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Había una vez, en un pueblo muy colorido, dos niños llamados Ana y Pedro. A Ana y Pedro les encantaba la comida chatarra: ¡galletas, caramelos, papas fritas! Un día soleado, Ana y Pedro caminaban alegres por el bosque, buscando flores bonitas. De repente, escucharon unos llantos tristes.
"¿Qué es eso?" preguntó Ana, con el ceño fruncido.
"Parece que alguien está llorando," respondió Pedro, preocupado.
Siguiendo los llantos, llegaron a un claro del bosque. ¡Oh, no! ¡Era una jaula gigante hecha de latas de refresco! Dentro de la jaula, estaban sus amigos, Sofía y Tomás, ¡atrapados! Un monstruo enorme, ¡hecho completamente de comida chatarra!, custodiaba la jaula. Tenía ojos de caramelos pegajosos, brazos de salchichas y una barriga enorme hecha de hamburguesas. ¡Era el Monstruo Come Chatarra!
El Monstruo Come Chatarra gruñó al ver a Ana y Pedro. "¡Más comida para mí!" rugió con voz de patata frita crujiente.
Ana y Pedro, asustados, se escondieron detrás de un árbol grande. "¡Tenemos que salvar a Sofía y a Tomás!" susurró Ana.
"Pero, ¿cómo? El Monstruo Come Chatarra es muy grande y fuerte," respondió Pedro, con la voz temblorosa.
De pronto, Ana vio algo brillante en el suelo. ¡Era una manzana roja y jugosa! Y al lado de la manzana, ¡una bolsa de papas fritas! Ana recordó lo que su mamá siempre le decía: "Las frutas y verduras te hacen fuerte y sano".
"¡Pedro, mira! Tenemos que comer algo sano para tener energía y poder ayudar a nuestros amigos," dijo Ana, agarrando la manzana. Pedro, aunque le apetecían mucho las papas fritas, confió en Ana y también cogió la manzana.
Mordieron la manzana. ¡Qué dulce y deliciosa! Sintieron una energía nueva recorrer sus cuerpos. El Monstruo Come Chatarra, al verlos comer la manzana, se enfureció. "¡No! ¡No coman cosas sanas! ¡Coman comida chatarra!" rugió, y comenzó a perseguirlos.
Ana y Pedro corrieron, corrieron, corrieron, esquivando árboles y saltando sobre raíces. El Monstruo Come Chatarra los seguía de cerca, dejando un rastro de migas y salsas. En su camino, encontraron un campo lleno de zanahorias naranjas y brillantes. Al lado del campo, había una tienda de caramelos llena de dulces de todos los colores.
"¡Rápido, Pedro! ¡Zanahorias!" gritó Ana. Ambos arrancaron zanahorias y las comieron a toda prisa. Las zanahorias crujían en sus bocas y les daban más fuerza. El Monstruo Come Chatarra, al verlos comer zanahorias, se puso aún más furioso. Sus ojos de caramelo se pusieron rojos de rabia.
Siguieron corriendo hasta que llegaron a un río. En la orilla del río, vieron dos barcos. Uno estaba hecho de brócoli verde y fuerte, y el otro de pastel de chocolate.
"¡El barco de brócoli es el camino!" exclamó Ana. Subieron al barco de brócoli y comenzaron a remar con todas sus fuerzas. El Monstruo Come Chatarra intentó subir al barco de pastel de chocolate, pero el barco se hundió en el agua, ¡porque el pastel era muy pesado y poco resistente!
El Monstruo Come Chatarra, chapoteando en el agua, seguía intentando alcanzarlos. Ana y Pedro remaron hasta llegar a la jaula donde estaban Sofía y Tomás. Ahora eran más fuertes gracias a las manzanas y las zanahorias.
"¡No se preocupen! ¡Los vamos a liberar!" gritó Ana.
Pedro, con su nueva fuerza, intentó abrir la jaula, pero era muy resistente. Entonces, Ana tuvo una idea. Recordó que a los monstruos de comida chatarra no les gusta nada lo sano. Agarró otra zanahoria y se la lanzó al Monstruo Come Chatarra.
¡El Monstruo Come Chatarra gritó! "¡Ay, no! ¡Una zanahoria! ¡Me quema!" El monstruo se distrajo intentando quitarse la zanahoria de encima.
Aprovechando la distracción del monstruo, Pedro encontró una pequeña llave escondida debajo de una lata de refresco. ¡Era la llave de la jaula! Abrió la jaula y liberó a Sofía y Tomás.
Juntos, Ana, Pedro, Sofía y Tomás, decidieron darle una lección al Monstruo Come Chatarra. Empezaron a lanzarle frutas y verduras: manzanas, zanahorias, brócoli, ¡de todo! El Monstruo Come Chatarra gritaba y se retorcía. No soportaba la comida sana. Poco a poco, el Monstruo Come Chatarra se fue haciendo más pequeño, más pequeño, hasta que... ¡puf! Desapareció en una nube de humo de papas fritas.
Desde ese día, Ana y Pedro, Sofía y Tomás, aprendieron lo importante que es comer sano. A veces comían alguna galleta, ¡pero siempre después de comer muchas frutas y verduras! Y nunca más volvieron a ver al Monstruo Come Chatarra. ¡Fin!
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