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Gratis · elegí una vozCortito Flankin era un gnomo muy pequeño, ¡tan pequeño que cabía en una bellota! Vivía en el Bosque Susurrante, rodeado de árboles gigantes y flores que parecían sombrillas. Un día, mientras exploraba el bosque con sus botas de hojas de roble, Cortito Flankin tropezó con algo suave y verde. Era Trévo, un niño con el cabello del color de las aceitunas y una sonrisa brillante como el sol. A su lado, jugaba Chou, un perrito con las orejas caídas y la cola que no paraba de moverse.
"¡Hola!" exclamó Cortito Flankin, intentando que su voz sonara fuerte, aunque era más bien un susurro. Trévo se agachó, con los ojos muy abiertos. "¡Guau! ¿Eres un gnomo? ¡Nunca había visto uno!" Chou ladró alegremente, como si también estuviera sorprendido.
"Soy Cortito Flankin," respondió el gnomo, enderezándose. "¿Y tú eres... ?"
"Soy Trévo, y este es Chou," dijo el niño, rascándole la cabeza al perrito. "Estábamos buscando tréboles de cuatro hojas. Dicen que traen buena suerte."
Cortito Flankin alzó una ceja, que era casi invisible de lo pequeña que era. "¿Buena suerte? ¿Qué es eso? Nosotros, los gnomos, confiamos en el trabajo duro y la magia de la naturaleza, no en la suerte."
Trévo sonrió. "Bueno, no estaría mal encontrar uno. Hoy es el cumpleaños de mi abuela y quiero regalárselo."
Cortito Flankin sintió un pellizco en el corazón. Su propia abuela gnomo era la persona más importante de su vida. "Te ayudaré a buscar," dijo, impulsivamente. "Conozco este bosque como la palma de mi mano... o, bueno, como la palma de mi bellota."
Y así, comenzó la aventura. Trévo y Chou siguieron a Cortito Flankin a través del bosque, pasando por setas gigantes, arroyos burbujeantes y madrigueras de conejos curiosos. Cortito Flankin, a pesar de su tamaño, era un guía experto. Conocía cada rincón y cada secreto del Bosque Susurrante.
Chou olfateaba cada parche de tréboles con entusiasmo, pero solo encontraba los de tres hojas. Trévo empezaba a desanimarse. "Quizás no encontremos ninguno," suspiró.
"¡No te rindas!" animó Cortito Flankin. "La buena suerte a veces se esconde donde menos la esperas." Les condujo a un claro secreto, escondido detrás de una cascada de flores silvestres. "Este lugar está lleno de magia," explicó. "Si hay un trébol de cuatro hojas en todo el bosque, estará aquí."
Buscaron y buscaron, con cuidado de no pisar las delicadas flores. El sol empezaba a ponerse, pintando el cielo de naranja y rosa. Trévo ya estaba a punto de darse por vencido cuando Chou, de repente, empezó a ladrar y a escarbar en un rincón del claro.
"¿Qué pasa, Chou?" preguntó Trévo, acercándose. Allí, justo donde Chou estaba escarbando, ¡brillaba un trébol de cuatro hojas! Era perfecto, con sus cuatro hojas verdes brillantes.
"¡Lo encontramos!" gritó Trévo, abrazando a Chou. "¡Gracias, Cortito Flankin! ¡No lo habríamos encontrado sin ti!"
Cortito Flankin sonrió, sintiéndose más alto de lo que era en realidad. "No hay de qué," dijo. "Pero recuerda, Trévo, la verdadera suerte no está en encontrar un trébol, sino en tener amigos que te ayuden y en compartir la alegría con los demás."
Trévo asintió, con los ojos llenos de gratitud. "Tienes razón, Cortito Flankin. Le llevaré este trébol a mi abuela, pero también le contaré la historia de cómo lo encontramos, y de los amigos que me ayudaron."
Trévo y Chou se despidieron de Cortito Flankin y corrieron de vuelta a casa, con el trébol de cuatro hojas cuidadosamente guardado en el bolsillo de Trévo. Cortito Flankin regresó a su bellota, sintiéndose feliz y satisfecho. Había aprendido que, aunque no creyera en la suerte, ayudar a un amigo era la mejor magia de todas. Y, quizás, un poquito de suerte sí que había tenido ese día, al conocer a Trévo y a Chou. Desde ese día, Cortito Flankin, Trévo y Chou se reunieron a menudo en el Bosque Susurrante, buscando aventuras y compartiendo la magia de la amistad. Cortito Flankin ya no vivía solo en su bellota, ahora tenía dos grandes amigos que lo esperaban cada día para jugar en el bosque. Y Chou, siempre moviendo la cola, ladraba alegremente cada vez que veía a Cortito Flankin aparecer. Los tres amigos sabían que su amistad era un tesoro más valioso que cualquier trébol de cuatro hojas. Y así vivieron felices para siempre. Fin.
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