Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozBrunilda era una bruja... bueno, una bruja *típica*. Tenía un sombrero puntiagudo, una verruga en la nariz y un gato negro llamado Azabache. Vivía en una cabaña torcida en medio del bosque, y su caldero burbujeaba constantemente con pociones extrañas. Pero Brunilda estaba *harta*. Harta de las pociones, harta de los hechizos, y sobre todo, harta de comer sopa de ortigas todos los días.
"¡Quiero comer pastel!", exclamaba Brunilda, agitando su varita sin ganas. "¡Quiero probar el chocolate y la crema! ¡Y tener un novio que me invite a cenar! ¡Y ponerme un vestido bonito, no este trapo viejo!"
Azabache, que usualmente dormía plácidamente sobre un libro de hechizos, abría un ojo con desconfianza. "Miauuu", decía, que en lenguaje gatuno brujeril significaba: "Estás loca, Brunilda. Eres una bruja, no una princesa".
Pero Brunilda estaba decidida. Una mañana, se levantó y miró su reflejo en un espejo empañado. "¡Suficiente!", dijo. "Hoy, Brunilda, te conviertes en... ¡una pastelera!"
El primer paso fue deshacerse de la sopa de ortigas. Brunilda vació el caldero y lo lavó con agua y jabón (algo que no había hecho en siglos, para disgusto de Azabache). Luego, sacó un viejo libro de recetas, lleno de polvo y telarañas. Encontró una receta de "Tarta de Manzana Encantada", que parecía prometedora.
Pero en lugar de manzanas recogidas del árbol maldito (como indicaba la receta original), Brunilda fue al mercado del pueblo. ¡El mercado! Un lugar lleno de colores, olores y... ¡gente! Brunilda nunca había estado en el mercado, siempre compraba sus ingredientes a través de un hechizo de teletransportación. Se sintió un poco nerviosa, pero respiró hondo y entró.
Compró manzanas rojas y jugosas, harina, huevos frescos y, lo más importante, ¡azúcar! Brunilda nunca había usado azúcar en sus pociones, solo sapos y raíces amargas. La idea de algo dulce la emocionaba.
De vuelta en la cabaña, Brunilda siguió la receta con cuidado. Amasó la masa, peló las manzanas y las cortó en rodajas. Azabache la observaba con curiosidad, intentando robar un pedazo de manzana, pero Brunilda lo espantaba con una cuchara de madera.
Cuando la tarta estaba lista, la metió al horno. El aroma que inundó la cabaña era delicioso. No olía a azufre y murciélagos, sino a canela y manzanas horneadas. ¡Un cambio radical!
Mientras la tarta se horneaba, Brunilda se puso manos a la obra con su apariencia. Se lavó la cara, se peinó el pelo (que normalmente parecía un nido de pájaros), y se puso un delantal floreado que encontró en un baúl viejo. Se miró al espejo y sonrió. No era una princesa, pero tampoco era la bruja gruñona de antes.
Cuando la tarta estuvo lista, Brunilda la sacó del horno. Tenía un aspecto dorado y apetitoso. Invitó a Azabache a probarla, y el gato, después de olfatearla con desconfianza, le dio un lametazo. ¡Ronroneó! Era la primera vez que Azabache ronroneaba por algo que no fuera un ovillo de lana.
Brunilda llevó la tarta al mercado al día siguiente. Montó un pequeño puesto y ofreció pedazos gratis. La gente, al principio cautelosa (después de todo, era una bruja), pronto se animó a probarla. ¡Y les encantó! La tarta de manzana de Brunilda era deliciosa, la mejor del pueblo.
Pronto, Brunilda se hizo famosa por sus pasteles. La gente hacía cola para probar sus creaciones: pastel de chocolate con fresas, tarta de limón con merengue, galletas de jengibre con forma de dragón. Brunilda estaba feliz. Le encantaba cocinar, le encantaba ver las caras de felicidad de la gente al probar sus dulces, y le encantaba el olor a vainilla que ahora impregnaba su cabaña.
Un día, mientras vendía sus pasteles, un joven apuesto se acercó a su puesto. Se llamaba Fernando y era el panadero del pueblo. Le dijo a Brunilda que su tarta era la mejor que había probado en su vida y la invitó a tomar un café. Brunilda aceptó, sonrojándose un poco.
Brunilda y Fernando se hicieron buenos amigos, y pronto... algo más. Salían a pasear por el bosque, compartían recetas y se reían juntos. Brunilda se dio cuenta de que no necesitaba hechizos ni pociones para ser feliz. Solo necesitaba su corazón, sus manos y un poco de azúcar.
Brunilda, la bruja que quería ser pastelera, encontró su felicidad en el lugar más inesperado: en la cocina, horneando pasteles y compartiendo su amor con el mundo. Y Azabache, bueno, Azabache seguía comiendo pastel, ¡y ronroneando mucho! Y a veces, muy de vez en cuando, Brunilda usaba su varita para crear un pastel gigante de ratón para su gato consentido.
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
El cuento de la semana
Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

Héroes de la Naturaleza
Tres hermanos aprenden la importancia de cuidar el medio ambiente al salvar a un pájaro y un zorro, convirtiéndose en héroes locales.

Naiara y la potranca salvaje
Naiara descubre clases de equitación y se convierte en una experta jinete, rescatando a una potranca perdida en el proceso.

Gorky, el defensor de los animales
Gorky aprende a ayudar a los animales heridos gracias a su madre Fanny, convirtiéndose en un defensor de los animales necesitados.

El rescate del Titanic Robot
En un país lejano, el sargento Martín y sus valientes soldados son ayudados por Titanic Robot para salvar vidas y proteger su nación.

El pajarito herido
Catalina y Martina descubren un pajarito herido en el jardín de su abuela. Deciden cuidarlo y aprender sobre la importancia de ayudar a los animales necesitados.

El perrito perdido de Sofía
Sofía, una niña curiosa, encuentra a un perrito perdido en el parque y lo cuida hasta encontrarle un hogar amoroso.

La puerta mágica y la bruja malvada
Tres amigas descubren una puerta mágica que las lleva a un mundo encantado donde enfrentan a una bruja malvada.

La Aventura de la Solidaridad
Martín y Sofía, dos hermanos aventureros, descubren que ayudar a otros les trae alegría. Con su solidaridad, transforman su comunidad en un lugar lleno de amor y esperanza.

Princesa Milena y el Amor Mágico
La princesa Milena, poseedora de poderes mágicos, viaja por Encantia llevando amor y esperanza a todos los rincones. Enfrenta al malvado mago Malakar para proteger su magia y demostrar que el verdadero poder reside en el amor incondicional hacia los demás. Aunque ya no necesita usar sus poderes con frecuencia, siempre será una princesa especial llena de magia y amor en cada acto que realiza.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



