, una aventurera. Tienes tanta energía para jugar y descubrir cosas nuevas.”
Lila miró a su mamá con ojos grandes y llenos de preguntas. “¿Ya no más nana, mamá?” preguntó con un poquito de tristeza en la voz.
Mamá le sonrió. “Ya no tanto, mi amor. Vamos a empezar a despedirnos de la nana poco a poco. En lugar de la nana, tendremos otras cosas especiales, como cuentos antes de dormir, canciones suaves y muchos, muchos abrazos.”
Esa noche, en lugar de la nana, mamá le leyó a Lila un cuento sobre una ardilla valiente que aprendía a encontrar nueces por sí misma. Lila se acurrucó contra su mamá, escuchando atentamente la historia. Al terminar, mamá le cantó una canción de cuna suave, y Lila se quedó dormida plácidamente en sus brazos.
La noche siguiente, Lila pidió la nana. Mamá la abrazó y le dijo: “Recuerda, mi amor, que estamos aprendiendo a decir adiós a la nana. En lugar de la nana, ¿qué te parece si leemos otro cuento y te hago un masaje suave en la espalda?” Lila pensó por un momento y luego asintió. El cuento era sobre un gatito juguetón que aprendía a cazar ratones. El masaje en la espalda la relajó tanto que se quedó dormida en cuestión de minutos.
Algunas noches fueron más difíciles que otras. A veces, Lila lloraba y pedía la nana con insistencia. Mamá la abrazaba con paciencia, le cantaba, le contaba historias y le ofrecía un vaso de agua fresca. Le recordaba todo el amor que sentía por ella y le aseguraba que siempre estaría ahí para consolarla.
Una noche, Lila se despertó llorando. “¡Quiero la nana!” gritó. Mamá la tomó en sus brazos y la meció suavemente. “Mi amor,” le dijo, “sé que es difícil. Pero eres una niña muy fuerte y valiente. ¿Recuerdas el cuento de la ardilla? Ella también tuvo que aprender a hacer cosas nuevas.” Lila se calmó un poco y escuchó a su mamá. Mamá le ofreció un poco de agua y le cantó una canción suave. Luego, le propuso un juego: “Vamos a contar todas las estrellas que vemos por la ventana.” Lila aceptó y, mientras contaba las estrellas con su mamá, se olvidó de la nana. Se quedó dormida plácidamente, con la mano de su mamá en la suya.
Poco a poco, Lila fue necesitando menos la nana. Descubrió que los cuentos eran emocionantes, los abrazos reconfortantes y los besos de su mamá eran mágicos. Empezó a disfrutar más de la comida, a jugar con sus juguetes y a explorar el mundo con entusiasmo.
Una noche, Lila se acurrucó contra su mamá antes de dormir. “Mamá,” dijo con una sonrisa, “ya no necesito tanto la nana.” Mamá la abrazó fuerte. “Lo sé, mi amor. Estás creciendo y aprendiendo a hacer cosas nuevas. Estoy muy orgullosa de ti.”
Esa noche, Lila durmió profundamente, soñando con ardillas valientes, gatitos juguetones y un mundo lleno de aventuras. La nana se había ido, pero el amor entre Lila y su mamá era más fuerte que nunca. Y aunque a veces recordaba el sabor dulce y reconfortante de la leche de mamá, sabía que ahora tenía muchas otras cosas maravillosas para llenar su corazón. Lila se sentía feliz, segura y amada. El adiós a la nana había sido un viaje suave y amoroso, un paso más en su camino hacia la independencia y la felicidad. Y mamá sabía que siempre estaría ahí para guiarla y amarla, en cada paso del camino.
Ahora, cada noche, antes de dormir, Lila y su mamá leen un cuento, cantan una canción y se dan un abrazo muy fuerte. Y aunque la nana ya no esté presente, el amor entre ellas sigue creciendo, día tras día.
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