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Gratis · elegí una vozAnto, una niña de seis años con coletas rubias y ojos chispeantes, tomó la mano de su mamá. "¡Mamá, mamá! ¡Hoy vamos al centro comercial!" exclamó, saltando de alegría. Su mamá, con una sonrisa dulce, asintió. "Sí, mi amor. Hoy tenemos una tarde de chicas. Pero recuerda, Anto, ¡no te alejes de mí! El centro comercial es muy grande y podemos perdernos."
Al llegar al centro comercial, los ojos de Anto se abrieron como platos. ¡Era un mundo de luces, colores y sonidos! Había tiendas de juguetes con peluches gigantes, tiendas de ropa con vestidos brillantes, y el delicioso aroma de palomitas de maíz flotaba en el aire. Anto tiró de la mano de su mamá, ansiosa por explorar.
Primero, visitaron la juguetería. Anto quedó fascinada con una casa de muñecas rosa. "¡Mira, mamá! ¡Es como la casa de mis sueños!" Su mamá sonrió. "Es muy bonita, Anto. Pero primero, vamos a buscar el regalo para el cumpleaños de tu abuelo."
Dejaron la juguetería y se dirigieron a una tienda de ropa. Anto, sin embargo, estaba más interesada en un globo gigante con forma de unicornio que vio en la tienda de al lado. "¡Mamá, quiero un globo de unicornio! ¡Por favor!" Su mamá le explicó que primero debían encontrar el regalo para el abuelo y luego, si quedaba tiempo, podrían ver el globo.
Caminaron por la tienda de ropa, buscando algo que le gustara al abuelo. Anto, aburrida, empezó a jugar a las escondidas entre los percheros. "¡Anto, ten cuidado!" le advirtió su mamá. Anto, riendo, se escondió detrás de un perchero lleno de camisas azules.
Cuando salió de su escondite, ¡su mamá no estaba! Anto sintió un vuelco en el corazón. Miró a su alrededor, pero solo veía gente desconocida. "¡Mamá!" gritó, con la voz temblorosa. Nadie respondió. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
Anto estaba asustada. Recordó lo que su mamá le había dicho: "Si te pierdes, quédate donde estás y espera a que yo te encuentre." Se sentó en un banco cerca de un gran macetero con flores de colores y esperó. Observó a la gente pasar, deseando ver la cara familiar de su mamá.
Un señor con un uniforme azul se acercó a ella. "¿Estás perdida, pequeña?" le preguntó con una voz amable. Anto asintió, con las lágrimas corriendo por sus mejillas. "Me he perdido de mi mamá," sollozó.
El señor, que era un guardia de seguridad del centro comercial, le sonrió. "No te preocupes, te ayudaremos a encontrarla. ¿Sabes el nombre de tu mamá?"
"Sí, se llama Sofía," respondió Anto, limpiándose las lágrimas con la manga de su chaqueta.
El guardia de seguridad tomó su radio y habló. "Atención, atención. Tenemos una niña perdida llamada Anto. Su mamá se llama Sofía. Por favor, si alguien la ha visto, que se ponga en contacto conmigo."
Mientras esperaban, el guardia le ofreció a Anto una galleta de chocolate que tenía en su bolsillo. Anto la aceptó con una sonrisa tímida. La galleta estaba deliciosa y la ayudó a calmar sus nervios.
Después de unos minutos que parecieron una eternidad, Anto escuchó una voz familiar que la llamaba. "¡Anto! ¡Anto! ¿Dónde estás?"
Anto se levantó de un salto y corrió hacia la voz. ¡Era su mamá! Sofía corrió hacia Anto y la abrazó con fuerza. "¡Anto, mi amor! ¡Me tenías tan preocupada! ¿Estás bien?"
"¡Mamá! ¡Me he asustado mucho!" respondió Anto, abrazando a su mamá con todas sus fuerzas. Sofía le dio un beso en la frente. "Lo siento mucho, mi amor. Estaba tan concentrada buscando el regalo del abuelo que no me di cuenta de que te habías alejado."
Sofía agradeció al guardia de seguridad por su ayuda. Anto también le dio las gracias. "Gracias por la galleta," le dijo con una sonrisa.
Después de este susto, Sofía y Anto decidieron que era mejor irse a casa. Aunque Anto no había conseguido su globo de unicornio, había aprendido una lección importante: siempre debía quedarse cerca de su mamá en lugares concurridos. Y aunque se había asustado mucho, también había descubierto que hay personas amables dispuestas a ayudar.
De camino a casa, Anto le dijo a su mamá: "Mamá, la próxima vez, ¡nos quedaremos siempre juntas!" Sofía sonrió y le dio un apretón en la mano. "Así será, mi amor. Siempre juntas."
Al llegar a casa, Anto le contó a su abuelo la aventura en el centro comercial. El abuelo la abrazó y le dijo: "Lo importante es que estás bien, Anto. Y recuerda, siempre debes escuchar a tu mamá."
Esa noche, Anto se durmió abrazada a su peluche favorito, soñando con unicornios y galletas de chocolate. Aunque la tarde en el centro comercial había sido un poco agitada, había terminado bien. Y Anto sabía que, a pesar de todo, quería mucho a su mamá y a su abuelo.
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