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Gratis · elegí una vozAurora era una ardilla muy curiosa, con un pelaje suave color canela y una cola tan esponjosa que parecía una nube. Vivía en un gran roble en el parque, donde pasaba sus días recolectando nueces y jugando con sus amigos, los pájaros cantores. Pero Aurora tenía un problema: ¡detestaba su almuerzo! Su mamá, la Señora Ardilla, siempre le preparaba sándwiches de hojas verdes y bayas, que Aurora encontraba aburridísimos.
Un día soleado, mientras la Señora Ardilla preparaba el almuerzo, Aurora suspiró profundamente. "¡Ojalá pudiera comer algo diferente!", exclamó. La Señora Ardilla, que siempre escuchaba a su hija, le sonrió. "Bueno, Aurora", dijo, "¿por qué no intentas encontrar tu propio almuerzo hoy? Pero ten cuidado y no te alejes demasiado del roble."
Los ojos de Aurora se iluminaron. ¡Un almuerzo aventurero! Recogió su pequeña cesta de mimbre y saltó del roble, dispuesta a encontrar el almuerzo más delicioso del mundo. Primero, se encontró con una mariposa monarca revoloteando alrededor de unas flores de colores brillantes. "¡Hola, Mariposa!", saludó Aurora. "¿Sabes dónde puedo encontrar algo rico para almorzar?"
La mariposa agitó sus alas. "He oído que las abejas tienen la miel más dulce en su colmena, al otro lado del parque", respondió. "Pero ten cuidado, ¡son muy protectoras de su miel!"
Aurora, decidida, siguió las indicaciones de la mariposa. Llegó a un campo lleno de flores silvestres, donde zumbaban las abejas. Se acercó sigilosamente a la colmena, con la esperanza de probar un poco de miel. Pero ¡ay!, una abeja la vio y comenzó a zumbar furiosamente. Aurora salió corriendo, con la abeja persiguiéndola. ¡La miel tendría que esperar!
Cansada y un poco desanimada, Aurora se sentó bajo un manzano. De repente, una manzana roja y jugosa cayó del árbol justo frente a ella. "¡Qué suerte!", pensó Aurora. Mordió la manzana con entusiasmo, pero no le gustó mucho. Era demasiado ácida para su gusto.
Mientras masticaba la manzana, vio a un grupo de hormigas cargando migas de pan gigantes. "¡Hola, Hormigas!", gritó Aurora. "¿De dónde sacaron esas migas de pan?"
Las hormigas se detuvieron un momento. "Un niño dejó caer su sándwich en el banco del parque", explicaron. "Estamos llevándolo a nuestro hormiguero para compartirlo con todos."
Aurora siguió a las hormigas hasta el banco del parque y vio el sándwich abandonado. Era un sándwich de crema de cacahuate y jalea, algo que nunca había probado. Con un poco de timidez, le preguntó a las hormigas si podía probar un poco. Las hormigas, generosas, le ofrecieron una pequeña miga.
Aurora probó la miga de sándwich y sus ojos se abrieron de par en par. ¡Era delicioso! La crema de cacahuate era dulce y salada, y la jalea le daba un toque afrutado. ¡Era el almuerzo perfecto! Pero, por supuesto, Aurora sabía que no podía comerse el sándwich del niño. Era importante respetar las cosas de los demás.
De repente, sintió un fuerte viento. El sándwich se levantó del banco y comenzó a volar por el parque. Aurora, sorprendida, lo persiguió saltando de árbol en árbol. El viento era muy fuerte y el sándwich volaba cada vez más alto.
Finalmente, el sándwich aterrizó en la rama más alta del roble donde vivía Aurora. Justo en frente de la Señora Ardilla. La Señora Ardilla, asombrada, miró el sándwich y luego a Aurora, que llegaba sin aliento.
"¡Mamá, mira! ¡Encontré un sándwich volador!", exclamó Aurora. La Señora Ardilla sonrió. "Parece delicioso, Aurora. Pero ¿de dónde lo sacaste?"
Aurora le contó a su mamá toda su aventura: la mariposa, las abejas, la manzana ácida y las hormigas. Le explicó cómo había encontrado el sándwich de crema de cacahuate y jalea, y cómo el viento se lo había llevado.
La Señora Ardilla escuchó atentamente y luego dijo: "Aurora, has tenido un día muy aventurero. Y aunque este sándwich no es nuestro, podemos aprender algo de él. A veces, las cosas más deliciosas no son las que esperamos. Y también es importante respetar lo que no nos pertenece."
La Señora Ardilla tomó el sándwich y lo bajó con cuidado del árbol. Lo llevó al banco del parque, esperando que el niño regresara por él. Luego, regresó al roble con Aurora.
Esa noche, la Señora Ardilla le preparó a Aurora un sándwich especial: un sándwich de hojas verdes, bayas y… ¡un poquito de crema de cacahuate! Aurora probó el sándwich y sonrió. ¡Era el mejor almuerzo que había probado en su vida! Había aprendido que, a veces, lo que necesitas está más cerca de lo que crees, y que incluso las cosas que no te gustan pueden ser deliciosas si las pruebas con una mente abierta. Y, lo más importante, había aprendido el valor de la honestidad y el respeto.
Desde ese día, Aurora siguió siendo una ardilla curiosa y aventurera, pero también una ardilla agradecida y respetuosa. Y, de vez en cuando, la Señora Ardilla le preparaba un sándwich volador especial, para recordarle la aventura del almuerzo que cambió su vida.
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