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Gratis · elegí una vozCamila era una niña con la nariz siempre metida en algún libro y un espíritu aventurero que no cabía en su habitación. Un día, explorando el ático polvoriento de su abuela, tropezó con algo cubierto por una lona vieja. Al quitarla, ¡bam! Una máquina reluciente llena de botones, palancas y luces parpadeantes. ¡Era una máquina del tiempo!
Al principio, Camila la usaba para cosas pequeñas. ¿No quería comer brócoli? ¡Viajaba cinco minutos al futuro, cuando ya se lo había comido mágicamente! ¿Un examen de matemáticas difícil? ¡Un salto rápido al recreo! Era la reina de la escapada ingeniosa.
Un día, harta de la lluvia, decidió visitar el antiguo Egipto. ¡Pirámides, faraones, y camellos! Fue increíble. Luego, a la era de los dinosaurios, donde un amigable (pero enorme) braquiosaurio la miró con curiosidad. Camila estaba en su elemento, o mejor dicho, ¡en *muchos* elementos!
Pero la máquina, a la que Camila cariñosamente llamaba "Trasto", empezó a comportarse de manera extraña. Ya no obedecía las coordenadas que Camila le indicaba. En lugar de ir al Renacimiento, terminó en un concierto de rock and roll de los años 50. ¡Camila, con su vestido de flores, desentonaba un poco!
Un día, intentando volver a casa después de una aburrida clase de piano, Trasto la llevó al futuro… ¡a un futuro donde los gatos gobernaban el mundo y los humanos eran sus mascotas! Un gato siamés con un monóculo la miró con desaprobación. "¿Otra humana suelta? ¡Llévensela a la sala de cosquillas!"
Camila escapó por los pelos, prometiéndose a sí misma que controlaría a Trasto de una vez por todas. Investigó en los libros de su abuelo, un inventor excéntrico, y descubrió que la máquina funcionaba con… ¡chicle! Sí, chicle. Al parecer, la abuela de Camila, en un intento de mantener la máquina limpia, había llenado los engranajes con goma de mascar. Esto hacía que la máquina reaccionara de forma impredecible.
Camila, armada con un cepillo de dientes viejo y mucha paciencia, comenzó a limpiar la máquina. ¡Era una tarea pegajosa y asquerosa! Pero poco a poco, los engranajes empezaron a girar con más suavidad. Las luces parpadeaban con menos histeria. Trasto parecía estar recuperando el juicio.
Después de días de limpieza, Camila hizo una prueba. Introdujo las coordenadas de su habitación, respiró hondo y apretó el botón. ¡Funcionó! Volvió a su casa, sana y salva. Pero ahora, veía la máquina con otros ojos. Ya no era un juguete para escapar de la rutina, sino una responsabilidad.
Decidió usar Trasto con más prudencia. Visitó museos en el pasado, observó la construcción de las pirámides desde lejos (¡sin molestar a los faraones!), y aprendió sobre la vida de Marie Curie mientras la veía trabajar en su laboratorio (¡desde una esquina, sin estorbar!).
Un día, Trasto volvió a hacer de las suyas. Camila intentó ir a la Edad Media, pero terminó… ¡en una fiesta de cumpleaños llena de payasos! Los payasos la persiguieron con pasteles y narices de goma. Fue una experiencia… interesante.
Camila aprendió que Trasto siempre tendría un poco de travesura en su sistema. Pero ahora, estaba preparada. Llevaba siempre consigo un kit de emergencia: un paraguas (por si acaso llovía dinosaurios), un diccionario de idiomas antiguos, y, por supuesto, ¡un montón de chicle para sobornar a la máquina si se ponía rebelde!
Camila siguió viajando, aprendiendo y viviendo aventuras increíbles. Pero ahora, lo hacía con cuidado, con responsabilidad, y con una buena dosis de humor. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es la vida sino una gran aventura llena de sorpresas, payasos y máquinas del tiempo que funcionan con chicle?
Y así, Camila, la niña que descubrió una máquina del tiempo traviesa, se convirtió en la aventurera más prudente (y divertida) del universo, o al menos, de su propio universo temporal.
Una tarde, Camila se encontró con una anciana en el parque. La anciana le contó una historia sobre una máquina del tiempo que había encontrado en su juventud. Camila sonrió. Sabía que su aventura apenas comenzaba. El tiempo, después de todo, era infinito, y ella tenía mucho que explorar.
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