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Gratis · elegí una vozEra una noche oscura. La lluvia caía a cántaros sobre la carretera. Las gotas gordas y brillantes golpeaban el parabrisas del camión de Don Ramón como pequeñas canicas furiosas. Don Ramón, un camionero bonachón con una barba blanca como la nieve y una gorra roja desgastada, tarareaba una melodía mientras conducía. Su camión, un Volvo FH clásico llamado "El Relámpago," era su fiel compañero.
"¡Vaya noche!" pensó Don Ramón, apretando el volante. "Menos mal que llevo mi termo de chocolate caliente."
De repente, escuchó un pequeño sollozo. Al principio pensó que era el viento, pero el sollozo se repitió, más fuerte esta vez. Don Ramón frenó El Relámpago con cuidado y miró a su alrededor.
En la cuneta, bajo un gran charco que parecía un pequeño lago, vio algo que brillaba. Era una pequeña luciérnaga, empapada y temblorosa. Sus alitas estaban pegadas al cuerpo y su luz apenas parpadeaba.
"¡Oh, pobrecita!" exclamó Don Ramón. Abrió la puerta del camión y con mucho cuidado recogió a la luciérnaga. La llevó dentro de la cabina, donde el calor del motor la reconfortó al instante.
"¿Qué te ha pasado, pequeña?" le preguntó Don Ramón suavemente. La luciérnaga, con un hilo de voz, respondió: "Me llamo Lila. Estaba volando con mis amigas cuando una ráfaga de viento me arrastró lejos. Caí en este charco y no puedo volar."
Don Ramón sintió pena por Lila. "No te preocupes, Lila. Te ayudaré," le dijo. Sacó un pañuelo de papel de su guantera y secó con cuidado las alitas de Lila. Luego, la colocó sobre el tablero, cerca de la salida de aire caliente.
Mientras Lila se calentaba y secaba sus alitas, Don Ramón continuó su camino. La lluvia seguía cayendo, pero ahora la melodía que tarareaba era más alegre. Lila, poco a poco, comenzó a recuperar su brillo.
"Gracias, Don Ramón," dijo Lila. "No sé qué habría hecho sin ti."
"No hay de qué, pequeña," respondió Don Ramón. "Todos necesitamos una mano de vez en cuando, especialmente en una noche como esta."
De repente, El Relámpago comenzó a toser y a perder velocidad. Don Ramón intentó acelerar, pero el motor seguía fallando. Finalmente, el camión se detuvo por completo en medio de la carretera.
"¡Oh, no!" exclamó Don Ramón. "Parece que el motor se ha rendido."
La lluvia seguía cayendo y la oscuridad era profunda. Don Ramón encendió las luces de emergencia y se preparó para pasar la noche en el camión. Lila, que ya se había recuperado por completo, se sentía culpable.
"Don Ramón, yo puedo ayudar," dijo Lila. "Puedo volar y buscar ayuda."
Don Ramón dudó. "Es peligroso ahí fuera, Lila. Además, eres muy pequeña."
"Pero tengo mi luz," insistió Lila. "Puedo guiar a alguien hasta aquí."
Don Ramón, viendo la determinación en los ojos de Lila, aceptó. Abrió la puerta del camión y Lila salió volando hacia la oscuridad. Su pequeña luz brillaba como una estrella en la noche.
Lila voló durante mucho tiempo, desafiando la lluvia y el viento. Finalmente, vio a lo lejos las luces de una gasolinera. Voló hacia allí y comenzó a revolotear alrededor de un hombre que estaba llenando el tanque de su coche.
El hombre, al ver la luciérnaga, se sorprendió. "¿Qué hace una luciérnaga volando en esta tormenta?" se preguntó. Lila, con todas sus fuerzas, voló en dirección a la carretera, esperando que el hombre la siguiera.
El hombre, intrigado, decidió seguir a la luciérnaga. Condujo su coche lentamente por la carretera, guiado por la pequeña luz de Lila. Después de un rato, vio las luces de emergencia de El Relámpago.
El hombre era un mecánico llamado Juan. Rápidamente examinó el motor del camión y descubrió que un cable se había soltado. En pocos minutos, Juan reparó el cable y El Relámpago volvió a rugir.
Don Ramón estaba muy agradecido. "¡Muchas gracias, Juan!" exclamó. "¡Me has salvado la vida!"
"No hay de qué," respondió Juan. "Pero debo agradecer a esta pequeña luciérnaga. Ella me guió hasta aquí."
Don Ramón sonrió y miró a Lila, que brillaba con orgullo. "Ella es Lila, mi pequeña heroína," dijo.
Don Ramón invitó a Juan a tomar un chocolate caliente en su camión y luego, juntos, continuaron su camino. Lila volaba alegremente alrededor de El Relámpago, iluminando el camino. La lluvia, aunque seguía cayendo, ya no parecía tan amenazante. Don Ramón aprendió esa noche que incluso la criatura más pequeña puede hacer una gran diferencia, y que la amistad puede encontrarse en los lugares más inesperados. Y Lila, la luciérnaga, aprendió que incluso en la noche más oscura, siempre hay una luz que puede guiarte a casa.
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