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Gratis · elegí una vozUn día, Dorothy estaba en su casa jugando, cuando de repente… ¡una tablet se encendió sola! La luz era tan fuerte que todo giró y giró… ¡y apareció en un mundo nuevo!
—¿Dónde estoy? —preguntó asombrada.
—Estás en el Reino de las Pantallas —dijo una voz suave—. Para volver a casa, deberás seguir el camino de baldosas amarillas y visitar al Gran Mago.
Dorothy respiró hondo, se acomodó los zapatitos y empezó a caminar con su perrito Toto.
**El Espantapájaros que quería saber elegir**
Pronto conoció a un espantapájaros sentado frente a una pantalla, con la mirada perdida.
—Hola, soy Dorothy. ¿Nos querés acompañar?
—¡Sí! Estoy cansado de mirar cosas sin parar… Quisiera aprender a pensar antes de usar la tecnología.
—¡Buen deseo! Vamos juntos al Mago.
Y siguieron el camino brillante.
**El Hombre de Hojalata que quería volver a sentir**
Más adelante, encontraron a un hombre de hojalata que miraba una pantalla, sin moverse ni hablar.
—¿Estás bien? —preguntó Dorothy.
—No lo sé… Creo que me olvidé de abrazar, reír y jugar sin pantallas. ¿Puedo ir con ustedes?
Dorothy asintió con una sonrisa. El corazón del hombre de hojalata comenzó a brillar.
**El León que quería decir “¡basta!”**
En un rincón del bosque digital, un león miraba dibujitos sin parar.
—¡Hola! —dijeron los amigos.
—No sé cómo decir que ya tuve suficiente. ¡Quiero aprender a poner límites!
—¡Qué valiente sos por darte cuenta! —respondió el espantapájaros.
—¡Vamos juntos al Mago! —dijo el hombre de hojalata.
Y el león se unió, rugiendo de emoción.
**La Bruja del Tiempo Pegajoso**
Cuando ya estaban cerca del castillo del Mago, una nube espesa de neblina azul los rodeó.
Apareció una figura con una gran tablet mágica en la mano.
—¡Ja, ja, ja! Soy la Bruja del Tiempo Pegajoso —gritó—. ¿Quieren jugar sin parar? Este juego no tiene fin… ¡y atrapa para siempre!
Intentó hechizarlos con luces, sonidos y pantallas que no se podían apagar.
Dorothy y sus amigos empezaron a confundirse, pero el león sacó su fuerza y dijo:
—¡Basta! ¡No más!
El espantapájaros pensó y dijo:
—No todo lo que brilla es bueno. Yo elijo apagar.
Y el hombre de hojalata abrazó a Dorothy diciendo:
—Prefiero reír con ustedes.
Dorothy, enojada, tomó una botellita de agua que guardaba en su mochila… ¡y se la arrojó a la bruja!
¡Splash!
La bruja se derritió en burbujas de luz y desapareció.
**Los Monos Voladores**
Pero justo cuando pensaban que todo estaba resuelto… ¡el cielo se oscureció!
Desde las nubes, aparecieron los Monos Voladores, volando con celulares y tablets, gritando:
—¡Vamos! ¡Solo un videíto más! ¡No se pierdan este juego!
Estaban bajo el hechizo de la bruja, y venían a atrapar a los amigos.
Pero Dorothy levantó la estrella que llevaba en el bolsillo —una estrella que había encontrado en el camino brillante— y gritó:
—¡No más trampas! ¡Nosotros elegimos cuándo y cómo usar la tecnología!
Los monos se detuvieron… y uno de ellos, con voz bajita, preguntó:
—¿Podemos aprender como ustedes?
—¡Claro que sí! —dijo Dorothy—. Siempre es tiempo para cambiar.
Los monos bajaron sus pantallas y se unieron al grupo con alegría.
**El Mago de Oz y el gran descubrimiento**
Después de cruzar paisajes de luces, sonidos y botones… ¡llegaron al castillo del Mago!
—¿Gran Mago? —llamó Dorothy—. ¿Nos ayudás a usar mejor la tecnología y a volver a casa?
Una cortina se movió… y apareció un hombre común.
—¿Vos sos el Mago? —preguntaron todos.
—Soy alguien que aprendió que lo importante no está en las pantallas, sino dentro de cada uno.
Entonces, el Mago les regaló algo a cada uno:
Al espantapájaros: una lupa para buscar con atención y criterio.
Al hombre de hojalata: un corazón rojo para recordar abrazar y jugar sin pantalla.
Al león: una capa dorada para poner límites con valentía.
A Dorothy: una estrella que decía: “Tu hogar es donde se apaga la pantalla y se prende el juego con quienes más querés”.
**El regreso**
Dorothy cerró los ojos y dijo:
—Gracias por ayudarme a descubrir que la tecnología puede ser una amiga, si la usamos con cuidado, con amor y con tiempo para otras cosas.
Y de pronto… ¡estaba de vuelta en casa!
Desde entonces, Dorothy y su familia usaban la tecnología con amor, equilibrio y atención, sin olvidar nunca el camino brillante de lo importante.
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