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Gratis · elegí una vozMamá osa y su pequeño osezno, Tito, fueron al supermercado "El Gran Árbol" para comprar ingredientes para hacer galletas de miel. Tito, con sus ojos brillantes y su pelaje marrón suave, estaba muy emocionado. Le encantaba el supermercado, lleno de colores, olores y, sobre todo, ¡muchas cosas ricas!
"Tito, cariño, quédate cerca," dijo Mamá Osa mientras entraban por las puertas automáticas. "Tenemos que encontrar harina, miel y chispas de chocolate."
Tito asintió con entusiasmo, pero sus ojos ya estaban vagando hacia un estante lleno de coloridas cajas de cereales. ¡Oh, cereales con forma de estrellas, lunas y ositos!
Mamá Osa tomó un carrito y comenzó a llenarlo con manzanas rojas y plátanos amarillos. Tito la seguía, con la mirada fija en los cereales. De repente, vio una caja con un enorme oso panda en la portada, ¡comiendo bambú! Tenía que verlo más de cerca.
Sin decir nada, Tito se acercó al estante de cereales. Era tan alto que tuvo que estirarse para ver la caja del oso panda. Estaba tan absorto que no se dio cuenta de que Mamá Osa se había alejado para buscar la harina.
Cuando Tito finalmente se cansó de mirar la caja del oso panda, se dio la vuelta para buscar a su mamá. Pero ella no estaba allí. ¡Oh, no! Tito estaba solo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. "¡Mamá!" gritó, pero su voz se perdió entre el ruido de las conversaciones y el zumbido de los refrigeradores. Estaba perdido en el laberinto de pasillos llenos de productos.
Comenzó a caminar, mirando a su alrededor con desesperación. Vio a muchas personas, pero ninguna era su Mamá Osa. Un conejo con un carrito lleno de zanahorias pasó corriendo. Un zorro con gafas miraba atentamente una lata de salsa de tomate. Pero ni rastro de su mamá.
Tito se sintió cada vez más pequeño y asustado. Se escondió detrás de un enorme estante de latas de sopa, sintiendo que las lágrimas corrían por sus mejillas.
Mientras tanto, Mamá Osa se dio cuenta de que Tito no estaba a su lado. Su corazón dio un vuelco. "¡Tito!" gritó, con la voz llena de pánico. Dejó el carrito a un lado y comenzó a buscarlo entre los pasillos.
"¡Tito, estrellita mía! ¿Dónde estás?" gritaba, revisando detrás de cada estante y preguntando a los otros animales si lo habían visto. Un amable elefante le dijo que había visto a un pequeño osezno mirando los cereales hace un momento.
Mamá Osa corrió hacia el pasillo de los cereales, con la esperanza de encontrar a Tito allí. Pero el pasillo estaba vacío, excepto por un par de ardillas que discutían sobre qué tipo de nueces comprar.
"¡Oh, Tito, dónde te has metido!" Mamá Osa estaba cada vez más desesperada. Pidió ayuda al altavoz del supermercado. "Atención, atención, por favor," dijo una voz amable. "Hemos perdido a un pequeño osezno. Se llama Tito y tiene pelaje marrón y ojos brillantes. Si lo ven, por favor, llévenlo al mostrador de información."
Tito, escondido detrás de las latas de sopa, escuchó su nombre por el altavoz. Reconoció la voz amable y supo que era una señal. Se secó las lágrimas y salió de su escondite.
Siguió la voz hasta el mostrador de información. Allí, vio a Mamá Osa, con el rostro lleno de alivio y los ojos brillantes de lágrimas. Corrió hacia ella y la abrazó con todas sus fuerzas.
"¡Mamá! ¡Estaba tan asustado!" gritó Tito, aferrándose a su pelaje.
"¡Tito, estrellita mía! ¡Estaba tan preocupada!" dijo Mamá Osa, abrazándolo con fuerza. "Nunca más te alejes de mí en el supermercado, ¿entendido?"
Tito asintió con la cabeza, prometiendo que nunca más se separaría de su mamá. Mamá Osa lo tomó de la mano y regresaron al carrito. Tito se portó muy bien el resto de la compra, sin apartarse ni un segundo de su lado.
Después de pagar, Mamá Osa le compró a Tito una pequeña caja de cereales con forma de estrellas, como recompensa por haber sido tan valiente. Tito sonrió de oreja a oreja. Esa noche, hicieron galletas de miel juntos, y fueron las galletas más deliciosas que jamás habían probado. Y Tito aprendió una valiosa lección sobre la importancia de quedarse cerca de su mamá en el supermercado.
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