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Gratis · elegí una vozA Bruno le gustan los autos. ¡Le encantan! No le gustan los camiones, ni las motos, ni los tractores. Solo los autos. Tiene una colección enorme de autos de juguete: autos rojos, autos azules, autos verdes, ¡incluso un auto morado con lunares amarillos! Pero su auto favorito era un pequeño auto azul de carreras, llamado Azulito. Azulito tenía el número 1 pintado en el costado y siempre ganaba todas las carreras en la alfombra de la sala.
Un día, Bruno estaba jugando con Azulito en el jardín. El sol brillaba, los pájaros cantaban, y el aire olía a flores. Bruno hizo un circuito de carreras con piedras y ramas, y Azulito corría a toda velocidad, haciendo "¡Zoom! ¡Zoom!" Bruno imaginaba que era un piloto famoso, compitiendo en una carrera muy importante.
De repente, Bruno oyó un ruido extraño. Era un llanto suave, proveniente de detrás del gran árbol de manzanas. Bruno, con Azulito en la mano, se acercó con cuidado. Detrás del árbol, vio algo que no esperaba: ¡un pequeño auto de verdad, varado en la hierba! El auto era de color amarillo pálido y tenía una de las ruedas pinchada. Parecía muy triste.
"¡Hola!" dijo Bruno, tímidamente. "¿Estás bien?"
El auto amarillo levantó lentamente un faro, como si estuviera asintiendo. "No muy bien," dijo con una voz suave y temblorosa. "Me llamo Amarillo, y me he perdido. Además, tengo una rueda pinchada."
Bruno sintió mucha pena por Amarillo. "No te preocupes," dijo. "Yo te ayudaré. A mí me gustan mucho los autos. ¡Tengo uno aquí mismo!" Bruno le mostró a Amarillo a Azulito.
Amarillo lo miró con curiosidad. "Es muy pequeño," dijo.
"Sí, pero es muy rápido," respondió Bruno. "Y yo sé cómo arreglar autos. Mi papá me ha enseñado."
Bruno corrió a buscar su caja de herramientas de juguete. Tenía un destornillador de plástico, una llave inglesa diminuta y un pequeño inflador. Aunque eran de juguete, Bruno estaba decidido a ayudar a Amarillo.
Primero, intentó quitar la rueda pinchada con el destornillador, pero era demasiado pequeña. Luego, probó con la llave inglesa, pero tampoco funcionó. Bruno estaba empezando a frustrarse. "¡Esto es más difícil de lo que pensaba!" exclamó.
Azulito, que había estado observando todo en silencio, "¡Quizás yo pueda ayudar!" dijo, sorprendiendo a Bruno. Bruno nunca había oído hablar a Azulito antes.
"¿Cómo?" preguntó Bruno, asombrado.
"Soy pequeño y rápido," dijo Azulito. "Puedo ir a buscar ayuda. ¡Conozco el camino a la gasolinera!"
Bruno dudó un momento. Dejar que Azulito se fuera solo era arriesgado, pero Amarillo necesitaba ayuda urgente. "Está bien," dijo Bruno. "Pero ten mucho cuidado. Y vuelve pronto."
Azulito salió disparado a toda velocidad, dejando un pequeño rastro de polvo. Bruno se quedó con Amarillo, tratando de animarlo. Le contó historias sobre sus carreras en la alfombra y sobre todos los autos de su colección.
Después de un rato que pareció una eternidad, Bruno vio a Azulito regresar. Pero no venía solo. Detrás de él, venía una grúa grande y roja. En la grúa, estaba el papá de Bruno, con una gran sonrisa.
"Azulito me encontró en la gasolinera," explicó el papá de Bruno. "Me dijo que había un auto necesitando ayuda."
El papá de Bruno revisó la rueda de Amarillo y rápidamente la reparó. En poco tiempo, Amarillo estaba como nuevo. "¡Muchas gracias!" dijo Amarillo, con una gran sonrisa. "¡Me han salvado!"
"De nada," dijo Bruno. "Me alegro de haber podido ayudar. A mí me gustan mucho los autos."
El papá de Bruno llevó a Amarillo de vuelta a la carretera, y Amarillo se despidió con un toque de claxon. Bruno y Azulito regresaron al jardín, sintiéndose muy orgullosos de haber ayudado a un amigo en apuros.
"¡Has sido muy valiente, Azulito!" dijo Bruno, abrazando a su auto de juguete. "¡Eres el mejor auto de carreras del mundo!"
Azulito sonrió (o al menos, eso le pareció a Bruno) y respondió, "¡Y tú eres el mejor piloto!"
Desde ese día, Bruno y Azulito siguieron jugando juntos en el jardín, pero ahora sabían que podían hacer mucho más que ganar carreras. Podían ayudar a los demás, y eso era aún más emocionante.
Y Bruno aprendió que a veces, los amigos más pequeños pueden ser los más valientes, y que incluso los autos de juguete pueden tener grandes aventuras.
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