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Gratis · elegí una vozAmanda era una niña muy curiosa que amaba ir al jardín infantil "Los Girasoles". Le encantaba jugar con sus amigos, pintar con acuarelas de colores brillantes y escuchar las historias de la Señora Elena, la maestra más dulce del mundo. Pero, sobre todo, Amanda amaba la hora de la comida.
Un día, la Señora Elena anunció una noticia emocionante: "¡Niños, mañana haremos un viaje muy especial! ¡Iremos a la granja de Don Pedro!" Todos los niños gritaron de alegría. Amanda imaginó vacas lecheras, gallinas cluecas y campos llenos de flores.
La noche antes del viaje, Amanda no podía dormir. Empacó su mochila con su peluche favorito, un osito llamado Pipo, y un cuaderno para dibujar. También puso una manzana roja brillante que su mamá le había dado. "Para tener energía en la granja," le dijo su mamá.
Al día siguiente, el autobús amarillo del jardín infantil llegó con su característico "¡Beep, beep!" Todos los niños se abrocharon los cinturones y saludaron a sus papás mientras el autobús se alejaba. Amanda se sentó junto a su mejor amigo, Tomás, y le mostró su manzana.
"¡Qué rica!" dijo Tomás. "Yo traje galletas de chocolate."
El viaje fue largo y lleno de canciones. La Señora Elena cantaba canciones de animales y los niños la acompañaban con entusiasmo. Finalmente, el autobús se detuvo frente a una granja enorme. Don Pedro, un hombre con una gran sonrisa y un sombrero de paja, los esperaba con los brazos abiertos.
"¡Bienvenidos a mi granja!" exclamó Don Pedro. "Hoy aprenderemos de dónde viene la comida que comemos."
La primera parada fue el establo de las vacas. Amanda nunca había visto vacas tan grandes y amigables. Don Pedro les explicó cómo las vacas daban leche y cómo la leche se convertía en queso y yogur. Amanda probó un poco de leche recién ordeñada. ¡Estaba deliciosa!
Después, fueron al gallinero. Las gallinas cacareaban y picoteaban el suelo. Don Pedro les mostró cómo recogían los huevos frescos. Amanda sintió uno en su mano. ¡Estaba tibio y suave!
La parte favorita de Amanda fue el huerto. Había tomates rojos y jugosos, lechugas verdes y crujientes, y zanahorias anaranjadas que sobresalían de la tierra. Don Pedro les enseñó cómo plantar semillas y cómo cuidar las plantas. Amanda plantó una semilla de calabaza y la regó con mucho cuidado.
"¡Espero que crezca grande y fuerte!" pensó Amanda.
Cuando llegó la hora del almuerzo, todos los niños se sentaron en una mesa larga bajo la sombra de un árbol grande. La Señora Elena sacó cestas llenas de sándwiches, ensaladas y frutas frescas. Amanda sacó su manzana roja y la compartió con Tomás.
"¡Esta manzana sabe mucho mejor aquí, en la granja!" dijo Amanda.
Tomás asintió. "Todo sabe mejor cuando sabes de dónde viene."
Después del almuerzo, Don Pedro les preparó una sorpresa. Los llevó a un campo lleno de fresas rojas y brillantes. "¡Pueden recoger todas las fresas que quieran!" dijo Don Pedro.
Los niños corrieron al campo y comenzaron a recoger fresas. Amanda llenó su canasta con fresas y se las comió una por una. ¡Eran las fresas más dulces que había probado en su vida!
De repente, Amanda se dio cuenta de que Pipo, su osito de peluche, no estaba con ella. Lo había perdido en el campo de fresas. Amanda empezó a llorar.
"¡Pipo! ¡Pipo! ¿Dónde estás?" gritó Amanda.
La Señora Elena y Don Pedro la ayudaron a buscar a Pipo. Después de un rato, Tomás gritó: "¡Lo encontré!"
Tomás tenía a Pipo en sus manos. Estaba cubierto de fresas. Amanda abrazó a Pipo con fuerza. ¡Estaba tan feliz de tenerlo de vuelta!
Cuando llegó la hora de regresar al jardín infantil, todos los niños estaban cansados pero muy contentos. Habían aprendido mucho sobre la comida y sobre la importancia de cuidar la naturaleza. Amanda abrazó a Don Pedro y le dio las gracias por un día maravilloso.
En el autobús de regreso, Amanda se quedó dormida abrazada a Pipo. Soñó con vacas lecheras, gallinas cluecas y un campo lleno de fresas rojas y brillantes.
Al día siguiente, en el jardín infantil, Amanda dibujó todo lo que había visto en la granja. Dibujó a Don Pedro, a las vacas, a las gallinas y, por supuesto, a Pipo cubierto de fresas.
La Señora Elena colgó el dibujo de Amanda en la pared. Todos los niños admiraron el dibujo y recordaron la aventura comestible que habían vivido en la granja de Don Pedro. Amanda sabía que nunca olvidaría ese día. Había aprendido que la comida no solo es algo que comemos, sino también algo que viene de la tierra y que debemos cuidar. Y también había aprendido que la amistad y el amor son aún más dulces que las fresas recién cosechadas.
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