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Gratis · elegí una vozHace mucho, mucho tiempo, cuando nuestro país era muy diferente al que hoy conocemos comenzó esta historia que hoy vamos a contarles. Todo empezó acá en la Plaza de la Victoria que quedaba justo enfrente del Cabildo de Buenos Aires.
Era el año 1810. Y la vida en aquella época era muy distinta a la vida que tenemos hoy. Como todas las mañanas, a penas salía el sol, la plaza se iba llenando de vendedores que traían sus mercaderías al mercado.
En 1810 no había negocios, y para poder vender sus cosas los vendedores caminaban por la plaza y cantaban sus pregones.
¡Escoba, escobillón para limpiar el piso del gran salón!
¡Empanadas bien sabrosas para las buenas mozas! Así, entre cantos y pregones la plaza y el mercado se iban llenando de gente, porque era allí donde se desarrollaba la vida comercial por aquellos días.
Así pasaban los días en el Buenos Aires de 1810, pero vamos ahora a conocer un poco más de la vida de estas personas. Nos encontramos en la casa de don Nicolás Rodríguez Peña, un comerciante y político que será muy importante en los días de la revolución. Don Nicolás estaba casado Casilda Igarzabal, y tenían cuatro hijos, Jacinto, Demetrio, Nicolás y Catalina. Jacinto era el más curioso de los cuatro y lo que más le gustaba era meterse en la cocina de la casa y mirar como Clementina, la criada de la familia, preparaba las más exquisitas comidas.
Clementina: ¿Qué hace aquí niño Jacinto? Ya le dije que un niño como usted no puede estar en la cocina con los sirvientes
Pero Jacinto no entendía por qué no podía estar en la cocina o jugar con su amiga Simona.
Simona: Mamá, ¿puedo ir a jugar al río?
Clementina: Sí mi niña, pero no se aleje mucho que en un rato estará lista la mazamorra
Simona amaba ir a jugar al río, allí podía ver a otras sirvientas lavar las hermosas enaguas blancas y tenderlas a secar al sol. Además, al río iban siempre los mulatos, y cuando ellos llegaban con sus tambores y sus bailes todo era una fiesta
Jacinto: Hola Simona
Simona: Hola Jacinto, ¿qué haces acá? Vos no podés estar con nosotros
Jacinto: ¿Por qué?
Simona: Porque nosotros somos negros esclavos, a algunos sus amos les dieron la libertad, ellos son libertos, pero la mayoría de nosotros aún no somos libres
Jacinto: Mi papá dice que pronto todo va a cambiar en Buenos Aires, y que por fin vamos a ser una patria libre
Simona: Ojalá, porque yo también quiero ser tu amiga, y te cuento un secreto? Me encantaría poder algún día estudiar como lo haces vos
Simona y Jacinto querían ser amigos, pero en la época colonial algunas cosas eran muy diferentes a lo que son hoy. Los negros, los mulatos, los paisanos, los indígenas no compartían su vida con las damas y caballeros de la sociedad. Tenían otras costumbres y otras formas de ser. Por eso en aquellos días de la revolución hubo muchos hombres y mujeres que querían que esas cosas cambien y poder ser algún día una patria donde todos seamos iguales.
Pero sigamos con nuestra historia, que Simona y Jacinto aún tienen mucho que contarnos.
Simona: ¡Jacinto! ¿Jacinto estas por ahí?
Jacinto: Acá estoy, ¿qué pasa?
Simona: ¿Me acompañas al campo? Tengo que ir a buscar unas cosas que me pidió mi mamá
Jacinto: ¡Si! vamos, quiero conocer a los paisanos
Simona: Dale, te va a encantar ver cómo viven y sus costumbres.
Así pasaban los días en 1810, pero en los días de mayo de ese año algunas cosas empezaron a cambiar. Cuentan que en las casonas de la ciudad un grupo de patriotas se reunía para pedirle al Virrey Cisneros que se vaya y así poder formar un gobierno patrio. Fueron días de mucha discusión y la gente andaba alborotada, algo importante estaba por pasar. Y fue así que llegó el 25 de mayo. Buenos Aires amaneció nublada, algunas gotas caían del cielo, pero poco a poco el sol iba asomando. La plaza frente al cabildo se fue llenando de gente. Adentro los patriotas exigían cabildo abierto. Y afuera el pueblo quería saber qué estaba pasando.
Jacinto: ¡¡Simona!! Simona te enteraste?
Simona: ¿De qué?
Jacinto: ¡Tenemos gobierno patrio! Ahora sí vamos a ser todos iguales
Simona: ¿Es verdad?
Jacinto: ¡Si, Simona! Tenemos que ir a la plaza, están todos celebrando
Simona: ¡¡Sí, vamos!!
Jacinto: ¿Simona, sabes una cosa? Ahora vos también vas a poder estudiar, y esta patria va a ser más justa y libre para todos.
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