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Gratis · elegí una vozEra una noche oscura y tormentosa. Relámpagos iluminaban la Escuela Primaria "Las Mariposas", haciendo que las sombras de los árboles danzaran como fantasmas. Dentro, en la clase de biología, solo estaba Lucía, una niña de diez años con coletas castañas y gafas redondas. Había olvidado su proyecto: ¡un modelo de una célula gigante!
Lucía suspiró. "Tendré que hacerlo ahora," murmuró, abriendo su mochila. Sacó plastilina de colores, limpiapipas y un montón de pegamento brillante. La clase de biología siempre le había parecido un poco espeluznante. El esqueleto en la esquina, al que llamaban Don Huesitos, parecía mirarla con sus cuencas vacías. Los frascos con especímenes conservados en formol le daban escalofríos.
De repente, escuchó un ruido. Un rasguño suave, como si algo se arrastrara. Lucía se quedó paralizada. "¿Hola?" preguntó, con la voz temblorosa. El único sonido fue el golpear de la lluvia contra las ventanas.
Decidió ignorarlo y concentrarse en su célula. Estaba a punto de pegar una mitocondria de color naranja cuando… ¡PLAF! La luz parpadeó y se apagó. La clase quedó sumida en la oscuridad.
Lucía gritó. A tientas, buscó su linterna en la mochila. Por fin, la encontró y la encendió. Un rayo de luz temblorosa iluminó la clase. Don Huesitos parecía más siniestro que nunca.
Y entonces lo vio.
En una mesa, cerca de los frascos de especímenes, había algo… ¡algo moviéndose! Era una criatura pequeña, verde y gelatinosa, con grandes ojos saltones y una sonrisa traviesa. Tenía ventosas en sus pequeños brazos y dejaba un rastro brillante de baba.
Lucía se quedó sin aliento. ¿Qué era eso? ¿Un monstruo? ¿Un extraterrestre? ¿Una gomita gigante que había cobrado vida?
La criatura saltó de la mesa y se acercó a Lucía, moviendo sus brazos con entusiasmo. "¡Glu, glu!" dijo, con una voz sorprendentemente aguda.
Lucía se armó de valor. "¿Quién… quién eres tú?" preguntó.
"¡Glu, glu! ¡Soy Blobby! ¡Escapé del frasco!" Blobby señaló un frasco vacío en la mesa.
Lucía entendió. Blobby era uno de los especímenes, ¡un organismo unicelular gigante que la profesora había traído para estudiarlo!
Blobby saltó sobre la mesa y miró el proyecto de Lucía. "¡Glu! ¡Célula! ¡Bonita!" Blobby extendió una ventosa y tocó una de las mitocondrias de plastilina.
Lucía sonrió. Blobby no era un monstruo, ¡era solo un organismo curioso! "¿Te gusta?" preguntó.
"¡Glu, glu! ¡Me gusta mucho! ¿Puedo ayudar?"
Y así, Lucía y Blobby trabajaron juntos en el proyecto de la célula. Blobby, con su baba brillante, ayudó a pegar las partes de la célula. Lucía, con su conocimiento de biología, le explicó a Blobby qué era cada cosa. Don Huesitos parecía incluso sonreír desde su esquina, iluminado por la luz de la linterna.
Mientras trabajaban, Lucía descubrió que Blobby era muy divertido. Contaba chistes de bacterias (¡muy malos!) y le encantaba bailar al ritmo del golpear de la lluvia. Lucía nunca se había reído tanto en la clase de biología.
Cuando terminaron el proyecto, la célula era magnífica. ¡Brillaba con el pegamento de Lucía y la baba de Blobby!
De repente, escucharon el sonido de llaves en la puerta. Era la profesora de biología, la Señora Pérez, con un paraguas y una expresión de preocupación. "Lucía, ¿qué haces aquí tan tarde? Estaba preocupada…" La Señora Pérez se detuvo al ver a Blobby. Sus ojos se abrieron como platos.
"¡Blobby! ¡Te escapaste!" La Señora Pérez suspiró. "Lucía, Blobby es un Euglena Gigante, un organismo unicelular que estamos estudiando. Es inofensivo, pero no debería estar fuera de su frasco."
Lucía explicó que Blobby le había ayudado con el proyecto. La Señora Pérez sonrió. "Bueno, parece que Blobby tiene talento para la biología. Pero ahora, Blobby, tienes que volver a tu frasco."
Blobby, aunque un poco triste, obedeció. Antes de volver al frasco, le dio a Lucía un abrazo baboso. "¡Glu, glu! ¡Adiós, amiga!"
Lucía se despidió de Blobby y prometió visitarlo al día siguiente. La Señora Pérez llevó a Lucía a casa, asegurándose de que estuviera sana y salva.
Al día siguiente, Lucía llevó a Blobby una pequeña flor. Blobby la miró con cariño desde su frasco. Lucía sabía que, aunque su amor era un poco… monstruoso, era un amor verdadero y especial. La clase de biología nunca volvería a ser la misma.
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