Cuento corto para niños

El Adiós de Avelina y el Abrazo de la Esperanza

Avelina, una campesina amada, fallece dejando a su esposo Florentino y a su hijo Juvenal en un profundo dolor. Florentino lucha con la pérdida, pero encuentra consuelo en el amor de su hijo y el apoyo de su comunidad, quienes realizan rituales tradicionales para honrar a Avelina y ayudar a su alma a descansar en paz.

A partir de: — PICHQA — El dolor funesto, el sufrimiento, la angustia había comenzado, el trote agonizante de la vida a la muerte partió la tarde de ayer, tal vez sería la última que, con tanto frenesí de seguir en vida, se aferraba con todas sus fuerzas desde sus entrañas sin cesar. Avelina, campesina, hermosa como los retamales y los sunchos florecía, odorífera como el aroma a las waytitas del campo; de pronto en el mes de agosto, ese martes, un día que tanto recuerdo fue topado por el mal aliento de la noche. Hoy, Avelina, agonizó, tembló y se fue su habla, su mirada desfallecía que, hasta sus ojos, sus pupilas se nublaron como muestra de tanto sufrimiento, su semblante afligido en lágrimas se enfriaba mostrando el profundo temor que emprendería, su viaje sin retorno. Los familiares lo acompañaban, Florentino, joven de treinta años, su esposo que siempre cuido de su amada sin desfallecer se resignaba a cada respiro, ya que su corazón le punzaba con más dolor y su mente se desconsolaba con sus pensamientos sin respuestas y sin sentido de ser humano, atinó trágicamente y asintió en sus brazos a su hijito Juvenal de nueve años, a quien aferró más a su pecho como sintiendo el valor de la vida junto a él. El sol se tornaba crepuscular, en casa del adiós, el despido entre llantos, gemidos, sufrimientos a mares. Así el cielo enlutó el hogar, y el catre sostenía a la víctima. Se dio paso al ayawayra recorrer todo el vecindario. Dobló las campanas del barrio de Ccollana, ese sonido que te desbastaba el corazón y te partía el alma sin descripción. El aire del recuerdo recogió sus pasos del pueblo y emprendió su caminata Avelina. — Warmillay ¡ay!, ¡ay!, ¡ay! kuyakusqay, wayllukusqay, saqiwanquichu ¡Avelina, Avelinaschay! gloriayquipin yuyawanqui wakcha wawayquin kachkanraq llapan sonqonwan kuyakusunqui. — Amaña waqaichu Florentino, susigakuyña… — Manan atinichu, kay sonqoymi anchata nakarichkan… — enfatizo Florentino —, pobre hombre lloró, lloró a mares. Dobló la campana de Chaupi; y en la casita el luto se aunaba con el dolor, las mamallas de negro entero, cuyas manos quemadas por el frio sostenía un ramo de cartuchos blancos en señal de paz por el alma de Avelina; el último adiós a su casa en medio de tanto dolor, y gritos desesperados de esta pérdida, el ataúd en medio de amigos, amigas y la gente del pueblo. Los cánticos en las esquinas desesperaban junto a los lloriqueos y las lágrimas que se escurría sobre las mejillas de Florentino. Por delante del cajón, de la cinta labrada negra cogía los familiares. El dolor humano, yaga del calvario sin remedio. El pueblo en dolor las penas del alma en dolencia; luto total; los sombreros inclinados a la hora de sentar el cajón en la fosa. Los claveles, y las flores brillaron en la caja oscura, Avelina descansaba en eterna paz. — Ripukun chaqay pasapun, hay vidallay, chaynallach kachkanqa. Avelina, Avelinaschay yuyapakamunkin, ñuqa qusaykin imallapiraq rikukuykuni, ay vida mía, suerte maldita, manapas atisaqchu — se sintió más intenso su dolor y lloró de rodillas recogiendo la tierra en su puño, como si sintiera culpa o pecado de lo que estaba pasando. — Qasillallay amaña llakikuychu, taytachawanñan kachckan — pronuncio Santos, hermano mayor de Avelina quien sostuvo en brazos a Florentino — dándole valor y fortaleza le volvió en sí. Los comuneros volvieron a casa, oraron, brindaron y acompañaron a los familiares. Florentino, triste, acongojado, recordaba a su querida mujer, lloraba, en soledad… Al tercer día, volvió él a delirar. — Qamuy niwachkanmi, qaku, ripusun iskayninchik, ruygakuwanmy kuyakuykin Florentino kasuway, waqapakun Avelinaschay — se escuchó entrecortado a Florentino. — Risaq, risaqmi, nispa atipakun — Florentino maytan rinki, yuyapakuy kaypin kachkanchikraq, amaya chayna kaychu. Ya por el cuarto día… Florentino volvió a sentir la presencia de su esposa — rikuchkanin waqay, ¡way! ruyaq viluyuq, waqay, qawamuachkan — diqawaychik, risaq warmiypaman, ripusaq paywan. — se empecino con más razón —. Se fue deprisa, a momentos trotaba y daba brincos grandes como alcanzar a alguien, seguía y seguía, los comuneros lo perseguían a cierta distancia y al llegar a Cruz wayqo (Cruzpata), se sentó muy cansado de tanto llorar. En ese momento corrió Juvenal: Taytay, taytallay rikchariy ñuqaraqmi kaypi kachkani, ama riychu, ama saqiwaychu taytay. El llanto se apoderaba de su ser como la mirada helada de wanahueqe en invierno. El hombre triste abrazó con fuerza a su hijo, quien le mostraba refugio y ánimos de lucha. Volvió la mirada a los suyos, se incorporó y emprendió su retornó. El pueblo lo tomó en brazos y volvieron. Al quinto día… Los hombres que hicieron la fosa en el cementerio, se pusieron a lavar y enjuagar las prendas de vestir y objetos que más utilizaba Avelina en casa, sus walis, llikllas, frazadas, loqos, entre otros muy personales, para ellos era cosa de rutina en esos trances. A la media mañana del día ya secaban las prendas en la pirka de cruz wayqo esperaban al señor viudo. Al pasado en medio día, ya al atardecer comenzó la ¡pichqa! debajo de la piedra, machaychapi, hicieron un pequeño altar con la llamita, conjuro del alma de la difunta, prendieron velas, brindando, tinkando y haciendo oraciones repetidamente prendieron fuego sobre las canastas y llicllas, frazadas, sombreros, ponchos, platos, y también los alimentos: maíz, quinua, haba, cebada y otros. Don Pancho aclamó: kunan pichqa punchautan tardiyachkanchik, chay wañukuq tayatachapa ladumpiñan kachkan, wañukunñan, almampas trankiluñan kachkan, amen. Volvieron…. El tiempo pasó, el hombre falleció y el hijo se casó.

Empezar a leerPublicado el 14/04/2026

Escuchá este cuento

Gratis · elegí una voz
0:000:00

El dolor funesto, el sufrimiento, la angustia había comenzado, el trote agonizante de la vida a la muerte partió la tarde de ayer, tal vez sería la última que, con tanto frenesí de seguir en vida, se aferraba con todas sus fuerzas desde sus entrañas sin cesar.

Avelina, campesina, hermosa como los retamales y los sunchos florecía, odorífera como el aroma a las waytitas del campo; de pronto en el mes de agosto, ese martes, un día que tanto recuerdo fue topado por el mal aliento de la noche.

Hoy, Avelina, agonizó, tembló y se fue su habla, su mirada desfallecía que, hasta sus ojos, sus pupilas se nublaron como muestra de tanto sufrimiento, su semblante afligido en lágrimas se enfriaba mostrando el profundo temor que emprendería, su viaje sin retorno.

Los familiares lo acompañaban, Florentino, joven de treinta años, su esposo que siempre cuido de su amada sin desfallecer se resignaba a cada respiro, ya que su corazón le punzaba con más dolor y su mente se desconsolaba con sus pensamientos sin respuestas y sin sentido de ser humano, atinó trágicamente y asintió en sus brazos a su hijito Juvenal de nueve años, a quien aferró más a su pecho como sintiendo el valor de la vida junto a él.

El sol se tornaba crepuscular, en casa del adiós, el despido entre llantos, gemidos, sufrimientos a mares. Así el cielo enlutó el hogar, y el catre sostenía a la víctima. Se dio paso al ayawayra recorrer todo el vecindario.

Dobló las campanas del barrio de Ccollana, ese sonido que te desbastaba el corazón y te partía el alma sin descripción. El aire del recuerdo recogió sus pasos del pueblo y emprendió su caminata Avelina.

— Warmillay ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!

kuyakusqay, wayllukusqay, saqiwanquichu

¡Avelina, Avelinaschay!

gloriayquipin yuyawanqui

wakcha wawayquin kachkanraq

llapan sonqonwan kuyakusunqui.

— Amaña waqaichu Florentino, susigakuyña…

— Manan atinichu, kay sonqoymi anchata nakarichkan… — enfatizo Florentino —, pobre hombre lloró, lloró a mares.

Dobló la campana de Chaupi; y en la casita el luto se aunaba con el dolor, las mamallas de negro entero, cuyas manos quemadas por el frio sostenía un ramo de cartuchos blancos en señal de paz por el alma de Avelina; el último adiós a su casa en medio de tanto dolor, y gritos desesperados de esta pérdida, el ataúd en medio de amigos, amigas y la gente del pueblo. Los cánticos en las esquinas desesperaban junto a los lloriqueos y las lágrimas que se escurría sobre las mejillas de Florentino. Por delante del cajón, de la cinta labrada negra cogía los familiares. El dolor humano, yaga del calvario sin remedio. El pueblo en dolor las penas del alma en dolencia; luto total; los sombreros inclinados a la hora de sentar el cajón en la fosa.

Los claveles, y las flores brillaron en la caja oscura, Avelina descansaba en eterna paz.

— Ripukun chaqay pasapun, hay vidallay, chaynallach kachkanqa.

Avelina, Avelinaschay yuyapakamunkin, ñuqa qusaykin imallapiraq rikukuykuni, ay vida mía, suerte maldita, manapas atisaqchu — se sintió más intenso su dolor y lloró de rodillas recogiendo la tierra en su puño, como si sintiera culpa o pecado de lo que estaba pasando.

— Qasillallay amaña llakikuychu, taytachawanñan kachckan — pronuncio Santos, hermano mayor de Avelina quien sostuvo en brazos a Florentino — dándole valor y fortaleza le volvió en sí.

Los comuneros volvieron a casa, oraron, brindaron y acompañaron a los familiares.

Florentino, triste, acongojado, recordaba a su querida mujer, lloraba, en soledad…

Al tercer día, volvió él a delirar.

— Qamuy niwachkanmi, qaku, ripusun iskayninchik, ruygakuwanmy kuyakuykin Florentino kasuway, waqapakun Avelinaschay — se escuchó entrecortado a Florentino.

— Risaq, risaqmi, nispa atipakun — Florentino maytan rinki, yuyapakuy kaypin kachkanchikraq, amaya chayna kaychu.

Ya por el cuarto día…

Florentino volvió a sentir la presencia de su esposa — rikuchkanin waqay, ¡way! ruyaq viluyuq, waqay, qawamuachkan — diqawaychik, risaq warmiypaman, ripusaq paywan. — se empecino con más razón —.

Se fue deprisa, a momentos trotaba y daba brincos grandes como alcanzar a alguien, seguía y seguía, los comuneros lo perseguían a cierta distancia y al llegar a Cruz wayqo (Cruzpata), se sentó muy cansado de tanto llorar. En ese momento corrió Juvenal: Taytay, taytallay rikchariy ñuqaraqmi kaypi kachkani, ama riychu, ama saqiwaychu taytay. El llanto se apoderaba de su ser como la mirada helada de wanahueqe en invierno.

El hombre triste abrazó con fuerza a su hijo, quien le mostraba refugio y ánimos de lucha. Volvió la mirada a los suyos, se incorporó y emprendió su retornó. El pueblo lo tomó en brazos y volvieron.

Al quinto día…

Los hombres que hicieron la fosa en el cementerio, se pusieron a lavar y enjuagar las prendas de vestir y objetos que más utilizaba Avelina en casa, sus walis, llikllas, frazadas, loqos, entre otros muy personales, para ellos era cosa de rutina en esos trances. A la media mañana del día ya secaban las prendas en la pirka de cruz wayqo esperaban al señor viudo. Al pasado en medio día, ya al atardecer comenzó la ¡pichqa! debajo de la piedra, machaychapi, hicieron un pequeño altar con la llamita, conjuro del alma de la difunta, prendieron velas, brindando, tinkando y haciendo oraciones repetidamente prendieron fuego sobre las canastas y llicllas, frazadas, sombreros, ponchos, platos, y también los alimentos: maíz, quinua, haba, cebada y otros.

Don Pancho aclamó: kunan pichqa punchautan tardiyachkanchik,

chay wañukuq tayatachapa ladumpiñan kachkan, wañukunñan, almampas trankiluñan kachkan, amen.

Volvieron….

El tiempo pasó, el hombre falleció y el hijo se casó.

¿Te gustó el cuento?

Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.

El cuento de la semana

Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.

Continúa el cuento

¿Qué pasa después?

Escribe una idea y creamos el siguiente episodio. Gratis.

Opcional · 0/300

Herramientas del Cuento

Tu hijo es el héroe

Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista

Descargar como PDF

Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir

Gratis

Diploma de lectura

Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.

Gratis

Regalar este cuento

Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.

Gratis

Insertar en tu blog o aula virtual

Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.

Gratis

Agregar preguntas de comprensión

Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario

Crear quiz de comprensión lectora

Preguntas de opción múltiple sobre este cuento

Crear página para colorear e imprimir

Dibujo en blanco y negro listo para el aula

Traducir cuento

Traducir a otro idioma preservando el estilo

Editar cuento

Modificar la historia con instrucciones específicas

Reescribir para niños más pequeños

Vocabulario más simple, oraciones más cortas

Reescribir para niños más grandes

Vocabulario más rico, mayor complejidad

Regenerar ilustraciones

Mantener el texto, generar nuevas imágenes

Publicado el 14/04/2026

Crear mi Cuentito

¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!

Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.

Crear mi Cuentito

Cuentitos que también podrían gustarte

La aventura de los pingüinos

La aventura de los pingüinos

Una familia visita el zoológico y descubre a un pingüino triste. Deciden hacerle compañía y, como agradecimiento, reciben una experiencia única en el zoológico. La lección aprendida: ser amables y ayudar a los demás puede marcar la diferencia.

14 abr 20262.2K14🇪🇸 ES
Leer cuento
La Carrera de Dos Estrellitas

La Carrera de Dos Estrellitas

Sury y Ela, dos primas que esperan con ansias su llegada al mundo, se embarcan en una divertida carrera para ver quién nacerá primero. Sin embargo, cuando la competición se torna más relevante que la conexión entre ellas, aprenden que la verdadera victoria radica en la amistad y la unión.

14 abr 20262.0K12🇪🇸 ES
Leer cuento
Héroes de la Naturaleza

Héroes de la Naturaleza

Tres hermanos aprenden la importancia de cuidar el medio ambiente al salvar a un pájaro y un zorro, convirtiéndose en héroes locales.

14 abr 20262.2K8🇪🇸 ES
Leer cuento
El Bosque de la Armonía

El Bosque de la Armonía

En el Bosque Encantado, las familias Plantita, Animalitos y Personitas aprenden la importancia de la unión y el respeto mutuo.

14 abr 20261.5K4🇪🇸 ES
Leer cuento
El Tesoro de la Aventura Natural

El Tesoro de la Aventura Natural

Ernesto, un elefante aventurero, encuentra una caja misteriosa que resulta ser un mapa del tesoro. Con la ayuda de su familia, emprenden una búsqueda que los lleva a descubrir el verdadero tesoro: la belleza de la naturaleza y los momentos especiales juntos.

14 abr 20261.5K2🇪🇸 ES
Leer cuento
Tatu, el arquero campeón

Tatu, el arquero campeón

Tatu, un campesino de la provincia de Buenos Aires, se convierte en un jugador profesional gracias a su talento como arquero y el apoyo de sus primas.

14 abr 20266912🇪🇸 ES
Leer cuento
Miguelito y los Torniquetitos Perdidos

Miguelito y los Torniquetitos Perdidos

Miguelito, un robot que ama jugar con tornillitos, pierde uno de sus favoritos. Atrapado en su ansiedad, pierde otro tornillo. Su padre le enseña sobre la importancia de tomarse su tiempo y trabajar juntos en la búsqueda. Juntos, descubren que las cosas perdidas pueden llevarte a lugares inesperados y valiosos, mientras crean juntos un mundo lleno de imaginación.

14 abr 20267342🇪🇸 ES
Leer cuento
Mujeres valientes en el Gimnasio Comercial Los Andes

Mujeres valientes en el Gimnasio Comercial Los Andes

En el Gimnasio Comercial Los Andes, la señorita Laura enseña a los niños sobre mujeres valientes en vísperas del 8 de marzo.

14 abr 20267942🇪🇸 ES
Leer cuento
Tito, el perro guardián

Tito, el perro guardián

Tito, el perro perezoso, descubre la importancia de estar alerta y proteger a su familia cuando defiende su hogar de los amigos traviesos de su dueño.

14 abr 20268812🇪🇸 ES
Leer cuento