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Gratis · elegí una vozÁngel era un niño de tres años con una imaginación tan grande como el universo. Soñaba con ser astronauta, no uno cualquiera, ¡el mejor! Quería conocer cada planeta, bailar con las estrellas y, sobre todo, darle un abrazo a la luna. Todas las noches, antes de dormir, Ángel miraba por la ventana a la luna llena, imaginando que le guiñaba un ojo. Él le susurraba: "¡Luna, Luna, espérame! Pronto iré a visitarte."
Un día, Ángel decidió que ya no podía esperar más. Tenía que empezar su entrenamiento. Primero, necesitaba un cohete. Corrió al salón y sacó todas las cajas de cartón que encontró. Con la ayuda de su abuela, que siempre apoyaba sus locas ideas, construyeron un cohete impresionante. Lo pintaron de colores brillantes: rojo, azul, amarillo y verde. Le pusieron alas de cartulina plateada y una antena hecha con un rollo de papel higiénico. En la puerta, Ángel escribió con letras grandes: "Cohete Lunar Ángel".
Luego, necesitaba un traje espacial. Su mamá le ayudó a confeccionar uno con una sábana blanca vieja. Le cosieron parches de colores que representaban los planetas y le hicieron un casco con un cuenco de plástico transparente. Ángel se veía como un verdadero astronauta listo para la misión.
El día del lanzamiento, Ángel estaba muy emocionado. Su abuela y su mamá se reunieron en el jardín para presenciar el gran evento. Ángel se puso su traje espacial, se subió al cohete y gritó: "¡Despegue en 3, 2, 1... Ya!" Cerró los ojos y comenzó a mover los brazos como si estuviera impulsando el cohete. Imaginó el rugido de los motores y la vibración en todo su cuerpo.
De repente, sintió un suave balanceo. Abrió los ojos y vio que su abuela lo estaba meciendo suavemente en el cohete. "¡Ya estás en el espacio, mi pequeño astronauta!", le dijo con una sonrisa.
Ángel miró a su alrededor. El jardín se había transformado en un paisaje lunar. Las flores eran cráteres, los árboles eran rocas espaciales y las nubes parecían nebulosas brillantes. ¡Estaba en la luna!
Empezó a explorar. Saltaba de un lado a otro, sintiendo la ingravidez en cada movimiento. Se encontró con pequeñas criaturas lunares hechas de algodón de azúcar que lo invitaron a jugar. Construyó castillos de arena lunar que brillaban con luz propia.
De pronto, vio algo que lo dejó sin aliento. ¡Era la luna! No era una esfera lejana en el cielo, sino una cara sonriente gigante que lo saludaba con la mano. La luna tenía ojos grandes y amables, y una boca que formaba una sonrisa enorme.
Ángel corrió hacia ella y le dio el abrazo más grande que jamás había dado. La luna era suave y cálida como una almohada. Le contó sobre sus sueños de ser astronauta y de conocer todos los planetas. La luna escuchó atentamente y le dijo:
"Ángel, eres un astronauta muy especial. Tienes un corazón lleno de sueños y una imaginación infinita. No necesitas un cohete para viajar por el universo. Puedes hacerlo con tu mente y tu corazón."
Luego, la luna le regaló una estrella fugaz para que la guardara como recuerdo. Le dijo que cada vez que la viera, recordara que todo es posible si crees en ti mismo.
De repente, Ángel escuchó la voz de su mamá llamándolo para cenar. Abrió los ojos y se dio cuenta de que seguía en el cohete, en el jardín. Pero todo era diferente. Sentía la estrella fugaz en su mano y el abrazo de la luna en su corazón.
Esa noche, Ángel miró a la luna por la ventana. Ya no la veía como una esfera lejana, sino como una amiga que lo esperaba con una sonrisa. Supo que su aventura cósmica apenas comenzaba. Tenía un universo entero por explorar, y lo haría con su imaginación, su corazón y, por supuesto, con su Cohete Lunar Ángel. Y todas las noches, antes de dormir, Ángel le seguía susurrando a la luna: "¡Gracias, Luna sonriente!"
Al día siguiente, Ángel compartió su aventura con sus amigos en el jardín de infancia. Les contó sobre la luna sonriente, las criaturas de algodón de azúcar y la estrella fugaz. Sus amigos se quedaron maravillados con la historia. Juntos, construyeron sus propios cohetes de cartón y se embarcaron en nuevas aventuras cósmicas, siempre recordando el mensaje de la luna sonriente: "Todo es posible si crees en ti mismo."
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