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Gratis · elegí una vozAndrés y Roberto eran los mejores amigos. Casi todos los días, después de la escuela, se encontraban en el parque para jugar. Un día soleado, decidieron dar una vuelta alrededor del parque corriendo. Andrés, con su gorra azul y zapatillas veloces, lideraba el camino. Roberto, un poco más lento, lo seguía de cerca, riendo a cada paso.
"¡A que no me alcanzas!" gritó Andrés, echando a correr con más fuerza.
Roberto, con una sonrisa, intentó seguirle el ritmo. De repente, dos perros grandes, un labrador dorado y un pastor alemán, salieron ladrando de detrás de unos arbustos. ¡Empezaron a correr tras ellos! No parecían perros malos, más bien juguetones, pero sus ladridos eran fuertes y un poco intimidantes.
"¡Corre, Roberto, corre!" gritó Andrés, sintiendo el corazón latiéndole a mil por hora.
Ambos amigos corrieron lo más rápido que pudieron. Los perros seguían pisándoles los talones, ladrando con entusiasmo. Lograron salir del parque y llegar a la calle principal. "¡Tenemos que escondernos!" dijo Roberto, jadeando.
"¡Vamos al supermercado! Hay mucha gente allí, seguro que los perros no nos seguirán adentro," respondió Andrés.
Entraron rápidamente al supermercado, sintiendo el aire acondicionado fresco en sus rostros sudorosos. Buscaron a sus padres, pero no los encontraban. Los perros, confundidos por la multitud y el olor a comida, se quedaron afuera, ladrando tímidamente.
"¡Uf, eso estuvo cerca!" dijo Roberto, limpiándose el sudor de la frente.
"¡Sí! ¡Necesito algo para beber! Toda esta carrera me ha dado mucha sed," respondió Andrés.
Se dirigieron a la sección de bebidas. Andrés siempre bebía Gatorade después de correr. Le encantaba el sabor refrescante a naranja. Pero, para su sorpresa, ¡no había Gatorade! El estante estaba vacío. Solo había botellas de agua, jugos y otras bebidas.
"¡No puede ser! ¡Justo hoy que quiero Gatorade, no hay!" exclamó Andrés, con frustración.
"Bueno, podemos beber agua, ¿no? Es igual de buena para hidratarse," sugirió Roberto, intentando animarlo.
Andrés suspiró. "Supongo que sí. Pero no es lo mismo…"
Compraron dos botellas de agua fría y salieron del supermercado con cuidado, mirando a su alrededor para asegurarse de que los perros ya no estuvieran. Afortunadamente, los perros se habían ido.
"¿Ahora qué hacemos?" preguntó Roberto.
"¡Vamos a mi casa! Mi mamá siempre tiene agua fresca y, tal vez, encuentre algún jugo," respondió Andrés.
Caminaron hasta la casa de Andrés. Cuando llegaron, la mamá de Andrés los recibió con una sonrisa. "¡Hola, chicos! ¿Qué tal el parque?" preguntó.
"¡Fue una aventura!" respondió Andrés. "Dos perros nos persiguieron y, además, no había Gatorade en el supermercado."
La mamá de Andrés se rió. "¡Vaya, qué día! Pasen, pasen. Les daré un vaso de agua fresca con limón. Es mucho mejor que el Gatorade," dijo, guiándolos hacia la cocina.
Mientras tomaban el agua fresca, Andrés y Roberto contaron a la mamá de Andrés toda la historia de los perros. Ella les dijo que la próxima vez, si se encontraban con perros así, debían quedarse quietos y no correr. Generalmente, los perros solo quieren jugar y se asustan si la gente huye.
"¡Buena idea! La próxima vez lo intentaremos," dijo Roberto.
Andrés, aunque seguía un poco decepcionado por no haber tomado Gatorade, se sentía mucho mejor después de beber el agua fresca y compartir la aventura con su amigo Roberto. Además, había aprendido algo importante sobre los perros. Decidieron que la próxima vez que fueran al parque, llevarían una pelota para jugar con los perros, en lugar de huir de ellos. Y tal vez, solo tal vez, Andrés empezaría a preferir el agua fresca con limón al Gatorade.
Al día siguiente, Andrés y Roberto regresaron al parque, esta vez con una pelota de tenis. Vieron a los mismos dos perros y, recordando el consejo de la mamá de Andrés, se quedaron quietos. Los perros se acercaron, oliéndolos con curiosidad. Andrés les lanzó la pelota y, para su sorpresa, los perros empezaron a jugar con ellos, moviendo la cola alegremente. ¡La aventura perruna se había convertido en una amistad perruna!
Andrés y Roberto aprendieron que a veces, las cosas no salen como uno las planea. Pero que incluso los problemas, como los perros que te persiguen o la falta de Gatorade, pueden convertirse en divertidas aventuras y enseñanzas importantes. Y que, al final, un buen amigo y un vaso de agua fresca pueden ser la mejor solución para cualquier problema.
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