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Gratis · elegí una vozAdrián y Marya eran enfermeros en el Hospital Sol Brillante. Adrián, con su pelo rizado y una sonrisa que iluminaba cualquier habitación, era experto en hacer reír a los niños asustados. Marya, con sus gafas redondas y una voz suave como la seda, era la mejor contando cuentos antes de dormir. Les encantaba su trabajo, cuidando a todos los que necesitaban ayuda.
Un día, mientras hacían su ronda nocturna, escucharon un sollozo proveniente de la habitación 313. Era una habitación vacía, así que se miraron con extrañeza. "¿Escuchaste eso, Adrián?" preguntó Marya, ajustándose las gafas.
Adrián asintió. "Sí, viene de la 313. Pero está vacía...".
Con cautela, abrieron la puerta. La habitación estaba tenuemente iluminada por la luz de la luna. Y allí, flotando cerca de la ventana, ¡había un fantasma! Era un fantasma pequeño, translúcido y con una expresión triste en su rostro fantasmal.
Adrián, aunque un poco sorprendido, recordó su entrenamiento. "Hola," dijo amablemente. "Soy Adrián, y ella es Marya. ¿Estás bien?"
El fantasma los miró con sus ojos grandes y llorosos. Su voz, un susurro apenas audible, resonó en la habitación. "Estoy... perdido," dijo. "No sé cómo salir de aquí."
Marya se acercó lentamente. "¿Cómo te llamas?"
"Me llamo Caspar," respondió el fantasma. "Era un niño que venía mucho a este hospital. Me gustaba jugar aquí, pero un día... ya no desperté."
Adrián y Marya sintieron pena por Caspar. Era un fantasma solitario, atrapado en el hospital. Decidieron ayudarlo.
"Caspar, ¿recuerdas algo sobre cómo llegaste aquí?" preguntó Adrián.
Caspar pensó por un momento. "Recuerdo una canción que me cantaba mi mamá. Era una canción de cuna muy bonita."
Marya tuvo una idea. "Adrián, ¿y si cantamos canciones de cuna? Tal vez eso lo ayude a recordar algo."
Así que Adrián y Marya comenzaron a cantar. Cantaron todas las canciones de cuna que conocían, desde "Estrellita dónde estás" hasta "Duérmete niño, duérmete ya". Caspar los escuchaba atentamente, con los ojos fijos en ellos.
De repente, Caspar exclamó: "¡Sí, esa! ¡Esa es la canción que cantaba mi mamá!"
Adrián y Marya se detuvieron. "¿Qué recuerdas, Caspar?" preguntó Marya con entusiasmo.
"Recuerdo... un jardín. Había un jardín lleno de flores cerca de mi casa. A mi mamá le encantaba cuidarlo," dijo Caspar.
"¡Un jardín!" exclamó Adrián. "Tal vez si te llevamos a un jardín, puedas encontrar tu camino a casa."
Pero, ¿cómo llevarían a un fantasma a un jardín? Los fantasmas no pueden caminar, ¿verdad?
Marya tuvo otra idea brillante. "Podemos llevar una foto de un jardín. Tal vez eso sea suficiente para que recuerde el camino."
Corrieron a la sala de espera y buscaron una revista. Por suerte, encontraron una revista de jardinería con una foto preciosa de un jardín lleno de flores de colores.
Regresaron a la habitación 313 y le mostraron la foto a Caspar.
Caspar miró la foto con atención. Sus ojos se iluminaron. "¡Sí, se parece mucho al jardín de mi mamá! Creo que... creo que puedo sentir algo. Siento una conexión," dijo.
De repente, Caspar comenzó a brillar. Una luz suave y cálida emanaba de su forma fantasmal. La luz se hizo más intensa, hasta que fue casi cegadora. Adrián y Marya se cubrieron los ojos.
Cuando la luz se desvaneció, Caspar ya no estaba. La habitación 313 estaba vacía, excepto por Adrián y Marya, y la revista de jardinería en sus manos.
Adrián y Marya se miraron, sonriendo. Habían ayudado a un fantasma a encontrar su camino a casa.
Desde esa noche, Adrián y Marya siguieron cuidando a los enfermos en el Hospital Sol Brillante. Pero ahora, cada vez que pasaban por la habitación 313, recordaban a Caspar, el fantasma amigo que necesitaba un poco de ayuda para encontrar la paz. Y sabían, en sus corazones, que incluso los fantasmas necesitan amigos, y que un poco de amabilidad y una canción de cuna pueden hacer la diferencia.
Al día siguiente, una anciana visitó el hospital y le preguntó por la habitación 313. Era la abuela de Caspar. Ella les contó que Caspar amaba el hospital y siempre hablaba de los amables enfermeros. Les dijo que había plantado un nuevo jardín en memoria de Caspar, lleno de las flores favoritas del niño. Adrián y Marya supieron que Caspar finalmente estaba en paz, rodeado de las flores que amaba, gracias a su amabilidad y una simple canción de cuna. Y así, el Hospital Sol Brillante se llenó de aún más luz y alegría, recordando a todos que incluso la más pequeña acción de bondad puede tener un impacto eterno.
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