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Gratis · elegí una vozBruno era un niño curioso de cinco años, con el pelo revuelto como un nido de pájaro y una sonrisa que iluminaba toda la casa. Un día, mientras jugaba con una pelota roja en el jardín, se dio cuenta de algo. No siempre podía lanzar la pelota justo donde quería, y a veces, ¡se le escapaba al intentar atraparla! Frustrado, dejó caer la pelota y se sentó en el pasto, con un puchero en la cara.
"¡Qué difícil es lanzar y atrapar!" exclamó, pateando una piedrecita.
Por suerte, Bruno tenía dos tíos muy especiales: ¡el Tío Roberton y la Tía Goodway! Ambos eran autores de libros sobre cómo los niños aprendían a moverse y a jugar. Sabía que ellos podrían ayudarlo.
Corrió a la biblioteca, donde el Tío Roberton estaba leyendo un libro enorme. "¡Tío Roberton! ¡No puedo lanzar ni atrapar bien la pelota!" dijo Bruno, con los ojos llenos de preocupación.
El Tío Roberton sonrió y lo invitó a sentarse. "Bruno, lanzar y atrapar es algo que aprendemos poco a poco. Cuando eres más pequeño, como un bebé, solo estás descubriendo cómo mover tu cuerpo. Eso lo explicaba muy bien un señor llamado Piaget. Él decía que los bebés aprenden del mundo a través de sus sentidos y movimientos. ¡Es como si estuvieran explorando un nuevo planeta!"
"¿Como cuando aprendí a gatear?" preguntó Bruno, recordando sus primeros intentos de moverse.
"¡Exactamente!" respondió el Tío Roberton. "Luego, cuando eres un poquito más grande, sigues aprendiendo, pero empiezas a imaginar y a planear tus movimientos. Piaget también decía que en esa etapa los niños entienden el mundo a través de simbolismos y empiezan a usar su imaginación para jugar."
Justo en ese momento, entró la Tía Goodway, cargada de pelotas de diferentes tamaños y colores. "¡Escuché que alguien necesita ayuda para lanzar y atrapar!" exclamó con una sonrisa.
"¡Tía Goodway!" gritó Bruno, corriendo a abrazarla.
La Tía Goodway explicó: "Cuando tienes cuatro o cinco años, Bruno, empiezas a desarrollar lo que llamamos la fase elemental. Es como construir los cimientos de una casa. Tus movimientos son un poco torpes al principio, pero estás aprendiendo las bases. Piensa en cómo sujetas la pelota, cómo te colocas para lanzarla, y cómo sigues la pelota con tus ojos para atraparla."
"¿Y qué pasa después, Tía?" preguntó Bruno, mirando las pelotas con curiosidad.
"Después, entras en la fase madura, alrededor de los cinco a siete años," continuó la Tía Goodway. "Aquí es donde empiezas a perfeccionar tus habilidades. Tus movimientos se vuelven más coordinados, más fluidos y más precisos. ¡Es como si la casa estuviera terminada y pudieras decorarla a tu gusto! Empiezas a usar todo tu cuerpo para lanzar y atrapar, no solo tus brazos."
El Tío Roberton añadió: "Recuerda, Bruno, no te desanimes si al principio no te sale perfecto. ¡La práctica hace al maestro! Y lo más importante es divertirte mientras aprendes."
La Tía Goodway le entregó una pelota pequeña. "Empieza con algo fácil. Intenta lanzarla al aire y atraparla. Presta atención a cómo se mueve tu cuerpo y a cómo sigues la pelota con tus ojos."
Bruno empezó a practicar. Al principio, la pelota se le caía una y otra vez. Pero no se rindió. Recordó las palabras de sus tíos: concentrarse, usar todo el cuerpo y, sobre todo, ¡divertirse! Poco a poco, empezó a mejorar. Lograba atrapar la pelota cada vez más seguido.
Después, la Tía Goodway le enseñó a lanzar la pelota hacia una pared y atraparla cuando rebotaba. Luego, practicaron lanzando la pelota el uno al otro. Al principio, los lanzamientos eran un poco desviados, pero con cada intento, Bruno se sentía más seguro y más coordinado.
Después de un rato, Bruno ya no pensaba en lo difícil que era. Estaba demasiado ocupado riendo y divirtiéndose con sus tíos. Se dio cuenta de que lanzar y atrapar no era solo cuestión de habilidad, sino también de paciencia, práctica y, sobre todo, ¡de disfrutar el momento!
Cuando el sol comenzó a ponerse, Bruno estaba cansado pero feliz. Había aprendido mucho sobre cómo se desarrollaba su cuerpo y cómo aprendía nuevas habilidades. Y lo más importante, había descubierto que con un poco de ayuda y mucha práctica, ¡podía lograr cualquier cosa que se propusiera! Volvió a casa con la pelota roja bajo el brazo, listo para seguir practicando y divirtiéndose, sabiendo que sus tíos Roberton y Goodway siempre estarían ahí para apoyarlo. Esa noche, soñó que era un famoso jugador de béisbol, lanzando y atrapando la pelota con una habilidad asombrosa, ¡gracias a la aventura que había tenido con sus tíos!
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