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Gratis · elegí una vozAlejandra era una niña muy estudiosa, pero también, ¡ay!, muy gritona. Cuando se emocionaba, su voz subía, subía, ¡hasta las estrellas! Su abuelita, una mujer dulce con el pelo blanco como la nieve, siempre le decía: "Alejandra, mi niña, esa voz tuya es poderosa, ¡úsala con sabiduría!".
Un día, Alejandra estaba jugando en el jardín con su león de peluche, León. León era su mejor amigo, un confidente silencioso que escuchaba todas sus aventuras. De repente, un objeto brillante cayó del cielo, ¡BUM! Era un cohete, pequeño pero resplandeciente, con un letrero que decía: "¡Necesito una voz poderosa!".
Alejandra, curiosa, se acercó al cohete. "¿Quién anda ahí?", preguntó tímidamente. Una voz robótica, un poco apagada, respondió: "Soy Cohetín. Necesito tu ayuda. Mi motor de voz se ha averiado y debo llegar a la Luna de la Abuelita antes del Festival de las Estrellas Fugaces. ¡Es el evento más importante del universo para las abuelitas espaciales!".
Alejandra, con León apretado en sus brazos, no lo dudó. "¡Yo te ayudaré!", exclamó. Cohetín se alegró tanto que sus pequeñas luces parpadearon rápidamente. "¡Genial! Pero necesito una voz muy fuerte, una voz que pueda impulsarme a través del espacio".
Alejandra respiró hondo. Sabía que tenía la voz que Cohetín necesitaba, pero también sabía que debía controlarla. "Intentaré no gritar", prometió. Cohetín se rió (o al menos, hizo un ruido que sonaba como una risa). "¡No te preocupes! Unos gritos controlados son justo lo que necesito".
Así comenzó la aventura. Alejandra, León y Cohetín se prepararon para el viaje. La abuelita de Alejandra, al ver el cohete en el jardín, no se sorprendió en absoluto. "¡Ah, Cohetín! Siempre llega tarde", dijo con una sonrisa. "Alejandra, cariño, recuerda llevarle a la Abuelita Lunar sus galletas de estrellas favoritas". La abuelita le entregó una lata llena de galletas brillantes y le dio un beso en la frente.
Alejandra subió al cohete, León se acomodó a su lado y Cohetín encendió sus motores. "¡Prepárate para gritar!", dijo Cohetín. Alejandra cerró los ojos y gritó con todas sus fuerzas: "¡A la Luna!". El cohete se elevó hacia el cielo, dejando atrás el jardín y a la abuelita sonriendo.
El viaje fue emocionante. Alejandra gritaba cada vez que Cohetín necesitaba un impulso extra. Gritaba para evitar asteroides, gritaba para acelerar el cohete y gritaba para saludar a las constelaciones. León, aunque era un león de peluche, parecía disfrutar del viaje, moviendo su cola con entusiasmo.
En un momento dado, Cohetín se quedó sin combustible. "¡Necesitamos un grito súper poderoso!", exclamó. Alejandra respiró hondo, pensando en su abuelita, en las galletas de estrellas y en todas las abuelitas espaciales que esperaban el Festival. Cerró los ojos y gritó con todo su corazón: "¡Por las abuelitas espaciales!".
El grito fue tan fuerte que impulsó a Cohetín a una velocidad increíble. Llegaron a la Luna de la Abuelita justo a tiempo para el Festival. La Luna de la Abuelita era un lugar mágico, lleno de flores brillantes, casas hechas de queso y abuelitas espaciales de todas las formas y tamaños.
La Abuelita Lunar, una mujer radiante con un delantal lleno de bolsillos con estrellas, recibió a Alejandra con los brazos abiertos. "¡Bienvenida, Alejandra! Cohetín siempre llega tarde, pero gracias a tu poderosa voz, llegaste a tiempo. ¡Y trajiste las galletas de estrellas! ¡Eres un ángel!".
Alejandra pasó una noche maravillosa en el Festival de las Estrellas Fugaces. Bailó con las abuelitas espaciales, comió galletas de estrellas y vio las estrellas fugaces pintar el cielo con colores brillantes. León también se divirtió mucho, jugando con los gatos lunares.
Al día siguiente, Alejandra y León regresaron a la Tierra con Cohetín. La abuelita de Alejandra los esperaba en el jardín con una gran sonrisa. "¡Estoy muy orgullosa de ti, Alejandra! Usaste tu voz para hacer el bien".
Alejandra aprendió que su voz, aunque a veces gritona, era un regalo. Aprendió a controlarla y a usarla para ayudar a los demás. Y León, bueno, León siempre supo que Alejandra era especial.
Desde entonces, Alejandra siguió siendo estudiosa y, a veces, un poco gritona. Pero siempre recordaba su aventura a la Luna de la Abuelita y el poder de su voz, un poder que la había llevado a las estrellas.
Y Cohetín, bueno, Cohetín seguía llegando tarde, pero siempre recordaba a la niña con la voz poderosa que lo había salvado.
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