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Vicente amaba su tetita. Era su amiga, su consuelo, su lugar feliz. Desde que era un bebé, la tetita siempre estuvo ahí, lista para abrazarlo con su calor y su sabor dulce. Pero Vicente estaba creciendo. Ya no era un bebé. Ahora podía correr, saltar, jugar a las escondidas y construir castillos de arena gigantescos.
Mamá notó que Vicente ya no necesitaba tanto la tetita. "Vicente," dijo un día con una sonrisa amable, "¿No crees que ya eres un niño grande? Quizás tu tetita pueda ayudar a un bebé más pequeño que la necesite."
Vicente frunció el ceño. La idea de dejar a su tetita le daba un poquito de miedo. "Pero… ¡la necesito!" protestó, abrazando a su mamá con fuerza.
"Lo sé, cariño," dijo Mamá, acariciándole el pelo. "Pero hay tantas cosas maravillosas que puedes hacer ahora que eres grande. Podemos ir al parque y balancearte muy alto, podemos leer cuentos sobre dragones valientes, y podemos hornear galletas deliciosas."
Vicente pensó en el parque, en los dragones y en las galletas. Todo sonaba muy divertido. Pero la tetita… era tan reconfortante.
Esa noche, antes de dormir, Mamá le leyó a Vicente un cuento sobre un pequeño león que aprendía a rugir. El león al principio tenía miedo, pero con la ayuda de su mamá leona, descubrió que rugir era muy divertido y le daba mucha fuerza.
Después del cuento, Vicente pidió su tetita, como siempre. Mamá lo abrazó y le dijo: "¿Qué tal si esta noche probamos algo diferente? ¿Qué tal si en lugar de la tetita, te doy un abrazo muy fuerte y te canto una canción de cuna?"
Vicente dudó un momento, pero la idea de la canción de cuna sonaba bien. Cerró los ojos y se acurrucó en los brazos de su mamá. Mamá le cantó una canción suave y dulce, y Vicente se quedó dormido enseguida.
A la mañana siguiente, Vicente se despertó sintiendo un poquito de nostalgia. Pero también sintió algo diferente: ¡curiosidad! Corrió a la cocina, donde Mamá estaba preparando el desayuno.
"¡Mamá, quiero ir al parque!" exclamó Vicente, lleno de energía.
En el parque, Vicente se balanceó tan alto que sintió que podía tocar las nubes. Jugó con otros niños, construyó un castillo de arena enorme y se deslizó por el tobogán una y otra vez. Se divirtió tanto que casi se olvidó de la tetita.
Por la tarde, Mamá y Vicente hornearon galletas. Vicente ayudó a medir la harina, a batir los huevos y a poner las chispas de chocolate. El olor de las galletas horneándose llenó la casa de un aroma delicioso.
Cuando las galletas estuvieron listas, Vicente probó una. ¡Estaba deliciosa! "¡Esta galleta es mejor que la tetita!" exclamó, con la boca llena.
Mamá sonrió. "¿Ves? Hay muchas cosas maravillosas que puedes disfrutar ahora que eres un niño grande."
Esa noche, antes de dormir, Vicente miró a Mamá con una sonrisa. "Mamá," dijo, "¿podemos leer el cuento del león otra vez?"
Después del cuento, Mamá le dio un abrazo muy fuerte y le cantó una canción de cuna. Vicente se durmió enseguida, sin siquiera pensar en la tetita.
Los días siguientes, Vicente siguió descubriendo cosas nuevas y emocionantes. Aprendió a montar en bicicleta sin rueditas, pintó un cuadro con un arcoíris brillante y ayudó a Papá a plantar flores en el jardín. Cada día que pasaba, se sentía más grande y más fuerte.
Un día, Mamá le preguntó a Vicente: "¿Te acuerdas de tu tetita?"
Vicente pensó por un momento. "Sí," dijo. "Pero ahora tengo muchas otras cosas que me gustan más."
Mamá le explicó que la tetita ahora estaba ayudando a un bebé muy pequeño que la necesitaba mucho. Vicente sonrió. Se sintió feliz de que su tetita pudiera ayudar a otro bebé.
Esa noche, antes de dormir, Vicente le dio las gracias a Mamá por ayudarlo a crecer. La abrazó con fuerza y le dijo: "¡Te quiero mucho, Mamá!"
Mamá le devolvió el abrazo y le dijo: "Yo también te quiero mucho, Vicente. Estoy muy orgullosa de ti."
Vicente cerró los ojos y se durmió con una sonrisa en los labios. Sabía que aunque extrañara a su tetita a veces, estaba listo para todas las aventuras que le esperaban como un niño grande y valiente. Y aunque la tetita ya no estuviera, siempre tendría el amor y el apoyo de su familia para ayudarlo a crecer y a ser feliz.
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