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Gratis · elegí una vozBrunilda era una bruja… un poco peculiar. En lugar de calderos burbujeantes y gatos negros malhumorados, Brunilda prefería hornear galletas de jengibre y cuidar de su jardín lleno de girasoles gigantes. Vivía en una casita torcida en la cima de la colina más alta, desde donde podía ver todo el valle. Una noche, mientras regaba sus girasoles con una regadera llena de agua de lluvia (¡y un poco de jugo de fresa, para darles un empujoncito!), Brunilda vio algo extraño en el cielo.
Al principio, pensó que era una estrella fugaz, pero esta estrella no se movía tan rápido. Era redonda, brillante y emitía luces de todos los colores del arcoíris. ¡Era un OVNI! Brunilda se frotó los ojos con sus dedos llenos de tierra. No podía creer lo que veía. ¿Una bruja viendo un OVNI? ¡Eso sí que era inusual!
“¡Madre mía!”, exclamó Brunilda, dejando caer la regadera. El jugo de fresa salpicó los girasoles, que parecieron sonreír aún más. Brunilda corrió a buscar sus binoculares. A través de las lentes, pudo ver con más detalle la extraña nave. Tenía luces parpadeantes, antenas que se movían como antenas de hormiga y una cúpula transparente en la parte superior.
De repente, el OVNI descendió lentamente hacia el campo de zanahorias de Brunilda. ¡Oh, no! Brunilda amaba sus zanahorias. Eran crujientes, dulces y perfectas para hacer pastel de zanahoria, el favorito de todos los animales del bosque. Tenía que hacer algo. Pero, ¿qué podía hacer una bruja con un OVNI?
Brunilda pensó rápidamente. No tenía hechizos para alejar naves espaciales, ni pociones para confundir a extraterrestres. ¡Pero tenía algo mucho mejor! ¡Galletas de jengibre! Brunilda corrió a su casa y sacó una bandeja llena de galletas de jengibre recién horneadas. Olían a canela, jengibre y un toque de magia. Corrió de vuelta al campo de zanahorias justo cuando el OVNI aterrizaba suavemente en el suelo.
Una rampa se extendió desde el OVNI, y una pequeña figura verde salió. El extraterrestre, porque eso era lo que era, tenía ojos grandes y brillantes, una antena en la cabeza y una sonrisa tímida. Parecía un poco asustado.
Brunilda respiró hondo y se acercó al extraterrestre con la bandeja de galletas de jengibre. “¡Hola!”, dijo Brunilda con una sonrisa. “Soy Brunilda. ¿Quieres una galleta?”
El extraterrestre miró las galletas con curiosidad. Extendió una mano verde y tomó una galleta con cuidado. La olió, la miró y luego le dio un mordisco. Sus ojos se abrieron de par en par. “¡Delicioso!”, exclamó el extraterrestre en un idioma que Brunilda no entendía, pero que sonaba muy alegre.
Brunilda sonrió. Sabía que las galletas de jengibre eran mágicas. Compartió galletas con el extraterrestre, que se presentó como Zorp de Planeta Glug. Zorp le contó a Brunilda que se había perdido y que necesitaba ayuda para volver a casa. Brunilda, por supuesto, ofreció su ayuda.
Juntos, revisaron el panel de control del OVNI. Brunilda, a pesar de no saber nada de tecnología espacial, era muy buena resolviendo problemas. Después de probar varios botones y palancas (y comer más galletas de jengibre), Brunilda encontró un botón rojo brillante que parecía importante. “¿Qué tal si presionamos este?”, sugirió Brunilda.
Zorp dudó por un momento, pero luego asintió. Brunilda presionó el botón rojo. El OVNI emitió un zumbido y las luces parpadearon más rápido. En la pantalla apareció un mapa estelar. Zorp saltó de alegría. “¡Ese es el camino a casa!”, exclamó.
Zorp abrazó a Brunilda (un abrazo verde y un poco pegajoso) y le agradeció su ayuda y sus deliciosas galletas. Le prometió que algún día volvería a visitarla. Zorp subió a su OVNI, la rampa se retrajo y la nave espacial se elevó lentamente hacia el cielo nocturno. Brunilda agitó la mano hasta que el OVNI desapareció entre las estrellas.
Brunilda regresó a su casa, sintiéndose muy contenta. Había hecho un nuevo amigo, había ayudado a un extraterrestre a volver a casa y había demostrado que incluso las brujas más peculiares pueden hacer cosas extraordinarias. Y todo gracias a un poco de jugo de fresa en el agua de riego, unos deliciosos girasoles y, por supuesto, ¡galletas de jengibre!
Al día siguiente, Brunilda horneó una tanda extra grande de galletas de jengibre. Nunca se sabe cuándo un OVNI podría volver a aterrizar en su campo de zanahorias.
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