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Adriana Rebeca, con sus seis años y una sonrisa que iluminaba el vecindario, era una niña súper capaz. Sabía atarse los cordones de los zapatos en un abrir y cerrar de ojos, dibujar gatos que parecían de verdad y contar hasta cien… ¡en español e inglés! Pero lo que realmente la hacía especial era su voz. No solo tenía una voz preciosa para cantar, sino que también sabía usarla para expresar sus ideas y sentimientos. Y cuando una emoción fuerte la invadía, como un volcán a punto de erupcionar, Adriana Rebeca tenía un as bajo la manga: la calma y la respiración profunda.
Un día soleado, Adriana Rebeca fue al parque con su mejor amigo, Tomás. El parque era un lugar mágico, lleno de árboles gigantes que parecían susurrar secretos, toboganes brillantes y columpios que volaban alto hacia el cielo. Pero ese día, algo no estaba bien. El columpio favorito de Adriana Rebeca, el que tenía forma de caballito de mar, estaba haciendo un ruido espantoso. ¡Un chillido que le erizaba la piel!
"¡Ay, no! ¡Mi caballito de mar está roto!" exclamó Adriana Rebeca, sintiendo que una ola de frustración la golpeaba. Quería columpiarse alto, sentir el viento en su cara y reír a carcajadas, pero ese chillido la ponía de muy mal humor.
Tomás intentó columpiarse, pero el ruido era insoportable. "¡Uf! ¡Parece que un fantasma está atrapado en el columpio!" dijo, tapándose los oídos.
Adriana Rebeca sintió que la frustración se convertía en rabia. Quería gritar, quería llorar, quería… ¡golpear el columpio! Pero entonces, recordó su as bajo la manga. Cerró los ojos, respiró hondo, muy hondo, y sintió cómo la calma empezaba a invadirla. Uno… dos… tres… exhaló lentamente.
"¡Ya sé!" dijo, con una voz mucho más tranquila. "No vamos a dejar que este chillido nos arruine el día. Vamos a investigar".
Adriana Rebeca y Tomás se acercaron al columpio con cuidado. Observaron las cadenas, el asiento, los tornillos… ¡todo! Finalmente, Adriana Rebeca descubrió el problema. Una pequeña piedra estaba atascada entre una cadena y el enganche del columpio.
"¡Mira, Tomás! Creo que esta es la culpable del chillido", dijo, señalando la piedra.
Tomás intentó sacar la piedra, pero estaba atascada. Adriana Rebeca respiró hondo otra vez. Usó su voz, no para gritar, sino para pensar en voz alta. "Si empujamos la cadena hacia arriba, tal vez la piedra se suelte", propuso.
Trabajaron juntos, empujando y tirando con cuidado, hasta que… ¡pop! La piedra salió disparada y cayó al suelo.
Adriana Rebeca se subió al columpio. ¡Ya no chillaba! Se columpió alto, muy alto, sintiendo el viento en su cara y riendo a carcajadas.
"¡Lo logramos!" gritó Tomás, empujándola con fuerza.
De repente, apareció Don Ramón, el encargado del parque, con una cara de preocupación. "¿Qué pasó aquí? Escuché un ruido terrible", preguntó.
Adriana Rebeca, con su voz clara y segura, le explicó todo lo que había sucedido. Le contó cómo el columpio chillaba, cómo se había sentido frustrada, cómo había usado la calma y la respiración profunda para encontrar una solución, y cómo finalmente habían logrado quitar la piedra.
Don Ramón sonrió, impresionado. "Adriana Rebeca, eres una niña muy especial", dijo. "No solo eres inteligente y hábil, sino que también sabes controlar tus emociones. ¡Eso es muy importante!"
Don Ramón sacó una pequeña lata de aceite y echó unas gotas en el enganche del columpio. "Ahora, el columpio estará aún mejor que antes", dijo.
Adriana Rebeca y Tomás pasaron el resto de la tarde columpiándose, jugando y riendo en el parque. Adriana Rebeca aprendió que, incluso cuando las cosas no salen como uno quiere, siempre se puede encontrar una solución si se mantiene la calma y se usa la voz para expresar las ideas y sentimientos. Y, por supuesto, ¡siempre es mejor tener un buen amigo al lado!
Al final del día, cuando el sol empezaba a esconderse detrás de los árboles, Adriana Rebeca regresó a casa con una gran sonrisa en su rostro. Sabía que, sin importar los desafíos que la vida le presentara, siempre tendría su calma y su respiración profunda como sus mejores herramientas. Y su voz, lista para cantar, para hablar y para ayudar a los demás.
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