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Gratis · elegí una vozEn un pequeño huerto, donde las fresas reían al sol y los tomates jugaban a esconderse entre las hojas, vivía un conejo llamado Benito. Benito era un conejo muy curioso, con un pelaje suave como el algodón y unas orejas largas que siempre se movían, atentas a cualquier sonido. Su comida favorita, por supuesto, eran las zanahorias. ¡Grandes, jugosas y crujientes zanahorias!
Un día, Benito fue al huerto, listo para su merienda. ¡Pero qué sorpresa! Solo quedaban dos zanahorias. "¡Dos zanahorias!" exclamó Benito, con los bigotes temblando de asombro. "¿Dónde están las demás? Ayer había cuatro. ¡Esto es un misterio!"
Benito se sentó a pensar. Dos zanahorias… cuatro zanahorias… ¿quién se habría llevado las otras dos? Decidió convertirse en detective. Con sus largas orejas bien erguidas, comenzó a buscar pistas.
Primero, revisó alrededor de las zanahorias restantes. Encontró unas pequeñas huellas, ¡muy pequeñas! "¡Ajá!" pensó Benito. "Estas huellas no son mías. Son demasiado pequeñas. ¿Quién más vive en el huerto?"
Recordó a la ratoncita Rita, que vivía en una pequeña madriguera debajo de un rosal. Rita era muy golosa y le encantaban las semillas y los frutos secos. Benito fue a visitarla.
"¡Rita, Rita!" llamó Benito. Rita asomó su pequeña cabeza por la madriguera. "¡Hola, Benito! ¿Qué te trae por aquí?"
"He notado que me faltan dos zanahorias", dijo Benito. "He encontrado unas huellas pequeñas cerca de donde estaban. ¿Sabes algo al respecto?"
Rita negó con la cabeza. "¡Yo no! Me encantan las semillas, pero las zanahorias no son lo mío. Además, estoy muy ocupada preparando mi fiesta de cumpleaños. ¡Cumplo dos años!"
Benito pensó un momento. "Dos años… ¡dos zanahorias! Podría ser…" Pero no quería acusar a Rita sin pruebas.
Siguió buscando pistas. Cerca de la madriguera de Rita, encontró unas plumas pequeñas y brillantes. "¡Plumas!" exclamó. "Esto cambia todo. ¿Quién tiene plumas en el huerto?"
Recordó a la gallina Clotilde, que vivía en un gallinero cerca del huerto. Clotilde era una gallina muy presumida, con plumas de colores y un cacareo muy fuerte. Benito fue a visitarla.
"¡Clotilde, Clotilde!" llamó Benito. Clotilde salió del gallinero, moviendo sus plumas con elegancia. "¡Hola, Benito! ¿Qué quieres? Estoy muy ocupada poniendo huevos."
"He notado que me faltan dos zanahorias", dijo Benito. "He encontrado unas plumas cerca de donde estaban. ¿Sabes algo al respecto?"
Clotilde cacareó nerviosamente. "¡Yo no! Me encantan los granos, pero las zanahorias no son lo mío. Además, estoy muy ocupada poniendo huevos. ¡Necesito dos huevos más para completar mi docena!"
Benito pensó un momento. "Dos huevos… dos zanahorias… ¡Ya veo!" Pero aún necesitaba más pruebas.
Finalmente, revisando entre las hojas de lechuga, encontró… ¡un caracol! Era un caracol pequeño y lento, llamado Carlos. Carlos era muy tímido y le encantaban las hojas verdes y jugosas.
"¡Carlos, Carlos!" llamó Benito suavemente. Carlos asomó sus antenas con timidez. "¡Hola, Benito! ¿Qué ocurre?"
"He notado que me faltan dos zanahorias", dijo Benito. "He encontrado algunas huellas y plumas, pero también... ¡un caracol! ¿Sabes algo al respecto?"
Carlos se puso rojo (si es que los caracoles pueden ponerse rojos). "¡Oh, Benito! Lo siento mucho. Es que… yo… tenía mucha hambre. Y vi las zanahorias… y… me comí dos."
Benito sonrió. "¡Ya veo! No te preocupes, Carlos. Todos tenemos hambre a veces. Pero la próxima vez, ¡pídeme! Compartiré mis zanahorias contigo."
Benito regresó a su casa con las dos zanahorias que quedaban. Pensó en Rita, que cumplía dos años; en Clotilde, que necesitaba dos huevos más; y en Carlos, que tenía mucha hambre y se había comido dos zanahorias. "¡Dos más dos!" exclamó Benito. "¡Es un número mágico!"
Al día siguiente, Benito reunió cuatro zanahorias más y fue a visitar a sus amigos. Le dio dos zanahorias a Rita para su fiesta de cumpleaños, dos zanahorias a Clotilde para que pusiera huevos más grandes, y le dejó dos zanahorias a Carlos cerca de su lechuga favorita. Todos estaban muy contentos y agradecidos.
Benito aprendió que compartir es mucho más divertido que tener todas las zanahorias para él solo. Y que a veces, ¡dos más dos pueden ser mucho más que cuatro! Pueden ser amistad, alegría y un huerto lleno de amigos felices.
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