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Gratis · elegí una vozEra un día lluvioso, el tipo de día que hacía que las hojas de los árboles brillaran como esmeraldas mojadas y que los charcos se convirtieran en pequeños espejos temblorosos. Capibara, un roedor grande y amigable con pelaje marrón y una nariz chata, bostezó. Estaba acurrucado bajo un gran arbusto de hojas anchas, tratando de mantenerse seco. No le importaba mucho la lluvia, pero prefería estar cómodo.
De repente, escuchó un pequeño maullido. Capibara asomó la cabeza por debajo del arbusto. Allí, temblando y empapado hasta los huesos, estaba un gatito atigrado. Sus orejas estaban bajas y su cola pegada a su cuerpo. Parecía miserable.
"¡Hola!" dijo Capibara con su voz grave y suave. "¿Qué te pasa?"
El gatito levantó la vista, con los ojos muy abiertos. "Estoy perdido," maulló. "Y tengo mucho frío."
Capibara sintió pena por el pequeño gato. Él, que era tan grande y resistente, y el gato, tan pequeño y vulnerable. "Ven aquí," dijo. "Puedes refugiarte conmigo bajo este arbusto. No es perfecto, pero es mejor que nada."
El gatito dudó por un momento, luego corrió hacia el arbusto y se acurrucó junto a Capibara. El calor del cuerpo de Capibara le sentó muy bien. Los dos se quedaron en silencio durante un rato, escuchando el golpeteo de la lluvia.
"Me llamo Capibara," dijo finalmente.
"Yo me llamo Misha," respondió el gatito.
"Misha," repitió Capibara. "Es un nombre bonito."
La lluvia continuaba cayendo, cada vez más fuerte. El arbusto ya no ofrecía mucha protección. Gotas de agua empezaron a caer sobre Capibara y Misha.
"¡Oh, no!" exclamó Misha, tiritando aún más. "Nos vamos a empapar."
Capibara pensó por un momento. Tuvo una idea. "Espera aquí," dijo. "Voy a buscar algo."
Capibara salió corriendo bajo la lluvia. Misha lo observó alejarse, preocupado. ¿A dónde iría Capibara en este clima horrible?
Después de un rato, Capibara regresó, arrastrando algo grande y colorido. Era un paraguas enorme, tan grande que parecía un pequeño techo portátil. Era de color rojo brillante con lunares amarillos.
"¡Lo encontré!" exclamó Capibara, jadeando. "Estaba tirado cerca del camino. Creo que alguien lo perdió."
Capibara abrió el paraguas con cuidado. Era tan grande que cubrió por completo el arbusto y a ambos animales. Ahora estaban completamente protegidos de la lluvia.
Misha abrió mucho los ojos. "¡Guau!" dijo. "¡Es un paraguas gigante!"
"Sí, lo es," dijo Capibara con una sonrisa. "Ahora estamos a salvo y secos."
Se acurrucaron juntos bajo el paraguas, escuchando el sonido de la lluvia golpeando la tela. Misha se sintió mucho mejor ahora que estaba caliente y seco. Empezó a ronronear suavemente.
"Gracias, Capibara," dijo Misha. "Eres muy amable."
"De nada, Misha," respondió Capibara. "Es bueno tener compañía en un día lluvioso."
Pasaron el resto del día juntos, contándose historias y jugando bajo el paraguas gigante. Capibara le contó a Misha sobre la selva tropical donde vivía antes, y Misha le contó a Capibara sobre los diferentes tipos de pájaros que veía en el parque.
Cuando la lluvia finalmente cesó y el sol comenzó a brillar, el paraguas gigante parecía aún más brillante y alegre. El parque se veía fresco y limpio. Los pájaros cantaban alegremente.
"Creo que ya debo irme," dijo Misha, bostezando. "Tengo que encontrar a mi familia."
"Entiendo," dijo Capibara. "Espero que los encuentres pronto."
Capibara acompañó a Misha hasta el borde del parque. Allí, vio a una niña pequeña llamando: "¡Misha! ¡Misha! ¿Dónde estás?"
Misha corrió hacia la niña, maullando alegremente. La niña lo recogió y lo abrazó con fuerza.
"¡Misha! ¡Estaba tan preocupada!" dijo la niña. "¿Dónde has estado?"
Misha miró hacia atrás a Capibara y maulló algo a la niña. La niña miró en la dirección en la que Misha estaba mirando y vio a Capibara parado allí, sonriendo.
La niña se acercó a Capibara. "Gracias por cuidar de mi gatito," dijo. "Estaba muy asustado cuando se perdió."
"No fue nada," dijo Capibara. "Me alegro de haber podido ayudar."
La niña le devolvió el paraguas a Capibara. "Puedes quedártelo," dijo. "Parece que lo necesitas más que yo."
Capibara sonrió. "Muchas gracias," dijo. "Lo apreciaré."
La niña se despidió y se fue con Misha en brazos. Capibara los observó alejarse, sintiéndose feliz de haber hecho un nuevo amigo y de haber ayudado a alguien en un día lluvioso. Regresó a su arbusto, llevando el paraguas gigante con él. Sabía que lo usaría de nuevo, ya sea para protegerse de la lluvia o simplemente para tener un lugar cómodo donde sentarse y soñar. Y cada vez que lo usara, recordaría el día en que conoció a Misha, el gatito perdido, y cómo un paraguas gigante los había unido en un día de lluvia.
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